Los gobiernos en Argentina han ido empeorando la
situación económica del país al mantener una relación destructiva con los
sectores productivos en especial el agropecuario.
La administración pública argentina parece tratar a los sectores más
importantes de la producción como cajeros automáticos, lo podemos ver en el conflicto
constante con el campo. Las últimas medidas con el “dólar soja”
prueban que el gobierno solo mira a esta área clave de la economía con enorme interés
para expropiar vía impuestos y tipos de cambio confiscatorios. Durante la vigencia
del dólar diferencial exclusivo para el mundo sojero se ha destruido buena
parte de la confianza, la suba sorpresiva de las
tasas de interés para la financiación de los productores, obligando a
vender parte de sus stocks de granos al no poder acceder a otra fuente de
financiación y la reciente prohibición que se les ha impuesto a las
sociedades que hayan optado por liquidar sus producciones a través del “dólar
soja” para acceder a los dólares financieros. Cambiaron repentinamente
una vez más las reglas del juego justo en el medio del camino. Estos son los
daños que muchas veces terminan convirtiéndose en irreparables.
Según la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina, el sector
agropecuario representa cerca del 10 % del Producto Interno Bruto de Argentina
y cerca del 60 % de las exportaciones. El gobierno debería reconocer el
formidable valor añadido de este sector que, además, continúa invirtiendo a
pesar del carácter confiscatorio de las medidas impositivas y cambiarias.
El 61,5% de lo producido por el agro son impuestos, según la misma Fundación. Peor es en soja, donde Argentina debe
continuar siendo un referente global, el productor argentino entrega el 70%
de la renta agrícola.
No solo es un problema de impuestos muy grave, sino que el Estado ahoga
a los productores exportadores con un tipo de cambio intervenido y falaz.
Más del 70% de los costos del sector agropecuario están denominados en dólares
en forma directa o indirectamente, sin embargo, cuando exportan les aplican un
tipo de cambio falso, intervenido y depredador. Es decir, el Estado penaliza al
sector agropecuario con una carga de casi el 90% sobre lo que vende, ya que
el tipo de cambio intervenido es en realidad un impuesto a la exportación
que en sí mismo es una aberración económica en un país que debería ser hoy, el
granero del mundo y un centro global de atracción de inversiones para
contrarrestar las dificultades de suministro ante la crisis de la invasión a Ucrania.
El gobierno debería tener una relación completamente distinta con el
sector agropecuario y los exportadores en general. Se debería dejar de tratar
al agro como un cajero automático de expolio fiscal y monetario y pensar que
es el motor de inversión extranjera y progreso del país.
No es normal que la inversión caiga y que Argentina empeore global y
nacionalmente cuando este sector debería tener la apertura económica y las
reglas de juego claras para exportar con un tipo de cambio real.
Hoy Argentina está en un escenario muy preocupante con una inflación del
7% mensual, se debería estar pensando en los sectores exportadores como oportunidad
de crecimiento, ya que es la única herramienta para salir de esta situación
de crisis.
Cualquier plan económico, conjunto de medidas aisladas y hasta la
conformación de expectativas sobre lo que viene en el futuro, deben tener como
cimiento fundamental una de las cuestiones más esenciales de toda economía sana,
reglas de juego claras. La seguridad jurídica, el respeto por las
normas y la voluntad de brindar previsibilidad son los verdaderos impulsores de
cualquier economía.
Es mucho más productivo y beneficioso para el país tener una fiscalidad
orientada a atraer inversiones para crecer y exportar, sin embargo, se toma a
los productores y exportadores como rehenes de un Estado sobredimensionado e
ineficiente. Argentina tiene todos los ingredientes para ser un referente
global en el sector agropecuario. El gobierno debe eliminar la política de
confrontación y confiscación para pasar a una de atracción de inversión mundial
y exportación abierta con un tipo de cambio real no intervenido.
Para terminar estimados lectores, se ingresan más dólares en el Banco Central
dejando respirar y crecer a los sectores exportadores que ahogando y
confiscando a los pocos que quedan y sobreviven.
Muchas gracias y hasta la próxima.

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