domingo, 13 de marzo de 2022

ACUERDO, media sanción y mucho para analizar:

 

La lucha de poder dentro del oficialismo de la que estamos siendo espectadores complica aún más el ya dañado panorama macroeconómico.

El acuerdo con el FMI fue aprobado en el Congreso de la Nación con la mayoría de los votos de la principal oposición, y con la fuerte crítica y voto negativo del núcleo duro del oficialismo.

El gobierno de Alberto Fernández planteó la votación en el Congreso como si se tratara de elegir solamente entre dos alternativas, aprobar el acuerdo o ir directamente al default. La realidad es que había otras opciones, una de ellas era que el Congreso rechazara el acuerdo y sin embargo a través de un decreto presidencial el gobierno igualmente pudiera avanzar en su entendimiento con el Organismo Internacional, otra alternativa era que el Congreso rechazara la propuesta y por tanto se enviara otra distinta con un nuevo acuerdo con el FMI que implicara reformas distintas y nuevos compromisos de parte del gobierno argentino para poder hacer frente a la deuda.

Lo que ocurrió en el Congreso, más precisamente en la Cámara de Diputados, muestra que la alianza Frente de Todos se encuentra en una descarnizada lucha de poder entre el peronismo y el kirchnerismo duro que representa su agrupación interna La Cámpora.

Si bien hay puntos del acuerdo controvertidos, como el estiramiento de los plazos de los vencimientos, que dejaría una dura carga a la próxima gestión y un recorte de subsidios que recaerá principalmente sobre la clase media, la única que siempre paga el ajuste. En términos del historial de deuda argentina, es una señal menos negativa que no haber acordado y entrar en cesación de pagos. No puedo dejar de mencionar que pasaron dos años de la presente gestión y se sabía que requería de un acuerdo con el Fondo y nada se hizo, todo acuerdo con el Organismo implica un plan económico, hoy lo que tenemos es una autorización del Poder Legislativo a tomar un crédito, nada más que eso.

El principal problema de este acuerdo está ligado a que no se explicitan reformas estructurales que vuelvan sustentable la macroeconomía, como si el nivel de informalidad laboral y un sistema previsional con jubilados que no llegan a cubrir una canasta básica, parecen no ser suficientes razones como para intentar alguna reforma estructural de cara al futuro. Fuera entonces del debate quedaron los recortes de impuestos, la rebaja de gastos, la reforma laboral y previsional, la apertura económica, el tratamiento de la independencia del Banco Central a fin de volver a tener moneda que permita a los precios funcionar como señales de mercado.

Sin dudas, no está en planes del gobierno realizar algún cambio de fondo, sino más bien se buscarán poner parches y aguantar lo que más se pueda. El principal problema es que tienen al enemigo adentro, boicoteando cada intento de evitar el choque contra el iceberg.

El panorama monetario es sumamente grave, transcurrido más de dos meses del año, la inflación acumulada ya ronda el 10%, y sin acceso al crédito, sin dudas la emisión monetaria nuevamente será la principal fuente del financiamiento del déficit, fogoneando aún más la encendida inflación.

En este contexto, el gasto privado interno (consumo e inversión) continuarán deprimidos, y las exportaciones, principal fuente de divisas para el país, no podrá ser el motor del crecimiento de la demanda dadas las nuevas restricciones que se imponen todos los días para apropiarse de cada vez más producción. El panorama luce complejo, pero el argentino tiene esa habilidad de adaptarse a todo.

La duda que queda de cara al año próximo es qué modelo de país queremos. Claro está el propuesto por Todos, no tan claro lo propuesto por Juntos por el Cambio, ya que desde lo discursivo algunos de sus principales referentes se encuentran en las antípodas ideológicas de otros referentes del espacio.

La opción más sólida parece ser la liberal, sin embargo, es una fuerza muy joven, y está encontrado la forma de construir poder más allá de algunos líderes personalistas. La posición del arco Liberal fue muy clara en el Congreso votando en rechazo de este acuerdo, las objeciones que los liberales le hicieron al proyecto pueden resumirse en tres puntos distintos.

-Lo primero, que el acuerdo no implica ningún compromiso de reformas estructurales para la economía argentina.

-La segunda objeción es que el gobierno al firmar el acuerdo se compromete a aumentar el gasto público y también aumentar el endeudamiento.

-Y lo tercero, el problema de seguir aumentando el gasto público fue claramente explicado por Javier Milei en el Congreso, la idea del gobierno que a través del gasto público incremente el PBI y que eso tenga como resultado un aumento de producción, solamente sería posible en un mundo donde todo ese aumento de la demanda no se tradujera en un aumento de los precios, sin embargo, lo que vemos en la Argentina es que ese aumento del gasto público se financia con emisión monetaria, con deuda y con un aumento de los impuestos, eso ha dado como resultado 10 años de ESTANFLACIÓN, es decir, una economía que NO CRECE y que tiene altísimos e inadmisibles niveles de INFLACIÓN.

La reducción del Déficit Fiscal a la que se compromete el gobierno sin reformas y sin reducción de gastos, va a venir de la mano de una disminución de los subsidios a los servicios públicos y por otro lado por una mejora en la recaudación, resultando una obviedad que lo que se viene es un aumento de los impuestos y más presión tributaria.

Tras todo esto, Javier Milei concluyó que el acuerdo era simplemente una porquería ¿no se habrá quedado corto? veremos los resultados.

Para terminar estimados lectores, tanto los liberales como la izquierda votaron en contra de este acuerdo entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional, la diferencia es que los Liberales sí quieren pagar la deuda y no creen que sea conveniente entrar en default, mucho menos con un Organismo como el FMI, sí quieren que los esfuerzos necesarios para poder pagar esa deuda recaigan mayormente sobre el sector público. Dicho en otras palabras, el ajuste lo tienen que pagar los que gastaron, derrocharon y destrozaron las cuentas públicas.

Necesitamos:

-         Que baje la presión tributaria,

-         Que se reduzca el gasto público y

-         Que liberalicen o privaticen sectores de la economía.

El acuerdo entre el gobierno y el FMI no solo no baja la presión tributaria, sino que la sube, no baja el gasto público, sino que lo sube y no liberaliza ni privatiza ningún sector de la economía. De hecho, el CEPO CAMBIARIO y los CONTROLES DE PRECIOS en muchos productos seguirán vigentes a partir de la firma de este acuerdo.

Aún falta mucho, pero es momento de ponernos a pensar en quiénes realmente nos representan y cómo queremos vivir los próximos años. El debate de esta semana es una muestra de cada una de las posturas de cara al 2023, tenemos que tenerlo muy presente.

Muchas gracias y hasta la próxima.


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