El mercado es una expresión que simplifica o resume millones de arreglos
contractuales. El mercado, en este sentido, no es un lugar, sino un proceso que
transmite información, por su naturaleza fraccionada y diseminada, a través del
sistema de precios y que está basado en la institución de la propiedad privada.
La propiedad privada implica el uso y la disposición de lo propio, lo
cual, en las transacciones, da lugar a los precios. Sin propiedad no hay precios, y por ende no resulta posible la
contabilidad, la evaluación de proyectos ni el cálculo económico en general.
Una de las razones centrales de la caída del muro de la vergüenza en
Berlín fue, precisamente, el caos
que necesariamente provoca un sistema sin precios. A su turno, la propiedad
privada resulta indispensable para asignar los siempre escasos factores
productivos:
Quien acierta en los gustos de su
prójimo obtiene ganancias y quien se equivoca incurre en quebrantos.
El proceso de mercado coordina millones de arreglos contractuales. Todos
los contratos, a su vez, presuponen la existencia de la institución de la propiedad y del sistema de precios.
Cuando los gobiernos interfieren en el mercado, los precios resultantes no
expresan las valoraciones de las partes y, consecuentemente, transmiten señales
falseadas que provocan operaciones equivocadas y mal guiadas, que no aprovechan
la estructura de capital, lo cual repercute negativamente en los salarios e
ingresos de la gente. No es que, necesariamente, haya maldad en el gobernante: es que inexorablemente hay ignorancia en
cualquiera que se arrogue la facultad de coordinar los millones de operaciones
que se producen en el mercado.
Siempre que se lo ha dejado funcionar, el mercado ha sido un proceso de
asignación de los siempre escasos factores productivos que permite consolidar
la buena marcha de la economía o, en su caso, rectificar rumbos en la buena
dirección. Los ejemplos más claros de esto los podemos ver en la
recuperación de las naciones en la pos guerra, especialmente en naciones de Europa
y desde luego Japón. A todo ello debe
agregarse la relativa apertura de las fronteras, lo cual facilitó grandemente
el comercio.
En resumen: el mercado es una institución que permite conocer las valoraciones
de la gente y asignar eficientemente los recursos disponibles a través de la
coordinación del conocimiento, necesariamente disperso y fraccionado.
Los mercados
civilizan:
Para argumentar esta afirmación voy a tomar un hecho de la realidad que
seguramente todos conocen, de ésta forma
lo van a comprender, dada la jerarquía
de mi expresión “Civilizan”.
Dady Brieva y Miguel del Sel son dos humoristas argentinos, famosos por
formar el trío Mi-Da-Chi, que hizo reír a cientos de miles a lo largo de 20
años. Miguel del Sel es un militante del macrismo, Daddy Brieva un reconocido
kirchnerista.
Hace unos años, fue Brieva el que, producto de las diferencias de opinión
que tenía con su colega, realizó la siguiente reflexión:
“Si hablamos de
política, si nos peleamos, se pudre todo, y no vendemos entradas”
Tomé esa frase como una reivindicación de “cómo el comercio civiliza a la gente”. Es que, en esencia,
una actividad comercial mejora a ambas partes, incluso cuando éstas no tengan
nada en común. Mediante la pacífica actividad comercial de “dame esto que yo valoro y yo te doy esto
que vos valoras más”, los seres humanos dejamos de lado prejuicios de
raza, religión, color e ideas políticas, para satisfacer las necesidades del
prójimo.
No me importa si sos kirchnerista, hagamos el show y ganemos plata, que es
más importante. De paso, la gente también se ríe y recibe un beneficio por su
pago…
No me importa si sos negro o blanco, solo sé que sos buen mecánico y
necesitaba que alguien me arreglara el auto a un precio conveniente…
No existe mecanismo en el mundo con
mayor poder de integración y paz que “el comercio”
Nadie entra, de hecho, en una relación comercial, si no espera de antemano
ganar con ella.
Esto explica el éxito de plataformas como Mercado Libre, Amazon o E-Bay, que hoy en día han puesto en jaque a
todo tipo de tiendas y negocios tradicionales. Dado que la preferencia de millones de consumidores en el planeta está
cambiando, y éstos prefieren ahorrar tiempo y dinero comprando “desde la
comodidad del hogar”. Las empresas de venta online están en auge hace
años.
Esto, obviamente, no tiene nada de
malo. De hecho, solo podemos admirar la capacidad de estos nuevos
emprendedores para detectar y satisfacer tan bien una necesidad creciente de
los consumidores.
Si los accionistas de Mercado Libre son hoy mucho más ricos de lo que eran
hace uno, dos o cinco años, es resultado
de que miles y millones de nuevos usuarios se han beneficiado de su
servicio.
Es que en el mercado libre (con minúscula, esta vez), es simple cómo
funciona la cosa. Si quieres enriquecerte? Apórtale algo de valor al resto.
Tan simple como eso.
Lamentablemente, no pasa esto cuando el mercado se extingue o se ve
afectado
Es lo que estamos notando en la actualidad mediante la violencia, como método, del Sindicato de
Transporte –léase los Moyano- contra la empresa Mercado Libre bloqueando los
centros de almacenamientos que la empresa tiene. Esto me hace reflexionar, si le convalidan el método de la violencia,
el mando y la subordinación, descenderemos un escalón más hacia la barbarie, ya
que todo esto nada tiene que ver con las leyes del mercado, sino justamente
todo lo contrario. La que sale perdiendo es la Civilización que se logra cuando
los mercados actúan.
Muchas gracias y hasta la próxima.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario