Más allá de las buenas intenciones, la Escuela Austríaca demuestra
que las políticas populistas siempre generan resultados opuestos a los buscados.
Para un mejor entendimiento vamos a analizar algunas de ellas:
El gobierno responde:
*A la escalada de precios con controles y
persecuciones;
*A los bajos salarios con legislación e incrementos
del salario mínimo;
*A la escasez de divisas fortaleciendo el cepo y con
más impuestos y retenciones a quienes las generan;
*A la pobreza e indigencia con
una redistribución de los recursos que cargue con más impuestos a los que más
tienen para tratar de ayudar a los que menos tienen.
Después de todo, la economía austríaca es contraintuitiva y comprender
la lógica económica permite advertir mitos frecuentes en el saber popular.
¿Por qué si el gobierno controla precios se produce desabastecimiento?
La Escuela Austríaca explica que los precios no son arbitrarios ni
caprichosos. Los precios se forman en cada intercambio cuando las personas
intercambian voluntariamente derechos de propiedad. Si un recurso es escaso será más caro y si es abundante será más barato.
Si el gobierno exige a los vendedores de carne que su precio sea bajo, el
incentivo para producir carne se reduce, y en consecuencia habrá menos de este
recurso, y con ello más escasez y mayor precio futuro. De un período a otro, el
gobierno tendrá que ir incrementando los niveles de intervención, lo cual sólo
agravará la problemática de precios. El problema no radica en el actuar de los
empresarios, sino en la legislación intervencionista que fomenta el
desabastecimiento.
La solución de la Escuela Austríaca sería un desmantelamiento total de
los controles de precios, pues en un mercado libre la regulación de los precios
se genera por la propia competencia dentro de cada uno de los mercados. Terminar con los controles de precios animará incentivos en favor de la
producción, lo que a su turno terminará con el desabastecimiento.
¿Por qué subir salarios genera desempleo e informalidad?
En el mercado laboral la lógica es similar. Un análisis
económico de este mercado muestra que los salarios no son arbitrarios, sino la
resultante de una evaluación de los niveles de productividad que a su
turno dependen del nivel de formación y acumulación de capital. Si el gobierno pretende incrementar los salarios vía legislación, los
generadores de empleo que necesitan recuperar esos niveles de salario con la
venta del producto final no podrán contratar a estas personas generando
desempleo, o lo harán por fuera de la legislación a salarios inferiores a los
que se exige provocando informalidad.
Para la Escuela Austríaca nada es más efectivo para generar empleo y
reducir la informalidad que la total desregulación del mercado laboral. De nuevo, la competencia en una economía que recupera los
incentivos para la producción constituye el mejor regulador de los salarios, los
que dependerán de la productividad que se pueda alcanzar en cada industria,
y dentro de cada una de ellas, en cada puesto de trabajo.
¿Por qué imprimir dinero nos deja sin dinero?
El dinero también es un mercado, y como tal se lo estudia desde su
oferta y su demanda. En este caso, el precio de este mercado es el poder
adquisitivo. Si el Banco Central de la
República Argentina incrementa la oferta de dinero a un ritmo mayor que el que
se incrementa la demanda de dinero, entonces surge inflación, lo que significa
una pérdida de poder adquisitivo. Es por ello que los teóricos de
la Escuela Austríaca coinciden con el monetarismo de Chicago en
afirmar que la inflación es siempre un fenómeno monetario. En Argentina la
emisión de pesos no es acompañada con una mayor demanda, como la gente observa
que los pesos se derriten en sus manos, reducen la demanda de pesos en búsqueda
de múltiples activos financieros o reales. Al bajar la demanda de pesos al
tiempo que se incrementa la oferta, el desequilibrio lleva a la inflación y la
reducción del poder adquisitivo del peso se acelera. Seguir incrementando
la oferta de pesos, al contrario de lo que dicta la teoría monetaria moderna,
sólo puede conducir a destruir la moneda.
En este campo, la Escuela Austríaca propone numerosas recetas para
detener la destrucción de la moneda, promoviendo primero la desnacionalización
del dinero, lo que significa terminar con el curso forzoso y el monopolio del
Banco Central. Abrir la competencia para que
cada persona demande la moneda que desee. Si en una economía bimonetaria
como la nuestra, los argentinos tienen que decidir entre deshacerse de los
pesos o los dólares, la lógica de racionalidad indica que usarán los pesos para
sus gastos, y guardarán los dólares para ahorro. Esta dolarización
espontánea de la economía argentina está ocurriendo, lo que agrava
el desequilibrio monetario donde la oferta sigue creciendo, mientras que la
demanda de pesos sigue bajando.
¿Por qué los controles o cepos al dólar generan mayor escasez de
divisas?
La cotización del dólar resulta también del análisis de la oferta y
demanda de esta divisa. Cuando abundan los dólares, el tipo
de cambio está bajo. Cuando escasean los dólares, el tipo de cambio está alto.
La poca confianza que tienen los argentinos en el gobierno ha hecho que los
ahorristas retiraran sus dólares del sistema financiero. Los dólares están
debajo del colchón, en cajas fuertes o en cajas de seguridad. Con baja oferta
de dólares no puede sostenerse un nivel adecuado de demanda, lo que ha
conducido al gobierno a imponer un cepo cambiario sobre los demandantes de
divisas. Esto por supuesto complica a los fabricantes de bienes en Argentina,
pues enfrentan cuellos de botella al no poder importar los insumos que
necesitan para la producción. El gobierno fomenta entonces una política de
sustitución de importaciones pretendiendo reemplazar la importación con
producción de la industria nacional, dando lugar a un nacionalismo económico
que es consistente con más proteccionismo y aislamiento.
La Escuela Austríaca, por el contrario, sugiere abandonar todos los
controles y retirar el cepo. Al hacerlo, claro
que el tipo de cambio subirá como consecuencia del incremento en la demanda,
pero esto a la vez promoverá un retorno de los dólares al sistema financiero
que se equilibrarán en un nuevo tipo de cambio nominal, consistente con la
oferta y demanda de dólares. Pronosticar cuál es el tipo de cambio nominal
al cual tendería este nuevo mercado cambiario desregulado es imposible para
cualquier analista, pues no se puede anticipar el nivel de confianza del
mercado en la nueva política y su sostenibilidad. Pero al menos se
eliminaría la brecha entre el dólar oficial y el blue, y dejaría de haber
privilegiados que acceden a importar bajo el dólar oficial y el resto del
pueblo que no puede acceder a ese beneficio.
En este sentido, algunos economistas de la Escuela Austríaca promovemos
una propuesta de dolarización flexible de la economía argentina, pues queremos ofrecerles
a los argentinos la posibilidad de elegir el dinero con el que quieren operar,
al tiempo que entendemos que es vital que Argentina termine con el Banco
Central como una institución que promueve la alta inflación. Dolarizar
la economía tiene efectos inmediatos positivos: bajar la inflación a un dígito
y también bajar las tasas de interés reales y nominales, pues se elimina el
riesgo de nuevas devaluaciones.
La economía es contraintuitiva:
Lo intuitivo para la lógica populista es perseguir a quienes suben los
precios o bajan los salarios; poner dinero en los bolsillos de la gente y
ofrecer créditos blandos para que haya inversión; si no hay dólares limitar su
demanda con controles y cepo, y si hay pobreza grabar a los que más tienen para
repartir donde falta. Pero los mercados no funcionan de ese modo. Los mercados
funcionan con incentivos, y los precios resultan ser sintetizadores (aunque
imperfectos) de información y conocimiento disperso. Para coordinar los
mercados necesitan precios libres, y cuando me refiero a esto, hablo también de
salarios, tasas de interés y tipo de cambio.
Estimados lectores para terminar, es necesario tomar nota de la
lección austríaca: “la crisis es producto del intervencionismo, no del
liberalismo”. Es por ello que la Escuela Austríaca ofrece una lógica
que puede ser la mejor vacuna para la enfermedad del populismo que hoy nos
condena.
Muchas gracias y hasta la próxima.
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