El abogado, político y economista, Juan Bautista Alberdi,
decía que no podía haber ciudadano que se gobierne así mismo, donde el poder
del Estado lo gobierna todo y que para crear riqueza en una nación era
necesario que se les enseñe a los hombres a ser fuertes y libres. En otras
palabras, donde habita el exceso de intervención, escasea el
crecimiento económico. Lamentablemente, la Argentina es un ejemplo
claro de ello. Argentina no crece hace más de una década, la última vez que
tuvo inversión neta positiva fue en el 2007 con Néstor Kirchner, pero el
crecimiento alcanzado fue producto de una recuperación cíclica después de la
tremenda caída por la crisis del 2001/2002.
¿Qué significa inversión neta positiva?
Es la inversión que agranda la capacidad de producción. Entre el 2008
y 2014 la inversión neta fue igual a cero, se invirtió lo mínimo y
necesario para mantener el stock de capital que había, pero la población crece
al 1,1% anual y se necesita incorporar a los jóvenes al mercado laboral, el
sector privado se achica por falta de inversiones porque se ahuyentan
capitales. Estamos a las claras ante un problema muy serio. A partir del 2015 se empezó a destruir
capital, hay menos empresas, menos máquinas, no se mantuvo el capital. En
la actualidad las empresas que sobrevivieron se consumieron el capital de
trabajo para poder pasar la cuarentena. Pero esto ya lleva doce años, con lo
cual la economía tiene un problema muy grave. Argentina, sacando Vietnam,
Venezuela y Cuba tiene los problemas económicos y sociales más grandes del
mundo. Esta magnitud de problema nos hace entender que la solución tiene
que ser mediante reformas estructurales enormes, muchísimo más grandes que las
que aplicó Menem a principio de los noventa.
Se destruye capital y como consecuencia de ello destruye riqueza, cada
vez tiene menor capacidad de producción, por lo tanto, genera cada vez menos
bienes y servicios. Argentina tiene un problema de oferta, como consecuencia
de esto, contrata cada vez menos trabajo, es decir también destruye trabajo. De nuevo, si destruimos trabajo con una
población que aumenta en su cantidad, la conclusión es que los salarios o el
poder adquisitivo de los salarios es cada vez más bajo, retroalimentando
negativamente el círculo vicioso. Tenemos un problema de oferta y los
organismos del Estado con sus políticas tratando de incentivar el consumo, “no
van a generar más producción sino más inflación”, precisamente porque no
hay oferta.
¿Cómo se revierte esto?
Para poder cambiar, lo que se necesita es inversión y así volver
a tener acumulación de capital y que se expanda la frontera de producción. Se
produzca más, se genere riqueza y como consecuencia de todo esto haya más demanda
de trabajo. Las empresas tienen que ganar dinero y tener rentabilidad porque
nadie invierte para perder plata.
Para llevar a cabo todo esto, lo primero que necesitamos es que haya
ahorro. El déficit fiscal de
Argentina este año va cerrar en el orden del 6% del PBI, aquí ya tenemos un desahorro
del 6%, si le agregamos el cuasi fiscal del Banco Central redondeando un 4%
más ya tenemos un 10% de déficit fiscal entero y bien medido como mínimo,
propio de las grandes crisis de la historia argentina. Todas tienen
origen fiscal, el “Rodrigazo” estalló con 14 puntos de déficit fiscal en
términos del PBI, la "tablita cambiaria" en el 82 con 11%, la hiperinflación
de Alfonsín en el 89 con 8%, y la convertibilidad en el 2001-2002
estalló con 7%.
¿Cómo se financia ese desahorro?
Primero con emisión monetaria que es más inflación atentando
contra los ahorros, contra la acumulación de capital e inversión en el sector
privado. Segundo con deuda, que es ahorro del sector privado que va al
sector público, entonces tenemos menos ahorro en el sector privado para
invertir. Con el pequeño ahorro que le
dejan al sector privado ¿Qué hace? En este país que tiene cada vez más
impuestos y más regulaciones porque antes tiene cada vez más alto el gasto público, “se lo lleva”, y hace
bien en llevárselo porque si no se lo lleva, el Estado se lo consume, porque lo
tercero es incrementar impuestos.
La consecuencia de esto es menos ahorro, menos inversión y cada vez más
pobres. Hay que identificar el nudo del problema.
¿Cuál es el nudo del problema?
El tamaño del Estado. Argentina tiene un
sector público que pesa un 45% del PBI, es un sector público como los países
europeos. Pero uno tiene que ver con qué mantener ese tamaño del Estado. El
PBI per cápita de Argentina es de 8.000 dólares anuales, los europeos mantienen
ese tamaño del Estado con un PBI per cápita de entre 35.000 y 45.000 dólares
anuales. Es decir, generan 5 veces más de lo que generamos nosotros, por
eso lo pueden mantener.
Pero esto no termina aquí, Argentina tiene un 40% de la economía no
formal (en negro), de manera tal que si hacemos un cálculo simple, el 45%
sobre el 60% (que está en blanco: 0,45/0,60=0,75), eso nos da que el peso
del gasto público sobre los que pagan impuestos, es decir la economía formal es
del 75%, convirtiendo a los ciudadanos en verdaderos esclavos. Esa es la
verdadera presencia del Estado en la economía.
Como si esto fuera poco, tenemos el gasto público con la mayor
ineficiencia con un 7% del PBI, se gastan recursos que no tenemos y no se
sabe en qué, por eso es tan ineficiente o se filtrará por algún lado
(corrupción y robo). Hay que hacer una reforma del Estado de manera urgente.
¿De qué magnitud?
Hay que bajar el gasto público en 12% del PBI. Parece una locura
en estos momentos, pero si bajamos el gasto público en 12%, volvemos al tamaño
del estado del 2008/2009. A partir de esos años Argentina detuvo el
crecimiento, con lo cual podemos afirmar que tenemos que ir hacia ese tamaño de
Estado, en una primera fase de las reformas, después hay que continuar con
otras.
Sino se hace eso de forma urgente y prioritaria, no hay ningún sentido
hablar de reforma tributaria, del Banco Central, de reforma laboral, de
reestructuración de deuda. Nada de todo esto tiene sentido si no se reduce primero
el tamaño del gasto público. Ahora ¿Algún político va a hacerlo? Si a los
hechos nos remitimos la respuesta es “ninguno”.
¿Por qué?
Estamos muy lejos de haber cambiado la mentalidad colectivista de la
Argentina, que por otra parte refleja una tendencia mundial. En el presente, y
en el futuro inmediato, el liberalismo clásico ha perdido la batalla cultural
contra el colectivismo.
El problema que lo que está de moda en el mundo hoy es “más socialismo”. Un político argentino va ir en contra de lo que hacen todos los
políticos del mundo, la respuesta es “no”. Reducir el gasto público es ir
contra sus privilegios, otra cosa que no están dispuesto a hacer.
Argentina va a estar más complicada en 2022 y 2023 de lo que está hoy.
El próximo gobierno no sé si lo va a arreglar, porque Macri tampoco lo hizo en
2016 y 2019.
Con lo cual la situación es de suma gravedad a diferencia de otras
crisis, la más reciente que tenemos fue la del 2001-2002, es muy común escuchar
“estalló todo”. Entonces la pregunta es ¿Estamos como en el 2001, esto estalla
de nuevo?
Para contestar esta pregunta voy a empezar por el final. Las crisis
dejan alto endeudamiento estatal, devaluación, inflación, pobreza e indigencia en
niveles muy altos. Pues bien, todo esto ya lo estamos viviendo ¿quiere decir
que esto ya explotó? Acá tenemos que hacer una distinción “explosión”
es lo que ocurrió en 1989-1990 y en el 2002, es el “estallido social” provocado
por un fenómeno monetario, destrucción de la moneda, hiperinflación y
destrucción del sistema bancario. Lo que está pasando en Argentina es una “implosión”.
¿Qué es una implosión?
Es lo que estamos viviendo y sufriendo desde hace más de 10 años y cada
vez en forma más acentuada. Lo que provoca “estallidos” es la economía
monetaria con la inflación, el sistema de cambio y los bancos que quiebran.
Ahora no va a haber un “estallido”, lo que vemos es que el índice de pobreza e
indigencia crece cada vez que es medido y se destruye la clase media. La “implosión”
es una lenta, continua e inevitable decadencia en la que los gobiernos pueden
evitar los estallidos, pero no son capaces de cambiar lo que hace décadas
funciona muy mal y no funciona más.
¿Cómo salimos de esta decadencia?
Haciéndole caso a Alberdi. Debemos apostar por la libertad y la
fuerza de empuje de los argentinos. Teniendo como prioridad la reducción
del gasto público, para después encarar las reformas que permitirían
incrementar los recursos destinados a la inversión y hacerlos más eficientes.
De esta forma revertiríamos el deterioro de la productividad de la inversión
que estamos observando en los últimos años (población creciente e inversión
negativa) y podríamos volver a crecer.
Por otro lado, el sector financiero se volvería más eficiente, pudiendo
así promover el ahorro y la asignación eficiente de recursos. Hoy su tamaño es
pequeño, con una participación excesiva del financiamiento al gobierno (el
sector privado se queda con solo 1 peso de cada 5 de crédito disponible) y
una canalización ineficiente de recursos a proyectos productivos.
Por último, favorecer el avance tecnológico a través de la introducción
de nuevos procesos productivos, nuevos mercados, debemos comerciar con el mundo
no solamente pedir crédito.
En conclusión, si Argentina quiere volver a crecer debe ordenar
prioridades, “primero reducir el gasto público”. El tiempo es
un factor escaso y a nosotros se nos está acabando. Las políticas
intervencionistas no sólo no han funcionado, sino que provocaron una serie de
distorsiones estructurales. Ya no hay margen para continuar por el mismo
camino, luego de la fase de estancamiento entramos en la caída. El
intervencionismo estatal es la distancia más corta entre la prosperidad y la
pobreza. Debemos mirar al futuro,
comprometernos como ciudadanos en el cambio y construir entre todos un país
lleno de oportunidades a través de la libertad.
La prosperidad se logra cuando individuos libres inventan, crean,
ahorran, invierten e intercambian voluntariamente bienes y servicios para
beneficio mutuo. No se crea con gobiernos estatistas que te manejan la vida.
Muchas gracias y hasta la próxima.

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