La decisión del
gobierno de poner un impuesto a la riqueza reincide sobre la
equivocada política fiscal del país.
La “paradoja
argentina” (dicho o hecho que parece contrario a la lógica), que es aquella
obsesión por subir constantemente los impuestos y siempre recaudar menos que
otros países más atractivos fiscalmente.
Argentina tiene la mayor carga fiscal a empresas y trabajo de la región y
recauda menos porque expulsa talento y riqueza con una política fiscal y
monetaria extractiva y confiscatoria.
La extracción
constante de rentas productivas, sea de la inversión, el empleo o el comercio
internacional para mantener un gasto público disparatado e ineficiente, es una
de las principales causas por la que un país rico y con potencial como
Argentina es hoy pobre y lleva años en estanflación o recesión. Y va camino a
convertirse en más pobre cada año que pasa, con una tasa de pobreza ya del 50%
de la población.
El impuesto a la
riqueza propuesto no es diferente. Vuelve a incidir en esa visión extractiva y
confiscatoria de la economía.
No sirve
para recaudar, no crea incentivos adecuados y además no promueve la
distribución de la riqueza sino todo lo contrario.
Ahora bien, qué hacen
los otros países?
En la Unión Europea se
ha eliminado en casi todos los países porque genera muy poca recaudación y
expulsa mucha inversión potencial. El
impuesto sobre el patrimonio y el de sucesiones y donaciones han sido eliminados (remarco “eliminados”) en
la inmensa mayoría de países por su nulo efecto en la reducción del
déficit, baja recaudación, pero a su vez enorme impacto negativo en el
atractivo inversor del país. La tendencia normativa europea ha sido la eliminación total o, en algún
caso, a una aplicación residual.
En concreto, en lo que
respecta al impuesto sobre la riqueza, España es una excepción en la UE, ya que
es el único país en el que aún se aplica, después de que Francia lo suprimiera
a partir del 1º de enero del 2018.
La evidencia en toda la OCDE (Organización para la Cooperación y el
Desarrollo Económicos) es que es un “impuesto nefasto” en cuanto a capacidad
recaudatoria y sin efecto positivo real.
Los países de Europa
descubrieron que los impuestos a la riqueza aceleraban la fuga de capitales,
salida de empresas y además recaudaban muy poco.
Primero, no financia los servicios públicos ni las ayudas sociales.
Si miramos a la lista
de países que mantienen un impuesto a la riqueza, consiguen recaudar entre un
0,07% y un 0,44% del PIB.
En un país como Argentina, donde el
gasto público (más alto e ineficiente de la región) se ha disparado a un 45%
del Producto Interior Bruto incluyendo provincias y municipios, es irrelevante
en ingresos, si consigue recaudar algo en un país ya devastado por una
fiscalidad altísima
Solo existe un país
que recaude un 0,98% del PIB y es Suiza, pero es un país líder en libertad
económica y facilidad para hacer negocios. No como Argentina que es uno de los
más bajos en esos rankings, y en Suiza la fiscalidad para el capital, la
inversión, la renta y el empleo es muy atractiva y su legislación se centra en
atraer capital e inversión mundial.
La situación en América Latina:
Hasta el momento, solo
en tres países de América (continente que incluye 35 países) existe un impuesto
al patrimonio, los bienes personales o la riqueza. Se trata de Argentina (que
tiene la tasa más alta y el mínimo imponible más bajo), Colombia y Uruguay.
Argentina alcanzó el triste récord
de ser el único país en el mundo que grava el patrimonio de las personas no
una sino dos veces.
Adicionalmente,
también en dos países se están discutiendo cambios en la materia que son Perú y
Chile.
Respecto del primero
de estos proyectos (el de Perú), entiendo que el mismo no cuenta con los votos
necesarios para su aprobación, aunque, en materia política, la situación en
Perú es siempre incierta e impredecible. En Chile tienen notables diferencias
con el de Argentina. Para mencionar una, el mínimo no imponible en Chile se colocó en
USD 22 millones (similar al que existe en Estados Unidos para el impuesto a la
herencia y en línea con lo que se considera una gran fortuna a nivel bancario).
Finalmente, en Chile existe seguridad jurídica, con lo cual es altamente
probable que este impuesto “extraordinario” y “por única vez”, realmente lo
sea. En Argentina existen numerosos ejemplos de impuestos que se aprobaron por
un plazo determinado y se prorrogaron por décadas.
Segundo, incentiva la salida de capitales y fuga de empresas.
El impuesto sobre la
riqueza grava activos no líquidos y no vendidos, por lo cual debe ser pagado
con rentas líquidas, lo que equivale a elevar el gravamen a la renta de los
contribuyentes más ricos. Dado que Argentina ya tiene una de las fiscalidades
más agresivas de la región para las rentas altas, simplemente llevará a los
pocos que quedan a desplazarse a otro país, ante la imposibilidad de pagar un
impuesto calculado sobre una valoración gubernamental de una riqueza no liquidada.
Hacer pagar sobre activos no liquidados
que vienen de actividades que ya pagaron impuestos y que ya tienen una
fiscalidad alta es simplemente una forma de expropiación.
El impuesto sobre la
riqueza además de hacer pagar en líquido sobre activos no liquidados, introduce
una valoración subjetiva decidida por el que recauda, el gobierno, y supone un
ejercicio de confiscación al gravar a activos y patrimonios que son el resultado
del ahorro e inversión generados después de pagar decenas de impuestos.
Lo triste de todo esto
es que se hará, será un fracaso sin paliativos, hará a Argentina un país
todavía más pobre y con menos entrada de inversión y empleo, pero los políticos
seguirán diciendo que recaudan poco y que tienen que subir más los impuestos.
La paradoja argentina de siempre: Cuanto más suben los impuestos más
reduce su potencial de crecimiento
Estimados lectores,
les quiero hacer llegar dos reflexiones finales. En primer lugar, este impuesto
se va pagar con pobreza futura porque va contra el ahorro y la
inversión. La economía es un sistema de
vasos comunicantes, los creadores de este impuesto (Carlos Heller, Máximo Kirchner
y Fernanda Vallejos) creen que este impuesto lo sufren quienes lo pagan, es
un error, este impuesto lo pagan los ricos pero lo sufren las personas que
los ricos no van a contratar por pagar este impuesto. Y en segundo lugar, respecto
del argumento de que no se trata de una discusión muy relevante porque estamos
ante un Aporte Extraordinario que se va a pagar una única vez, les
recuerdo que:
- el Impuesto a las
Ganancias, se aprobó por un
año en 1932;
- la última suba en la
alícuota del IVA (del 18% al 21%), se
aprobó en 1995 y debió estar vigente solamente por un año;
- el Impuesto a los
Bienes Personales (1991) nació con
una vigencia de nueve años y este año cumple 30; y
- el Impuesto al
Cheque fue establecido por ley en 2001 para estar vigente hasta diciembre de 2002.
Este impuesto debería
haber sido vetado por el Presidente
Alberto Fernández, porque es la expresión más evidente de la debilidad del presidente que de la necesidad de
recaudación. Ninguno de sus referentes económicos de siempre le habrían
aconsejado este impuesto, me estoy refiriendo a Roberto Lavagna, Guillermo
Nielsen, Martin Redrado y hasta el
propio Matias Kulfas. Este impuesto es contra el presidente no contra los
ricos. Tenía una oportunidad para demostrar su liderazgo vetando este impuesto
y la dejó pasar, con lo cual queda todo dicho quien lleva el poder en la
Argentina.
Por último, si bien
todo puede cambiar, la historia nos muestra que es más probable que el impuesto
extraordinario a las grandes fortunas permanezca en el tiempo, el mínimo que
determina su imposición no se actualice y lo terminen pagando quienes tengan un
departamento de dos ambientes.
Muchas gracias y hasta la próxima.

Hay una posibilidad de bajar el gasto público, para bajar la carga impositiva sin producir más pobreza o un enfrentamiento entre pobres. O una guerra para sacar políticos del poder.
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