En
esta oportunidad les quiero presentar una explicación según el gran maestro de
Chicago y premio Nobel de Economía del
año 1976, me estoy refiriendo a Milton
Friedman, que nos explica que hay “cuatro
formas diferentes de gastar el dinero”, es muy importante entender las
distintas implicancias que cada una de ellas
tiene. Las distintas formas son definidas en función de:
Quién
aporta el dinero para pagar la cuenta? y
Quién
es el beneficiario de dicho gasto?
A
partir de esto que parece tan sencillo, es muy bueno poder analizar porque es
parte de nuestras vidas y poder entenderlo seguro nos va reportar muchos
beneficios. Como siempre les dejo un
marco conceptual para lograr una reflexión en forma de conclusión.
1)
Gastar tu propio dinero, en ti mismo
Cuando
uno gasta su propio dinero en uno mismo, uno es muy cuidadoso; se fija muy bien
en qué gasta, asegurándose de obtener lo máximo por cada peso. Es decir, uno
busca realmente el mejor acuerdo posible, y lo encuentra. Además, se parte de
una situación indudablemente cierta, lo que uno busca es lo que desea, y lo que
encuentra termina ajustándose a sus necesidades.
2)
Gastar tu propio dinero, en otro
Cuando
uno gasta su propio dinero en otro, uno es cuidadoso con la cantidad a gastar,
es decir uno se fija en no gastar de más. Sin embargo, uno no se preocupa
excesivamente por cuánto obtiene el otro de la compra recibida. Uno no se
preocupa ni pone la misma pasión como cuando es para uno mismo, aunque también
hay que admitir que uno tampoco tiene el mismo conjunto de información que
tiene cuando gasta para sí mismo. Es decir, uno irremediablemente conoce menos
de la preferencia del otro que de las preferencias propias (al margen que la
utilidad directa asociada al gasto es menor), lo cual conduce a que el gasto en
terceros sea menos eficiente que el gasto en uno mismo.
Esta
situación se da cuando hacemos regalos. Algo útil, algo razonable, pero sin
duda no pones la misma pasión (ni tienes tampoco la información suficiente) que
si gastases ese mismo dinero en comprar algo similar para ti. Quieres que le
guste el regalo, por supuesto, pero tu felicidad directa no depende de cuán
atinado sea lo comprado. Así, por ejemplo intentas que no te lleve mucho tiempo
o esfuerzo encontrarlo, ¿verdad? Porque no importa tanto lo que compras para
otros como lo que compras para ti mismo.
3)
Gastar el dinero de otro, en ti mismo
Cuando
uno gasta el dinero de otro en uno mismo, uno se asegura de obtener buenos
productos por lo que uno gasta. Uno se fija que lo adquirido sea realmente de
calidad y satisfaga con precisión las necesidades de uno. Uno tiene información
completa para poder llegar a eso, ya que uno mismo conoce a la perfección sus
propias preferencias. Sin embargo, uno no se va a preocupar demasiado de
adquirir las cosas baratas o a buen precio. A uno no le va importar gastar de
más. Pagar caro.
En
este caso se produce una maximización del gasto, se cae en el derroche ya que no hay costo asociado a ello.
Cuando no se paga la cuenta, por ejemplo, en un restaurante, se presta más atención en la parte de la izquierda de la carta (opciones de menú y de bebidas), sin tener en cuenta la parte derecha de la carta (precios de cada menú y de cada bebida).
4)
Gastar el dinero de otro, en otro
Cuando uno gasta dinero ajeno en otros, uno se convierte en un “distribuidor de fondos del bienestar”. En este caso se da la peor situación de todas, es decir, no hay el incentivo para minimizar el gasto y economizar, ni tampoco hay información como para gastar en lo que más satisface al consumidor y más incrementa la utilidad. Puede haber gente que intente hacer realmente lo mejor que pueda con dinero ajeno, pero jamás podrá tener el nivel de cuidado como si fuera su propio dinero, o el nivel de pasión, dedicación y conocimiento como si lo gastara para sí mismo y no para otros.
Aquí
un diagrama que ilustra lo planteado por Friedman:
Es evidente que la forma más justa y más eficiente de gastar y gestionar el dinero es cuando uno es dueño de él y lo usa en su beneficio personal.
En
los otros casos, o bien se malgasta dinero o bien se descuidan los resultados
de lo que se obtiene con ese dinero.
El
Gasto Público, que es una
intervención binaria, es la peor forma de gastar dinero porque no es otra cosa
que gastar dinero ajeno en terceros, es decir se gasta sin economizar, se gasta de más y sin procurar el máximo
valor. Se gasta sabiendo que dichas erogaciones no pueden maximizar la
utilidad de los receptores; aunque los políticos nos quieran hacer creer lo
contrario, y digan conocer en qué
consiste el bienestar de los terceros y como alcanzarlo. Algo imposible a todas
luces. Además, los gastos gubernamentales están financiados por un acto que
podemos calificarlo como violento (los impuestos), o alguno los paga voluntariamente?, ya que constituyen un traslado coercitivo de
recursos de los productores privados a los usos que prefieren los funcionarios
de gobierno.
En definitiva, a partir de la
clasificación realizada por Friedman, que
la podemos ver, tanto en lo público como les mencioné
lo referido al Gasto Público (la peor de todas) y con total seguridad en el plano privado. De manera
tal que estas cuatro formas distintas de gastar el dinero las encontramos en todos
los actos de nuestras vidas.
Desde siempre atrajo mi atención y en esta oportunidad me
tomé el atrevimiento de compartirlas con ustedes y con mucho gusto desarrollar el marco conceptual para su mejor entendimiento y reflexión, para poder evidenciar cuál es la mejor forma y cuál
es la peor forma de gastar el dinero.
Muchas
gracias y hasta la próxima.

Gracias Mario!!!
ResponderBorrarExcelente info!!!
Mario
ResponderBorrarMuy interesantes ejercicios y didácticos para entender la conducta humana, en este caso con el uso del dinero en sus distintas variantes.
Te felicito
Muy bien Contador
ResponderBorrarGracias Mario...
ResponderBorrarGracias Mario...
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