domingo, 30 de octubre de 2022

TEXTIL, el problema no son las empresas, es el gobierno:

 

En declaraciones recientes, el ministro de economía Sergio Massa amenazaba literalmente a las empresas textiles con la posibilidad de “abrir la importación” y quitar algunos “beneficios fiscales” si no moderan los aumentos de precios de la vestimenta.

Piensen por un momento la cantidad de disparates en tan pocas palabras. Primero, el ministro reconoce el efecto beneficioso de los precios del comercio global reconoce que abrir el comercio es bueno para los precios, pero, por ideología, prefiere dañar a los consumidores antes que cambiar el modelo extractivo y confiscatorio.

Para Massa es mejor tener a los empresarios locales rehenes. Los empresarios textiles estarían encantados de poder competir en igualdad de condiciones y exportar sus productos sin que les roben sus dólares con tipos de cambio falsos, estarían encantados de que la moda argentina fuera conocida en el mundo en vez de estar ahogados por unos gobiernos que les impiden crecer y a la vez les impiden respirar.  

Es todavía más increíble que el ministro piense que los empresarios textiles -o cualquiera en Argentina- disfruta de “beneficios fiscales” cuando los hunden con el impuesto inflacionario con una moneda que nadie en el mundo acepta como reserva de valor y medio de transacción y con la fiscalidad más agresiva de la OCDE.

En el último informe de la 1841 Foundation de “infiernos fiscales” Argentina aparece en el puesto número tres del mundo.

El Índice de infiernos fiscales es el primer paper de The 1841 Foundation y se ha desarrollado para resaltar aquellas jurisdicciones que tradicionalmente se consideran jurisdicciones con altos impuestos, junto con su incapacidad para brindar incluso servicios básicos a los ciudadanos a los que gravan. La combinación de impuestos punitivos y falta de calidad de vida es un indicador clave para la clasificación de cada jurisdicción.

Según el FMI Argentina tiene la cuña fiscal más elevada de Latinoamérica y en el caso de las pequeñas y medianas empresas ese nivel confiscatorio llega a acaparar la totalidad de las ganancias. La cuña fiscal es un indicador que trata de medir la incidencia del sistema tributario en un determinado valor. Es decir, la diferencia entre lo que desembolsa el consumidor y lo que recibe el productor, siendo esta diferencia propiedad del Estado vía impuestos.

Un empresario textil en Argentina debe sufrir el colapso anual del peso y el aumento de costos constante de los productos importados y además la amenaza del gobierno porque adapta los precios a un aumento de costos que no le permite ni siquiera cubrir sus necesidades de capital circulante.

Los impuestos suponen más de un 50% del precio de la ropa en Argentina y el empresario no llega a tener un margen del 8% si consigue vender todo lo que produce, algo muy difícil que eso ocurra.

El Estado es el gran problema en el precio del textil. Un informe de la Fundación Pro-Tejer señala que la mitad del precio de una prenda se distribuye en impuestos encadenados: IVA; a los Ingresos Brutos; Ganancias; a los Débitos y Créditos bancarios; Rentas provinciales; Seguridad e Higiene y otras tasas municipales. Se incluye, además, lo que recauda el Estado en aportes y contribuciones a la seguridad social.

Es importante entender que son impuestos encadenados que, además, benefician al Estado cuanto más suben los precios ya que son un porcentaje del precio de cada parte de la cadena. Es decir, el Estado recauda más cuanto más suben los precios por una cadena de tributos monetarios que, además, se unen al ruinoso impuesto inflacionario imprimiendo pesos sin control.

Para terminar estimados lectores, podemos afirmar que el problema de los precios textiles no son las empresas, es el gobierno.

Muchas gracias y hasta la próxima.


sábado, 1 de octubre de 2022

ARGENTINA: Un gobierno que ahoga y confisca a los productores agropecuarios.

 

Los gobiernos en Argentina han ido empeorando la situación económica del país al mantener una relación destructiva con los sectores productivos en especial el agropecuario.

La administración pública argentina parece tratar a los sectores más importantes de la producción como cajeros automáticos, lo podemos ver en el conflicto constante con el campo. Las últimas medidas con el “dólar soja” prueban que el gobierno solo mira a esta área clave de la economía con enorme interés para expropiar vía impuestos y tipos de cambio confiscatorios. Durante la vigencia del dólar diferencial exclusivo para el mundo sojero se ha destruido buena parte de la confianza, la suba sorpresiva de las tasas de interés para la financiación de los productores, obligando a vender parte de sus stocks de granos al no poder acceder a otra fuente de financiación y la reciente prohibición que se les ha impuesto a las sociedades que hayan optado por liquidar sus producciones a través del “dólar soja” para acceder a los dólares financieros. Cambiaron repentinamente una vez más las reglas del juego justo en el medio del camino. Estos son los daños que muchas veces terminan convirtiéndose en irreparables.

Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, el sector agropecuario representa cerca del 10 % del Producto Interno Bruto de Argentina y cerca del 60 % de las exportaciones. El gobierno debería reconocer el formidable valor añadido de este sector que, además, continúa invirtiendo a pesar del carácter confiscatorio de las medidas impositivas y cambiarias.

El 61,5% de lo producido por el agro son impuestos, según la misma Fundación. Peor es en soja, donde Argentina debe continuar siendo un referente global, el productor argentino entrega el 70% de la renta agrícola.

No solo es un problema de impuestos muy grave, sino que el Estado ahoga a los productores exportadores con un tipo de cambio intervenido y falaz.  Más del 70% de los costos del sector agropecuario están denominados en dólares en forma directa o indirectamente, sin embargo, cuando exportan les aplican un tipo de cambio falso, intervenido y depredador. Es decir, el Estado penaliza al sector agropecuario con una carga de casi el 90% sobre lo que vende, ya que el tipo de cambio intervenido es en realidad un impuesto a la exportación que en sí mismo es una aberración económica en un país que debería ser hoy, el granero del mundo y un centro global de atracción de inversiones para contrarrestar las dificultades de suministro ante la crisis de la invasión a Ucrania.

El gobierno debería tener una relación completamente distinta con el sector agropecuario y los exportadores en general. Se debería dejar de tratar al agro como un cajero automático de expolio fiscal y monetario y pensar que es el motor de inversión extranjera y progreso del país.

No es normal que la inversión caiga y que Argentina empeore global y nacionalmente cuando este sector debería tener la apertura económica y las reglas de juego claras para exportar con un tipo de cambio real.

Hoy Argentina está en un escenario muy preocupante con una inflación del 7% mensual, se debería estar pensando en los sectores exportadores como oportunidad de crecimiento, ya que es la única herramienta para salir de esta situación de crisis.

Cualquier plan económico, conjunto de medidas aisladas y hasta la conformación de expectativas sobre lo que viene en el futuro, deben tener como cimiento fundamental una de las cuestiones más esenciales de toda economía sana, reglas de juego claras. La seguridad jurídica, el respeto por las normas y la voluntad de brindar previsibilidad son los verdaderos impulsores de cualquier economía.

Es mucho más productivo y beneficioso para el país tener una fiscalidad orientada a atraer inversiones para crecer y exportar, sin embargo, se toma a los productores y exportadores como rehenes de un Estado sobredimensionado e ineficiente. Argentina tiene todos los ingredientes para ser un referente global en el sector agropecuario. El gobierno debe eliminar la política de confrontación y confiscación para pasar a una de atracción de inversión mundial y exportación abierta con un tipo de cambio real no intervenido.

Para terminar estimados lectores, se ingresan más dólares en el Banco Central dejando respirar y crecer a los sectores exportadores que ahogando y confiscando a los pocos que quedan y sobreviven.

Muchas gracias y hasta la próxima.