La lucha de poder
dentro del oficialismo de la que estamos siendo espectadores complica aún más
el ya dañado panorama macroeconómico.
El acuerdo con el
FMI fue aprobado en el Congreso de la Nación con la mayoría de los votos de la
principal oposición, y con la fuerte crítica y voto negativo del núcleo duro
del oficialismo.
El gobierno de
Alberto Fernández planteó la votación en el Congreso como si se tratara de
elegir solamente entre dos alternativas, aprobar el acuerdo o ir directamente
al default. La realidad es que había otras opciones, una de ellas era que el
Congreso rechazara el acuerdo y sin embargo a través de un decreto presidencial
el gobierno igualmente pudiera avanzar en su entendimiento con el Organismo
Internacional, otra alternativa era que el Congreso rechazara la propuesta y
por tanto se enviara otra distinta con un nuevo acuerdo con el FMI que implicara
reformas distintas y nuevos compromisos de parte del gobierno argentino para
poder hacer frente a la deuda.
Lo que ocurrió en
el Congreso, más precisamente en la Cámara de Diputados, muestra que la alianza
Frente de Todos se encuentra en una descarnizada lucha de poder entre el
peronismo y el kirchnerismo duro que representa su agrupación interna La
Cámpora.
Si bien hay puntos
del acuerdo controvertidos, como el estiramiento de los plazos de los
vencimientos, que dejaría una dura carga a la próxima gestión y un recorte de
subsidios que recaerá principalmente sobre la clase media, la única que siempre
paga el ajuste. En términos del historial de deuda argentina, es una señal
menos negativa que no haber acordado y entrar en cesación de pagos. No puedo dejar
de mencionar que pasaron dos años de la presente gestión y se sabía que requería
de un acuerdo con el Fondo y nada se hizo, todo acuerdo con el Organismo
implica un plan económico, hoy lo que tenemos es una autorización del Poder
Legislativo a tomar un crédito, nada más que eso.
El principal
problema de este acuerdo está ligado a que no se explicitan reformas
estructurales que vuelvan sustentable la macroeconomía, como si el nivel de
informalidad laboral y un sistema previsional con jubilados que no llegan a
cubrir una canasta básica, parecen no ser suficientes razones como para
intentar alguna reforma estructural de cara al futuro. Fuera entonces del
debate quedaron los recortes de impuestos, la rebaja de gastos, la reforma
laboral y previsional, la apertura económica, el tratamiento de la
independencia del Banco Central a fin de volver a tener moneda que permita a
los precios funcionar como señales de mercado.
Sin dudas, no está
en planes del gobierno realizar algún cambio de fondo, sino más bien se buscarán
poner parches y aguantar lo que más se pueda. El principal problema es que
tienen al enemigo adentro, boicoteando cada intento de evitar el choque contra
el iceberg.
El panorama
monetario es sumamente grave, transcurrido más de dos meses del año, la
inflación acumulada ya ronda el 10%, y sin acceso al crédito, sin dudas la
emisión monetaria nuevamente será la principal fuente del financiamiento del
déficit, fogoneando aún más la encendida inflación.
En este contexto,
el gasto privado interno (consumo e inversión) continuarán deprimidos, y las
exportaciones, principal fuente de divisas para el país, no podrá ser el motor
del crecimiento de la demanda dadas las nuevas restricciones que se imponen
todos los días para apropiarse de cada vez más producción. El panorama luce
complejo, pero el argentino tiene esa habilidad de adaptarse a todo.
La duda que queda
de cara al año próximo es qué modelo de país queremos. Claro está el propuesto
por Todos, no tan claro lo propuesto por Juntos por el Cambio, ya que desde lo
discursivo algunos de sus principales referentes se encuentran en las antípodas
ideológicas de otros referentes del espacio.
La opción más
sólida parece ser la liberal, sin embargo, es una fuerza muy joven, y está encontrado
la forma de construir poder más allá de algunos líderes personalistas. La posición
del arco Liberal fue muy clara en el Congreso votando en rechazo de este
acuerdo, las objeciones que los liberales le hicieron al proyecto pueden
resumirse en tres puntos distintos.
-Lo primero, que
el acuerdo no implica ningún compromiso de reformas estructurales para la
economía argentina.
-La segunda
objeción es que el gobierno al firmar el acuerdo se compromete a aumentar el
gasto público y también aumentar el endeudamiento.
-Y lo tercero, el
problema de seguir aumentando el gasto público fue claramente explicado por
Javier Milei en el Congreso, la idea del gobierno que a través del gasto público
incremente el PBI y que eso tenga como resultado un aumento de producción,
solamente sería posible en un mundo donde todo ese aumento de la demanda no se
tradujera en un aumento de los precios, sin embargo, lo que vemos en la
Argentina es que ese aumento del gasto público se financia con emisión
monetaria, con deuda y con un aumento de los impuestos, eso ha dado como
resultado 10 años de ESTANFLACIÓN, es decir, una economía que NO CRECE y que
tiene altísimos e inadmisibles niveles de INFLACIÓN.
La reducción del Déficit
Fiscal a la que se compromete el gobierno sin reformas y sin reducción de
gastos, va a venir de la mano de una disminución de los subsidios a los
servicios públicos y por otro lado por una mejora en la recaudación, resultando
una obviedad que lo que se viene es un aumento de los impuestos y más presión
tributaria.
Tras
todo esto, Javier Milei concluyó que el acuerdo era simplemente una porquería
¿no se habrá quedado corto? veremos los resultados.
Para terminar
estimados lectores, tanto los liberales como la izquierda votaron en contra de
este acuerdo entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional, la
diferencia es que los Liberales sí quieren pagar la deuda y no creen que sea
conveniente entrar en default, mucho menos con un Organismo como el FMI, sí
quieren que los esfuerzos necesarios para poder pagar esa deuda recaigan
mayormente sobre el sector público. Dicho en otras palabras, el ajuste lo
tienen que pagar los que gastaron, derrocharon y destrozaron las cuentas
públicas.
Necesitamos:
-
Que baje la presión tributaria,
-
Que se reduzca el gasto público y
-
Que liberalicen o privaticen sectores de
la economía.
El acuerdo entre
el gobierno y el FMI no solo no baja la presión tributaria, sino que la sube,
no baja el gasto público, sino que lo sube y no liberaliza ni privatiza ningún
sector de la economía. De hecho, el CEPO CAMBIARIO y los CONTROLES DE PRECIOS
en muchos productos seguirán vigentes a partir de la firma de este
acuerdo.
Aún falta mucho,
pero es momento de ponernos a pensar en quiénes realmente nos representan y cómo
queremos vivir los próximos años. El debate de esta semana es una muestra de
cada una de las posturas de cara al 2023, tenemos que tenerlo muy presente.
Muchas
gracias y hasta la próxima.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario