domingo, 12 de diciembre de 2021

La economía ya no tiene tiempo:

Más allá del relato oficial, no será este un fin de año con buenas noticias. La pobreza no cesa, la inflación reprimida y en niveles récord, déficit energético, con un pasivo enorme en el sistema previsional, un sistema educativo deplorable, desempleo bien medido por encima del 25%, las inversiones y la generación de empleo que no son una realidad y los dólares que ya prácticamente no se encuentran en las arcas del Banco Central, o al menos eso es lo que muestran sus números.

Estamos a días de tener que cumplir con el último vencimiento del año con el FMI: algo más de 1.800 millones de dólares que se irán sin fecha de regreso a la espera de un acuerdo con el organismo que nos permita refinanciar cerca de 45.000 millones de dólares, refinanciación ésta que será acompañada con algunos años de gracia para que seguramente dentro de algún tiempo no muy lejano volvamos a incumplir, obligándonos nuevamente a tener que renegociar lo que se pacte también en esta oportunidad. Argentina padece de incumplimiento crónico.

¿Qué significa el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?

El posible acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no es el fin del camino, sino apenas el principio. Si bien el final feliz con el organismo debe llevar consigo un plan que implique la posibilidad de que en algún momento podamos hacer honor a nuestros compromisos, sabemos que esto será un cúmulo de buenas intenciones que no resolverán los verdaderos problemas del país. Hay que tener en cuenta que vamos a negociar con el que nos presta a tasas de interés mas bajas y seguramente nos van a dar más plazo y períodos de gracias. Cualquiera se preguntaría ¿Qué es lo que se está negociando? Es que a pesar de todo eso, no podemos pagar. Lo que se acuerda con el Organismo son condiciones para que Argentina vuelva a insertarse en el mercado de capitales y de esa forma acreedores privados y Organismos Multilaterales nos puedan volver a prestar. Tengamos en cuenta que llegamos al Fondo porque nadie nos quería renovar nuestros compromisos. Por eso, cuando uno ve  determinadas expresiones de la coalición gobernante y de la izquierda que hay que echar al Fondo Monetario, claramente no entienden el problema. El Fondo es la consecuencia de la aplicación de políticas de control de precio, déficit fiscal, emisión monetaria, inflación, que hacen que el riesgo país se vaya por las nubes y nadie nos preste. Entonces hay un organismo que se encarga de los gobernantes ineptos que se llama Fondo Monetario Internacional y le presta los dólares necesarios para poder financiar todas esas erróneas políticas que llevan a la situación de ser un país que necesita financiamiento por los enormes y permanentes Déficit Fiscales, pero que la vez no califica para ser prestable. De nuevo, todas estas políticas que hoy estamos viendo, son la causa de que tengamos que recurrir a la asistencia del Fondo. El acuerdo es solo el principio, el final también ya lo podemos decir, vamos a volver a incumplir.

Argentina realmente tiene otra agenda:

El desafío principal que tiene la República Argentina es el de la generación de empleo a través de la inversión y el impulso del sector privado, aunque para que esto ocurra hacen falta reformas estructurales que lejos están de figurar en la hoja de ruta de la política argentina. La creación de empleo es lo importante lo verdaderamente crítico y no la deuda como nos quieren hacer creer. Las políticas de incentivar el consumo son las que impiden que Argentina pueda en algún momento reducir los niveles de inflación porque son financiadas íntegramente con emisión monetaria.

Dólar: ¿faltan o hay desabastecimiento?

Existen cuestiones de carácter urgente que deben resolverse en el corto plazo. La falta de dólares es una de ellas. Increíblemente en uno de los países que ostenta tener la mayor cantidad de dólares físicos por habitante, el BCRA está prácticamente sin reservas. El cepo al dólar y por sobre todo la brecha cambiaria hacen cada vez más crítica la situación. Por un lado, quienes exportan y generan los dólares están sin incentivos para hacerlo: un dólar que tiene un valor en torno a los 200 pesos, al exportador se lo pagan en el mejor de los casos 106 pesos si es que tienen la suerte de no estar sujeto a retenciones. Por otro lado, siguiendo con la misma lógica, el gusto del importador se dispara: con un dólar en torno a los 200 pesos, nada más apetecible que importar comprando bienes en el exterior con un dólar a 106 pesos. Incluso con la expectativa que este tipo de cambio se encuentra por debajo del valor que algún día alcanzará, las compras se incrementan por sobre lo habitual.

La solución que le ha encontrado el gobierno al problema de los dólares es rudimentariamente sencilla y se basa simplemente en no permitir absolutamente  a nadie hacerse de unos dólares, no importa el motivo. Si uno quiere viajar, no se le permite hacerlo o al menos no a toda la clase media que gustaba de viajar al exterior y su única posibilidad era hacerlo financiado. Si uno desea importar, las autorizaciones tardan e incluso muchas veces nunca llegan. Si uno quiere comprar para ahorrar, no es posible hacerlo en el mercado oficial.

Ante la limitada visión del gobierno esto roza la perfección: esquilmó al exportador, le compró los dólares baratos y los usa solo el Estado, sin vendérselos prácticamente a nadie. Si bien en algún punto dentro de la lógica kirchnerista esto podría resultar auspicioso, cometen el error de olvidar un pequeño detalle: el 80% de lo que se importa está ligado a la industria y a la producción. Buena parte de los productos que existen dentro de las fronteras del país tienen algún componente importado. No permitiendo importar, indefectiblemente generan un estancamiento profundo de la economía y aquí tendrán que tomar una decisión: corregir el mercado cambiario y permitir que se importe libremente o tendrán que enfrentar el costo de un nuevo freno a la actividad económica en una sociedad que ya no puede más. No existirá crecimiento si no se permiten importar insumos, maquinarias y demás bienes necesarios para poder crecer.

De cara al 2022 ¿Qué se puede esperar del dólar?

El año 2022 será un año de corrección de la brecha de inflación versus tipo de cambio. La tasa de inflación será inferior al aumento del tipo de cambio. La consecuencia de un aumento del tipo de cambio por encima de la tasa de inflación es una quita de rentabilidad en muchos sectores de la economía que no podrán convalidar el aumento de precio de los insumos en el producto final. Una tasa de interés negativa a la inflación podría ayudar al financiamiento de las empresas, pero se necesita escala para sortear estos problemas.

Este problema no es nuevo en Argentina, entre los años 2018, 2019 y 2020 la tasa de inflación fue inferior a la suba del tipo de cambio, esto derivó en una fuerte pérdida de rentabilidad de muchos sectores y marcaron años de fuerte descenso en el PBI.

¿Devaluar es el único camino?

No, se podrían instrumentar otras medidas respecto del dólar, una por ejemplo sería, reducir las retenciones y evitar la devaluación, eso generaría que el exportador tenga más incentivo para exportar y el importador no se vería perjudicado con una devaluación. La recaudación por esta vía de reducción de retenciones se vería afectada, pero se contrarrestaría con el incremento del nivel de actividad interna. Pero pensar en una reducción de impuestos es algo que a las actuales autoridades no se les pasa por la cabeza. Exactamente todo lo contrario, estamos ante un escenario de fuerte suba de los precios internacionales de los productos que exportamos, pero hay que recordar que el gobierno pretende desanclarlos de los precios internacionales, esto lo hace aplicando retenciones, con lo cual toda mejora de los precios internacionales quedaría para el Estado.

Una devaluación tiene efectos conocidos por todos. Reduce los salarios y jubilaciones en términos reales con impacto en el incremento de los niveles de pobreza y más aun con la situación social de Argentina, creo que más que justificado está pensar en medidas que tengan en cuenta estos aspectos.

Pero el dólar no es el único problema:

El otro gran desafío que reviste urgencia es el de resolver lo que ellos llaman el “Plan Plurianual”, un presupuesto que se ajuste a las necesidades que imperan en virtud del posible acuerdo con el fondo: achicar el agujero fiscal. Entender que no se puede gastar más de lo que ingresa implica entender que para pagar las deudas nos debe sobrar dinero. En la práctica lo que el Ministro de Economía Martín Guzmán pretende es exponer números más acordes con un déficit que ronde el 3%. Lo interesante es que esto se logrará en parte ajustando las tarifas de los servicios públicos, tarifas que están atrasadas más del 100% y deberán aquí pagar el costo del impacto inflacionario que generarán estos ajustes en los subsidios a las tarifas.

¿Qué dicen los funcionarios de turno?

La situación parece no importarles: dicen que este año se crecerá un 10%, ya no tienen en cuenta la brutal destrucción económica que se propició durante el año 2020, que la inflación se encuentra atravesando un proceso de desaceleración a pesar de estar en torno al 50% anual, y que el año que viene el país crecerá un 4% sin absolutamente ningún argumento. Por tomar un dato, si piso las importaciones, eso me garantiza que ese 4% es más parecido a un 2% o menos. Lo que sí te garantizan los funcionarios de turno es que el Estado está, seguirá presente y si a los hechos nos remitimos peor no nos puede ir.

Sin demasiado sustento hay que tener expectativas y ser optimistas en que el nivel de delirio que impera hoy en quienes gobiernan la Argentina no esté por encima de la imperiosa necesidad de enfrentar de una buena vez los problemas reales, estructurales, serios y urgentes y evitar así lo que pueda ser una nueva crisis de proporciones incalculables en la República Argentina.

Para terminar estimados lectores, la economía es la ciencia de las elecciones, se está permanentemente eligiendo, si hago una cosa no puedo hacer la otra, pero el gobierno no quiere elegir ni tomar decisiones y así estamos con una economía sin tiempo.

Muchas gracias y hasta la próxima.

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