domingo, 27 de febrero de 2022

LA INFLACIÓN es responsabilidad del gobierno:

 

La Argentina enfrenta problemas estructurales que parecen no tener solución, al menos en las manos de quienes nos gobiernan, uno de ellos claramente es la INFLACIÓN.

El acuerdo con el Fondo tiene una meta muy concreta, se trata de la reducción de la expansión monetaria, es decir la emisión para financiar el déficit fiscal y eso es solo el comienzo y es la condición básica no suficiente pero absolutamente necesaria para disminuir la inflación.

La realidad es que estamos frente a un gobierno de muy baja credibilidad, porque si se cumpliera lo que acuerda la inflación claramente debería ir reduciéndose.

El hecho que haya metas que se van a revisar trimestralmente, aminora la Sarasa y el Verso, porque aquí estamos acostumbrado a que nos digan una cosa y después hacen otra. El gobierno dice que está preocupado por la inflación, pero en la práctica está preocupado para que NO baje la inflación. Es mentira que el gobierno a querido bajar la inflación, de ninguna manera, esto del acuerdo pone si se quiere las cosas en su lugar y si lo que quiere es bajar la inflación tiene que hacer cosas concretas y una de ellas es partir de emitir muchísimo menos.

¿El aumento de las tarifas va a hacer subir la inflación? se menciona que en marzo viene un 20% de aumento para residenciales:

Hay algo que podemos llamar la calesita de precios relativos, la emisión monetaria cuando es de un 50% del dinero existente, eso te marca que la inflación va a rondar en el 50%. Entonces aquel que aumentó un 40% ahora quiere recuperar los 10 puntos perdidos, de esa forma un mes aumenta más una cosa, el otro mes aumenta otra y al mes siguiente aumenta otra y así se va armando la calesita. Pero todo girando a la velocidad de la calesita y la velocidad de la calesita la da el 50% de expansión monetaria. Si esa expansión monetaria que es la emisión se reduce al 30% o al 20%, la misma calesita la tenemos varios escalones más abajo.

¿Menor emisión significa que va a haber menos plata para todos?

Menos plata es un tema de nominalidad, si uno recibe más y más plata y la inflación es del 50%, esa plata que recibo se evapora a ese ritmo. Pero si se emitiera 0% y la inflación fuera 0% no sería una preocupación que haya menos plata porque tendríamos siempre el mismo poder adquisitivo sin que se erosione la plata que uno recibe.

La inflación es un flagelo, si bien el mundo, excepto un pequeño puñado de países con serios conflictos internos, ha aprendido a resolver la inflación ya hace medio siglo atrás, por este rincón del planeta aún seguimos debatiendo sus causas.

Entonces nos hacemos la pregunta…

¿Por qué?

Porque al gobierno argentino le conviene que haya inflación, la necesita como el agua. Para comprender esto debemos partir de que tenemos un déficit fiscal del 3% del PBI y nadie te presta plata, de modo tal que lo financias con emisión monetaria y para que la gente tenga más plata es necesario licuársela, es decir lo que comprabas con tres mil pesos ahora necesitas cinco mil pesos o más, como para tomar un ejemplo de la ilusión que significa tener más plata. Lo que tiene que quedar claro es el poder adquisitivo de esa plata, no porque tenga más plata en mis manos voy a poder comprar más cosas, lo estamos viviendo día a día, tengo más plata y compro cada vez menos.

Cuando hay inflación el gobierno se ve en la obligación de ajustar sus gastos, pero si los ajusta menos que la inflación como pueden ser las jubilaciones y sueldos públicos eso contribuye a reducir el déficit. Pero no es real esa reducción, porque lo que está haciendo es licuar esas partidas. Ahora eso es todo para el gobierno, la gente de a pie y las empresas se tienen que someter al sin número de distorsiones que ocasiona convivir con altos niveles de inflación. La dificultad lógica para sellar contratos a mediano y largo plazo y la falta de previsibilidad que generan el aumento sostenido de precios, también resulta ser siempre el impuesto más injusto porque lo sufren todos, sobre todo aquellos que menos tienen. Cuando un gobierno transita sus días en un contexto inflacionario, siempre está ajustando a los más pobres, ya que son éstos los que cuentan con menor información y tienen menos herramientas para protegerse del aumento de precios y de la desvalorización de la moneda.

No hay mejor socio de los gobiernos populistas que la inflación, la máquina de hacer billetes en poder del Estado genera la ilusión de poderlo todo siendo el arma populista más dañina, intentan hacerle creer a su gente que pueden tener hoy sin esfuerzo y sin sobresaltos lo que sin la mágica billetera infinita sería absolutamente imposible. El daño que genera la inflación es incalculable.

Esto es muy claro para cualquier economía y para cualquier economista que no sea terraplanista. Porque tenemos terraplanistas que creen que el mundo es plano y hay economistas que creen que la emisión monetaria en el caso argentinos no produce inflación. Uno puede ser marxista, liberal o de la ideología que uno quiera, pero para cualquier economista medianamente formado o mínimamente formado sabe que en las condiciones de un país como Argentina la emisión monetaria es claramente inflacionaria.

Pero el gobierno cierra las cuentas con alta inflación, entonces no hay que creerle al gobierno cuando dice que quiere bajar la inflación, porque hasta ahora le ha convenido y le fue necesario. Ahora discute con el Fondo una tasa de inflación menor, lo cual está muy bueno y nos acerca a una situación más normal, no quiere decir que sea bueno, sino lo menos peor que nos puede pasar.

Para terminar estimados lectores, y deseo fervientemente que se entienda: el único responsable de la inflación es siempre y en todo lugar el gobierno de turno”, la búsqueda permanente de un enemigo al que se lo pueda acusar del aumento de precios es la mejor garantía de que el problema por ahora seguirá acompañándonos.

Muchas gracias y hasta la próxima.


domingo, 20 de febrero de 2022

ESCUELA AUSTRÍACA DE ECONOMÍA: vacuna para la enfermedad del populismo que hoy condena a Argentina:

Más allá de las buenas intenciones, la Escuela Austríaca demuestra que las políticas populistas siempre generan resultados opuestos a los buscados. Para un mejor entendimiento vamos a analizar algunas de ellas:

El gobierno responde:

*A la escalada de precios con controles y persecuciones;

*A los bajos salarios con legislación e incrementos del salario mínimo;

*A la escasez de divisas fortaleciendo el cepo y con más impuestos y retenciones a quienes las generan;

*A la pobreza e indigencia con una redistribución de los recursos que cargue con más impuestos a los que más tienen para tratar de ayudar a los que menos tienen. 

Después de todo, la economía austríaca es contraintuitiva y comprender la lógica económica permite advertir mitos frecuentes en el saber popular.

¿Por qué si el gobierno controla precios se produce desabastecimiento?

La Escuela Austríaca explica que los precios no son arbitrarios ni caprichosos. Los precios se forman en cada intercambio cuando las personas intercambian voluntariamente derechos de propiedad. Si un recurso es escaso será más caro y si es abundante será más barato. Si el gobierno exige a los vendedores de carne que su precio sea bajo, el incentivo para producir carne se reduce, y en consecuencia habrá menos de este recurso, y con ello más escasez y mayor precio futuro. De un período a otro, el gobierno tendrá que ir incrementando los niveles de intervención, lo cual sólo agravará la problemática de precios. El problema no radica en el actuar de los empresarios, sino en la legislación intervencionista que fomenta el desabastecimiento. 

La solución de la Escuela Austríaca sería un desmantelamiento total de los controles de precios, pues en un mercado libre la regulación de los precios se genera por la propia competencia dentro de cada uno de los mercados. Terminar con los controles de precios animará incentivos en favor de la producción, lo que a su turno terminará con el desabastecimiento.

¿Por qué subir salarios genera desempleo e informalidad?

En el mercado laboral la lógica es similar. Un análisis económico de este mercado muestra que los salarios no son arbitrarios, sino la resultante de una evaluación de los niveles de productividad que a su turno dependen del nivel de formación y acumulación de capital. Si el gobierno pretende incrementar los salarios vía legislación, los generadores de empleo que necesitan recuperar esos niveles de salario con la venta del producto final no podrán contratar a estas personas generando desempleo, o lo harán por fuera de la legislación a salarios inferiores a los que se exige provocando informalidad. 

Para la Escuela Austríaca nada es más efectivo para generar empleo y reducir la informalidad que la total desregulación del mercado laboral. De nuevo, la competencia en una economía que recupera los incentivos para la producción constituye el mejor regulador de los salarios, los que dependerán de la productividad que se pueda alcanzar en cada industria, y dentro de cada una de ellas, en cada puesto de trabajo. 

¿Por qué imprimir dinero nos deja sin dinero?

El dinero también es un mercado, y como tal se lo estudia desde su oferta y su demanda. En este caso, el precio de este mercado es el poder adquisitivo. Si el Banco Central de la República Argentina incrementa la oferta de dinero a un ritmo mayor que el que se incrementa la demanda de dinero, entonces surge inflación, lo que significa una pérdida de poder adquisitivo. Es por ello que los teóricos de la Escuela Austríaca coinciden con el monetarismo de Chicago en afirmar que la inflación es siempre un fenómeno monetario. En Argentina la emisión de pesos no es acompañada con una mayor demanda, como la gente observa que los pesos se derriten en sus manos, reducen la demanda de pesos en búsqueda de múltiples activos financieros o reales. Al bajar la demanda de pesos al tiempo que se incrementa la oferta, el desequilibrio lleva a la inflación y la reducción del poder adquisitivo del peso se acelera. Seguir incrementando la oferta de pesos, al contrario de lo que dicta la teoría monetaria moderna, sólo puede conducir a destruir la moneda.

En este campo, la Escuela Austríaca propone numerosas recetas para detener la destrucción de la moneda, promoviendo primero la desnacionalización del dinero, lo que significa terminar con el curso forzoso y el monopolio del Banco Central. Abrir la competencia para que cada persona demande la moneda que desee. Si en una economía bimonetaria como la nuestra, los argentinos tienen que decidir entre deshacerse de los pesos o los dólares, la lógica de racionalidad indica que usarán los pesos para sus gastos, y guardarán los dólares para ahorro. Esta dolarización espontánea de la economía argentina está ocurriendo, lo que agrava el desequilibrio monetario donde la oferta sigue creciendo, mientras que la demanda de pesos sigue bajando.

¿Por qué los controles o cepos al dólar generan mayor escasez de divisas?

La cotización del dólar resulta también del análisis de la oferta y demanda de esta divisa. Cuando abundan los dólares, el tipo de cambio está bajo. Cuando escasean los dólares, el tipo de cambio está alto. La poca confianza que tienen los argentinos en el gobierno ha hecho que los ahorristas retiraran sus dólares del sistema financiero. Los dólares están debajo del colchón, en cajas fuertes o en cajas de seguridad. Con baja oferta de dólares no puede sostenerse un nivel adecuado de demanda, lo que ha conducido al gobierno a imponer un cepo cambiario sobre los demandantes de divisas. Esto por supuesto complica a los fabricantes de bienes en Argentina, pues enfrentan cuellos de botella al no poder importar los insumos que necesitan para la producción. El gobierno fomenta entonces una política de sustitución de importaciones pretendiendo reemplazar la importación con producción de la industria nacional, dando lugar a un nacionalismo económico que es consistente con más proteccionismo y aislamiento.

La Escuela Austríaca, por el contrario, sugiere abandonar todos los controles y retirar el cepo. Al hacerlo, claro que el tipo de cambio subirá como consecuencia del incremento en la demanda, pero esto a la vez promoverá un retorno de los dólares al sistema financiero que se equilibrarán en un nuevo tipo de cambio nominal, consistente con la oferta y demanda de dólares. Pronosticar cuál es el tipo de cambio nominal al cual tendería este nuevo mercado cambiario desregulado es imposible para cualquier analista, pues no se puede anticipar el nivel de confianza del mercado en la nueva política y su sostenibilidad. Pero al menos se eliminaría la brecha entre el dólar oficial y el blue, y dejaría de haber privilegiados que acceden a importar bajo el dólar oficial y el resto del pueblo que no puede acceder a ese beneficio.

En este sentido, algunos economistas de la Escuela Austríaca promovemos una propuesta de dolarización flexible de la economía argentina, pues queremos ofrecerles a los argentinos la posibilidad de elegir el dinero con el que quieren operar, al tiempo que entendemos que es vital que Argentina termine con el Banco Central como una institución que promueve la alta inflación. Dolarizar la economía tiene efectos inmediatos positivos: bajar la inflación a un dígito y también bajar las tasas de interés reales y nominales, pues se elimina el riesgo de nuevas devaluaciones.

La economía es contraintuitiva:

Lo intuitivo para la lógica populista es perseguir a quienes suben los precios o bajan los salarios; poner dinero en los bolsillos de la gente y ofrecer créditos blandos para que haya inversión; si no hay dólares limitar su demanda con controles y cepo, y si hay pobreza grabar a los que más tienen para repartir donde falta. Pero los mercados no funcionan de ese modo. Los mercados funcionan con incentivos, y los precios resultan ser sintetizadores (aunque imperfectos) de información y conocimiento disperso. Para coordinar los mercados necesitan precios libres, y cuando me refiero a esto, hablo también de salarios, tasas de interés y tipo de cambio.

Estimados lectores para terminar, es necesario tomar nota de la lección austríaca: “la crisis es producto del intervencionismo, no del liberalismo”. Es por ello que la Escuela Austríaca ofrece una lógica que puede ser la mejor vacuna para la enfermedad del populismo que hoy nos condena.

Muchas gracias y hasta la próxima.

domingo, 13 de febrero de 2022

IMPUESTOS: los argentinos decimos “¡Basta!”:

 

Esta conclusión surge de los resultados de una encuesta realizada por la Fundación Libertad y Progreso,  en colaboración con el Licenciado Iván Cachanosky aquí les presento el correspondiente análisis:

El 84% de los argentinos encuestados considera que los impuestos son ALTOS o DEMASIADO ALTOS, esto está vinculado a la insatisfacción con la presión impositiva.

El 80% de los argentinos afirma que el sistema impositivo es INJUSTO, refiriéndose a la percepción de justicia de los impuestos.

Por último, el 66% opina que lo recaudado por este sistema es gastado de manera INEFICIENTE, se vincula con la eficiencia del uso de los recursos tributarios

No existen dudas de que la realidad impositiva que se vive en Argentina no es la más alentadora. En el diagnóstico suele haber cierto consenso en que el elevado gasto público se transformó en un problema. Dicho gasto hay que financiarlo, por lo que en los últimos 20 años se observó un incremento en el nivel de impuestos, aunque no suficiente porque Argentina continúa conviviendo con déficit fiscales. Sin embargo, cabe preguntarse…

¿Cómo viene el umbral de tolerancia de los argentinos en relación a los impuestos que pagan? 

La Fundación Libertad y Progreso elabora una encuesta de alcance nacional para intentar responder a esta pregunta. A partir de esta información desarrolla el Índice de Satisfacción Ciudadana con los Impuestos. De las respuestas obtenidas entre los encuestados, podemos concluir que hay tres grandes maldiciones impositivas que los argentinos perciben.

La primera maldición se encuentra vinculada a la insatisfacción con la presión impositiva. El 84% de los argentinos encuestados considera que los impuestos son altos o muy altos. Por el contrario, sólo el 4% perciben que los impuestos son bajos en Argentina. Esta respuesta es sobre percepción, más allá de lo que la realidad dicte. Y en este marco, los números no son para nada alentadores.

Por otro lado, la segunda maldición refiere a la percepción de justicia de los impuestos. En este marco, 8 de cada 10 argentinos encuestados considera que el sistema impositivo es injusto. Este número también es impactante ya que dentro de esa injusticia comienzan a verse varias razones desde la perspectiva de los encuestados. Por ejemplo, que los impuestos son injustos porque son muy altos en comparación con otros países, o porque lo recaudado en impuestos no se utiliza eficientemente, o porque los ven exclusivamente como un instrumento recaudatorio que mantiene los privilegios de los políticos, entre otros.

En cuanto a la tercera maldición, ésta se encuentra vinculada a la eficiencia del uso de los recursos tributarios. En esta ocasión, el 66% de los encuestados sostuvo que el uso que le da el Estado al dinero recaudado por los impuestos es malo o muy malo. En otras palabras, la percepción no es sólo que se cobran muchos impuestos, sino que además esa enorme cantidad de recursos están mal utilizados. Algunas cuestiones pueden saltar a la vista fácilmente, como el evidente deterioro de los hospitales públicos o los muy bajos desempeños en las evaluaciones internacionales educativas, por ejemplo, las prueba PISA. En concreto, la percepción es que se gasta mucho y mal.

Como si esto fuera poco, el escenario empeora si se realiza un análisis intertemporal. Cuando se le preguntó a los encuestados acerca de lo ocurrido en el 2021 y las perspectivas a futuro, las preocupaciones crecen. El 79% de los encuestados coincidieron en que los impuestos se incrementaron durante el 2021. Además, el 68% opina que los impuestos continuarán aumentando en el futuro. Esta percepción vuelve el panorama más sombrío porque ahora no sólo preocupa que se gasta mucho y mal, sino que se continuará en la misma tendencia.

La gran conclusión de la encuesta es que los argentinos están diciendo “¡Basta!” al incremento de impuestos. En un segundo orden, también podemos concluir que las preocupaciones no sólo están vinculadas exclusivamente a una presión tributaria alta, sino que también entra en juego una percepción no ética en los impuestos, ya que el 81% considera que este nivel de impuestos es injusto. Finalmente, la percepción es que este círculo vicioso crecerá en el futuro.

Para tomar un orden de magnitudes, la presión tributaria consolidada que incluye impuestos nacionales y provinciales en el año 2021 se ubicó en el 29,5% del PBI, que la coloca 5 puntos superior a la de hace 15 años atrás y es de las más elevadas en términos regionales superando en 6 puntos a los países de la región. En el caso de los impuestos nacionales el aumento estuvo liderado principalmente por las modificaciones normativas implementadas a fin de 2019 con incremento de retenciones a las exportaciones, Bienes Personales e Impuesto PAIS. Por su parte, Ingresos Brutos con la suspensión del Pacto Fiscal explica toda la suba que muestran los impuestos provinciales. Finalmente, cabe señalar que la presión tributaria es históricamente y regionalmente elevada, pero no tenemos que dejar de mencionar que hay una carga tributaria efectiva que es mucho mayor aún explicada por los elevados niveles de informalidad.

Sería importante que los políticos y legisladores tomen nota de lo que los argentinos nos están revelando en esta encuesta. Ya no sólo es el país que pide a gritos las REFORMAS ESTRUCTURALES, sino que también la población comprende que LA SOLUCION NO PUEDE VENIR MEDIANTE EL INCREMENTO DE IMPUESTOS. Dado que Argentina posee desequilibrios estructurales, las soluciones también deberán ser de carácter estructural para corregir el camino de la decadencia.

Muchas gracias y hasta la próxima.


domingo, 6 de febrero de 2022

ARGENTINA: ¿el problema es político o económico?:

 



Es una mezcla, porque los buenos políticos se tienen que rodear de economistas que no vendan espejos de colores como pudimos escuchar no hace mucho el término “Sarasa” del propio ministro Guzmán, nada menos que ante el Congreso de la Nación.

Primero se necesitan liderazgos políticos nuevos y modernos en el buen sentido de la palabra, puede ser alguien de 80 años, no importa la edad porque también tenemos políticos viejos de 30 años.  Se requiere consolidar liderazgos, hay que convencer a la sociedad de las cosas que hay que hacer y dejar de mentir, se demanda un grupo de técnicos que no tengan inconsistencias en materia económica como las que estamos viendo y viviendo desde hace más de cuatro décadas. Que no nos vendan que se puede hacer cosas sin pagar costos y que el déficit fiscal y la emisión no importa. Si un político, elegido por los argentinos, me ahorro las explicaciones si es bueno o malo pero se rodea de malos economistas, el resultado va a ser malo seguramente.   

Para que se comprenda mejor todo esto voy a ir mencionando algunos problemas y las políticas que se implementan indicando los errores y sus consecuencias.

Uno de los problemas de Argentina en materia de precios es que hay al menos dos precios claves que están “pisados” por la política oficial, éstos son el precio de los servicios energéticos (como electricidad, gas y agua), y el otro es el precio del dólar. El intento del gobierno por controlar la inflación a fuerza de controles de precios hace que el país haya cerrado el año con una brecha del tipo de cambio de 89,6% en promedio al mes de diciembre, controlar la inflación aplicando controles de precios nunca funcionó en ninguna parte del mundo y a lo largo de la historia, ¿por qué en Argentina va a funcionar? La inflación en Argentina es un problema macroeconómico, quieren hacernos creer que están haciendo algo y aquellos sectores que son más consumidores de esos productos con precios controlados se convencen diciendo que el gobierno nos está defendiendo y protegiendo.

Esta estrategia de “populismo tarifario” hizo que en 2021 las tarifas suban entre 7% y 9% con una inflación superior al 50% tras haberse mantenido en un 0% de aumento desde agosto de 2019.

Pero no me quiero ir del planteo inicial de si es político o económico el problema de Argentina, la inflación es la consecuencia no la causa y se explica en economía que no es el aumento de precios, sino que es la pérdida del valor de la moneda, no es que los precios suben, sino que el poder de compra del peso disminuye y por eso necesitamos más pesos para comprar lo mismo. Si el poder de compra baja es porque ese bien sobra y ¿por qué sobra? Porque el Banco Central emite más de la cuenta, no hay otra explicación, no existe tal fenómeno como que es multicausal. Esto en el mundo hace años que ya está resuelto, así que señores políticos hay que hacerse cargo, ahí es donde hace falta de los economistas que sepan de buena teoría económica para poder aplicar las políticas apropiadas y dejar de gastar energías en explicaciones que no existen.

Otro grave problema que tenemos hoy es la enorme dependencia de los empresarios de las regulaciones del Estado, por ejemplo, te tienen que autorizar la importación de un producto o una máquina, después tienen que ser autorizados a que les suministren los dólares para poder hacer el pago al proveedor del exterior. Otra regulación que hace inviable cualquier emprendimiento es solicitar la habilitación de un local, pedir autorización para vender tal o cual producto, todo esto va generando una dependencia total de las regulaciones que los transforma en verdaderos rehenes, la consecuencia de esto es más corrupción. Aquí llegamos a la misma conclusión, es necesario quitar todos estos mecanismos para que la actividad económica se pueda desarrollar más libremente y se logren los objetivos de mejorar la economía y evitar la corrupción que tanto mal provoca. La conclusión es la misma, liderazgos políticos con técnicos con experiencia y reputación para implementar las políticas necesarias.

Siguiendo con los problemas para identificar la pregunta inicial si es político o económico el problema voy a ingresar en uno de los temas de mayor debate por estos días que fue el Déficit Fiscal en el marco del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.  Podemos decir que gracias al Boom anterior de los precios de las commodities y de la situación internacional, Argentina se dio el lujo de subir 20 puntos el Gasto Público en términos de PBI entre 2003 y 2020, esto es infinanciable, solo se podría financiar con el precio de la soja a mil dólares la tonelada todos los años y eso no va a pasar o por lo menos no está pasando.

Tenemos un Gasto Público infinanciable que generó un sistema impositivo impagable, este sistema impositivo impagable paralizó al sector privado en términos de actividad productiva y generó el estancamiento que tiene hoy la economía argentina y como si esto fuera poco también tenemos alta inflación.

Entonces hoy se tiene que replantear el problema, es decir el Gasto Público, cambiar la organización económica argentina a favor de la producción, ésta es una economía que castiga y fuertemente a la producción en todo sentido. Se necesita un sistema impositivo razonable en función de estos objetivos y ordenar la economía generando incentivos para que en Argentina el sector privado vuelva a producir y generar empleos para salir de este estancamiento que tenemos.

Hay que entender que seguir por un camino en donde se quiere financiar algo que es infinanciable es totalmente imposible. Argentina tiene que cambiar su organización económica, sus reglas de juego para favorecer al sector privado y para eso necesita reformular todo el esquema de gastos que tiene para que funcione.

Si el Déficit Fiscal como estamos escuchando por estos días está a favor del crecimiento, Argentina debería ser primera potencia mundial porque hemos tenido Déficit Fiscal más tiempo de lo que tuvimos Superávit Fiscal. Es falso que el Déficit Fiscal te ayuda a incrementar la demanda, el Déficit Fiscal redistribuye, le saca a uno y le da a otro, gastas más en cosas que no tienen que funcionar, le cobra más y malos impuestos a los que producen generando un efecto regresivo.

 En estos días se escribió mucho sobre el posible acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, uno de los temas fue la reducción del déficit fiscal y ahí estuvo concentrada la discusión. Desde mi punto de vista, el ministro Guzmán en su conferencia de prensa dejó en claro que no va a reducir el Gasto Público y se compromete a reducir el déficit y lo justifica diciendo que lo va a hacer a través del crecimiento.

La lógica es totalmente al revés, primero se reduce el gasto para que los actores económicos perciban la confianza en el rumbo económico, después vienen las inversiones y por último se logra el crecimiento de la economía. Como pueden apreciar, Guzmán plantea empezar por el final diciendo que la reducción del Déficit Fiscal va a estar provocada por el crecimiento de la economía, ignorando totalmente que las perspectivas para el 2022 no lucen para nada auspiciosas, donde las proyecciones muestran un escenario base de crecimiento desacelerando,  con alta inflación y sin compromiso de reformas,  lo que muestra una total falta de seriedad para encarar los temas necesarios para sentar las bases de una recuperación sostenida en los próximos años.

Hace algo más de cuatro décadas el país tenía un 4% de pobreza, la indigencia no existía y la presión impositiva dejaba producir, crecer, invertir y generar empleo. En la actualidad el número de pobres se ha multiplicado por diez, la indigencia ya afecta a casi 5.000.000 de argentinos y la presión impositiva ha puesto tal lastre sobre el sector privado que la creación de empresas, la creación de empleos formales y de calidad, la inversión, el crecimiento y el desarrollo han quedado como parte de nuestro paisaje del pasado.

La sociedad cada vez demanda más, las necesidades de dejar la mediocridad atrás toman fuerza y dan cuenta que la política actual no puede seguir esquivando cada uno de los problemas que han transformado al país en invivible. Mientras tanto, el presidente no parece tomar nota y la inconciencia parece estar cegándolo de razón y sentido común. Que el gobierno crea que nuestro destino está solo en manos de otros, es no querer aceptar la responsabilidad de su propia negligencia, de su propia desidia y por sobre todo, de su insensato fanatismo ideológico.

Como conclusión general, el problema no es solo político ni es solo económico, lo que sí puedo afirmar es que hoy por hoy, Argentina no tiene ninguna respuesta posible ni de lo político y mucho menos de lo económico.

Muchas gracias y hasta la próxima.