Argentina es uno de los países más ricos del mundo. Adicionalmente,
tiene un capital humano muy valioso, en parte tristemente esparcido por el
mundo.
¿Qué le pasa a Argentina para que la pobreza sea del 48% y un 20%
adicional esté al borde de caer en ella según la Universidad Católica Argentina
(UCA)?
Argentina es un país donde se escucha constantemente criticar al “Neoliberalismo”
(nadie lo puede definir) y exigir más intervención cuando el país está siendo
devastado por la inflación y el clientelismo extractivo implementado por
gobiernos cada vez más intervencionistas. Neoliberalismo podríamos asociarlo a
Liberalismo, si tenemos cada vez más intervención, la acusación es totalmente
incorrecta.
Argentina es uno de esos tristes casos de un país con enorme potencial
que está siendo hundido por un sector político que niega los elementos que
destruyen su economía: Una política monetaria destructora y una política
fiscal confiscatoria.
Argentina es un país rico lleno de pobres porque la política confisca la
riqueza vía monetaria con la inflación, el impuesto de los pobres, y una
fiscalidad simplemente que ahoga al sector productivo.
¿Qué tiene que hacer Argentina para salir de este círculo que lleva al
país a caer en la estanflación en los buenos tiempos y en depresión en épocas
de recesión?
Primero, abandonar ya la política equivocada del Banco Central de la República
Argentina. Los argentinos e inversores internacionales no aceptan pesos, y no
es porque sean tontos o malvados, sino porque tienen la certeza de que se va a
hundir el poder adquisitivo de la moneda con una de las políticas monetarias
más devastadoras del mundo, solo comparable a la venezolana.
Esa política monetaria ha hecho que el peso pierda el 98% de su poder
adquisitivo en los últimos diez años y que la inflación en 2021 supere el 50%
en los últimos doce meses.
Ninguna familia o negocio puede sobrevivir a una moneda que hunde así
los salarios reales y los ahorros. Se
sigue culpando al neoliberalismo de esta aberración, en un país rico donde la
inflación de los países cercanos no llega al 5% es una falacia y un engaño.
El presidente Alberto Fernández dijo recientemente que “ha llegado la
hora de entender que el capitalismo no ha dado buenos resultados” y lo dice
en un país donde se ha destruido el más mínimo atisbo de libre mercado,
competencia e incentivo al crecimiento con el intervencionismo más absurdo y
agresivo de la región.
El problema de Argentina nunca ha sido el capitalismo, sino un
estatismo extractivo que ha elevado el gasto político a niveles estratosféricos
mientras destruía la posibilidad de crear empleo del sector privado con una
fiscalidad confiscatoria.
En Argentina no queda el más mínimo destello de capitalismo y se ha
impuesto un sistema de incentivos perversos donde el Estado fagocita cualquier
atisbo de riqueza productiva para perpetuar un sistema ineficiente que, además,
aumenta la pobreza y empeora el potencial de crecimiento.
El sistema económico argentino nos demuestra que el intervencionismo no
solo no genera mejor crecimiento y empleo, sino que multiplica la pobreza y
destruye puestos de trabajo.
Argentina en el año 1974 tenía:
4% de pobreza y el peso del Estado en
la economía era del 15%
¿Qué pasó en todos estos años?
El Estado se multiplicó por 3,
es decir, pasó a pesar un 45% en el PBI y la
Pobreza se
multiplicó por 12 llegando al 48%.
Está todo dicho que el camino no es por acá.
El PBI no se expande desde 2011. En el 2021 el PBI per cápita está 15% más
abajo que lo que teníamos en el 2011 producto de que lo que creció fue solo la
población.
En los últimos 10 años se perdieron 225.000 puestos de trabajo, el
salario real es igual al del 2004. Más de 6 millones de argentinos trabajando
en negro sin ningún tipo de cobertura de salud y por accidentes de trabajo.
¿Qué consecuencias tiene todo esto?
Lo primero que provocan estas políticas populistas es que las familias
ricas se vayan, después siguen las multinacionales, las empresas más chicas,
los jóvenes profesionales y por último se va el que puede. Venezuela está en esta
última etapa que es: “se va el que puede”, en Argentina se fueron los ricos,
las multinacionales y se está yendo la gente más capacitada.
¿Cómo se detiene esto?
Hay una sola forma que es con CRECIMIENTO ECONÓMICO. Para lograrlo es necesario invertir y para que haya inversión primero
tiene que haber ahorro, pero con un Estado que lo único que genera es
déficit fiscal, lo primero que destruye es justamente el ahorro y absorbe todo
el crédito disponible.
La inversión va donde hay RENTABILIDAD y SEGURIDAD JURÍDICA. La
violación al derecho de propiedad implicado en los impuestos la ahuyenta,
descapitaliza, baja salarios y hace que los proyectos de inversión rentables
sean inviables por causas exógenas al mercado.
El único camino para incrementar el poder de compra de los trabajadores
o salario real es la creación de más empleos productivos, no falsos empleos en
el gobierno o planes sociales, que para pagarlos toman dinero de los impuestos.
Un país emergente, como es Argentina, con un Estado sobredimensionado
jamás se desarrollará.
La contracara para encausar una solución es “la política”, tenemos
elecciones este año, primero las PASO y después las Generales. Estamos
siendo testigos de una campaña política ausente de propuestas y muy vacía de
contenido que nos condujo a que:
“Muchos argentinos no es que no
tienen el voto definido, mucho peor todavía, no tienen definido si van a ir a
votar”
Marca un claro disgusto con la clase política.
¿Por qué se da esta situación?
Porque la agenda de la política es muy distinta a la de la gente que
tiene problemas reales como despidos, cierres de comercio, sequía, caída de
ventas, inflación, industria del juicio, presión fiscal creciente. De modo
tal que la campaña se planteó políticos hablándole a otros políticos, muy
lamentable.
Llegó la hora de aplicar políticas de sentido común. Bajar el gasto
público para bajar impuestos, reformar las leyes laborales para los nuevos
empleos, abrir la economía al mundo para poder comerciar. La obra pública tal
como está planteada es un antro de corrupción de modo tal que debe ser
eliminada. Ley de Coparticipación, otra ley que debe ser eliminada, que cada
provincia gaste en función de los recursos que genera y por último eliminar el
Banco Central, de esa forma se terminaría con años y años de inflación, los
opositores a esta última medida manifiestan, “se terminaría con la
inflación, pero no con el déficit fiscal”. Pues bien, eliminen del gasto público
todas las ineficiencias y filtraciones (forma elegante de definir el robo) y
van a ver cómo se termina el déficit y pasamos a tener superávit. De esa forma
no necesitamos emisión ni tampoco Banco Central, pero algo mucho mejor todavía,
al eliminar el déficit fiscal nunca más vamos a tener deuda. Todos discuten
la deuda, pero nadie discute sus causas, es que a los políticos no les
conviene discutir sobre las causas. Queda más que claro que la agenda de la
política es muy distinta a la agenda de la gente.
Los argentinos debemos reaccionar porque la clase política se preocupa
más por sus cargos y sus sueldos que por la realidad de la gente. Es necesario
salir de la terquedad en seguir creyendo en que el “Estado Presente” nos dará
bienestar y crecimiento. El Estado solo nos puede dar retroceso,
subdesarrollo, pobreza, inseguridad y decadencia.
Tenemos que ir hacia un camino de respeto a la vida, a la libertad y a
la propiedad y eso no es otra cosa que “Liberalismo”. Siendo la vida y la libertad derechos naturales y la propiedad privada
el insumo fundamental para el desarrollo personal y el progreso de una nación.
Por último, mencionar que esto “no es antisistema” como se lo quieren
tildar. Abrazar esos valores que son en los que se basó nuestra Constitución
de 1853, que es justamente el sistema que debemos exigir que se aplique. No
es un voto estratégico, es un voto de valores para que de una vez y para
siempre Argentina se transforme.
Muchas gracias y hasta la próxima.

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