Más allá del relato oficial, no será este un fin de año con buenas
noticias. La pobreza no cesa, la inflación reprimida y en niveles récord,
déficit energético, con un pasivo enorme en el sistema previsional, un sistema
educativo deplorable, desempleo bien medido por encima del 25%, las inversiones
y la generación de empleo que no son una realidad y los dólares que ya
prácticamente no se encuentran en las arcas del Banco Central, o al menos eso
es lo que muestran sus números.
Estamos a días de tener que cumplir con el último vencimiento del año
con el FMI: algo más de 1.800 millones de dólares que se irán sin fecha de regreso a la espera de un acuerdo con el organismo que nos
permita refinanciar cerca de 45.000 millones de dólares, refinanciación ésta
que será acompañada con algunos años de gracia para que seguramente dentro de
algún tiempo no muy lejano volvamos a incumplir, obligándonos nuevamente a
tener que renegociar lo que se pacte también en esta oportunidad. Argentina
padece de incumplimiento crónico.
¿Qué significa el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional?
El posible acuerdo con el Fondo Monetario Internacional no es el fin
del camino, sino apenas el principio. Si bien el final feliz con el
organismo debe llevar consigo un plan que implique la posibilidad de que en
algún momento podamos hacer honor a nuestros compromisos, sabemos que esto será
un cúmulo de buenas intenciones que no resolverán los verdaderos problemas del
país. Hay que tener en cuenta que vamos a negociar con el que nos presta a
tasas de interés mas bajas y seguramente nos van a dar más plazo y períodos de
gracias. Cualquiera se preguntaría ¿Qué es lo que se está negociando? Es que a
pesar de todo eso, no podemos pagar. Lo que se acuerda con el Organismo son
condiciones para que Argentina vuelva a insertarse en el mercado de capitales y
de esa forma acreedores privados y Organismos Multilaterales nos puedan volver a prestar.
Tengamos en cuenta que llegamos al Fondo porque nadie nos quería renovar
nuestros compromisos. Por eso, cuando uno ve determinadas expresiones de la
coalición gobernante y de la izquierda que hay que echar al Fondo Monetario,
claramente no entienden el problema. El Fondo es la consecuencia de la
aplicación de políticas de control de precio, déficit fiscal, emisión
monetaria, inflación, que hacen que el riesgo país se vaya por las nubes y
nadie nos preste. Entonces hay un organismo que se encarga de los gobernantes
ineptos que se llama Fondo Monetario Internacional y le presta los dólares
necesarios para poder financiar todas esas erróneas políticas que llevan a la
situación de ser un país que necesita financiamiento por los enormes y
permanentes Déficit Fiscales, pero que la vez no califica para ser prestable. De
nuevo, todas estas políticas que hoy estamos viendo, son la causa de que
tengamos que recurrir a la asistencia del Fondo. El acuerdo es solo el
principio, el final también ya lo podemos decir, vamos a volver a incumplir.
Argentina realmente tiene otra agenda:
El desafío principal que tiene la República Argentina es el de la generación
de empleo a través de la inversión y el impulso del sector privado, aunque
para que esto ocurra hacen falta reformas estructurales que lejos están de
figurar en la hoja de ruta de la política argentina. La creación de empleo es
lo importante lo verdaderamente crítico y no la deuda como nos quieren hacer
creer. Las políticas de incentivar el consumo son las que impiden que Argentina
pueda en algún momento reducir los niveles de inflación porque son financiadas
íntegramente con emisión monetaria.
Dólar: ¿faltan o hay desabastecimiento?
Existen cuestiones de carácter urgente que deben resolverse en el corto
plazo. La falta de dólares es una de ellas. Increíblemente en uno de los países
que ostenta tener la mayor cantidad de dólares físicos por habitante, el BCRA
está prácticamente sin reservas. El cepo al dólar y por sobre todo la brecha
cambiaria hacen cada vez más crítica la situación. Por un lado, quienes
exportan y generan los dólares están sin incentivos para hacerlo: un dólar
que tiene un valor en torno a los 200 pesos, al exportador se lo pagan en el
mejor de los casos 106 pesos si es que tienen la suerte de no estar sujeto a
retenciones. Por otro lado, siguiendo con la misma lógica, el gusto del
importador se dispara: con un dólar en torno a los 200 pesos, nada más
apetecible que importar comprando bienes en el exterior con un dólar a 106
pesos. Incluso con la expectativa que este tipo de cambio se encuentra por
debajo del valor que algún día alcanzará, las compras se incrementan por sobre
lo habitual.
La solución que le ha encontrado el gobierno al problema de los dólares
es rudimentariamente sencilla y se basa simplemente en no permitir absolutamente
a nadie hacerse de unos dólares, no importa el motivo. Si uno quiere viajar, no se le permite hacerlo o
al menos no a toda la clase media que gustaba de viajar al exterior y su única
posibilidad era hacerlo financiado. Si uno desea importar, las autorizaciones
tardan e incluso muchas veces nunca llegan. Si uno quiere comprar para ahorrar,
no es posible hacerlo en el mercado oficial.
Ante la limitada visión del gobierno esto roza la perfección: esquilmó
al exportador, le compró los dólares baratos y los usa solo el Estado, sin
vendérselos prácticamente a nadie. Si bien en algún punto dentro de la lógica
kirchnerista esto podría resultar auspicioso, cometen el error de olvidar un
pequeño detalle: el 80% de lo que se importa está ligado a la industria y a
la producción. Buena parte de los productos que existen dentro de las
fronteras del país tienen algún componente importado. No permitiendo importar,
indefectiblemente generan un estancamiento profundo de la economía y aquí
tendrán que tomar una decisión: corregir el mercado cambiario y permitir que se
importe libremente o tendrán que enfrentar el costo de un nuevo freno a la
actividad económica en una sociedad que ya no puede más. No existirá
crecimiento si no se permiten importar insumos, maquinarias y demás bienes
necesarios para poder crecer.
De cara al 2022 ¿Qué se puede esperar del dólar?
El año 2022 será un año de corrección de la brecha de inflación versus
tipo de cambio. La tasa de inflación será inferior al aumento del tipo de
cambio. La consecuencia de un aumento del tipo de cambio por encima de la tasa
de inflación es una quita de rentabilidad en muchos sectores de la economía que
no podrán convalidar el aumento de precio de los insumos en el producto final.
Una tasa de interés negativa a la inflación podría ayudar al financiamiento de
las empresas, pero se necesita escala para sortear estos problemas.
Este problema no es nuevo en Argentina, entre los años 2018, 2019 y 2020
la tasa de inflación fue inferior a la suba del tipo de cambio, esto derivó en
una fuerte pérdida de rentabilidad de muchos sectores y marcaron años de fuerte
descenso en el PBI.
¿Devaluar es el único camino?
No, se podrían instrumentar otras medidas respecto del dólar, una por
ejemplo sería, reducir las retenciones y evitar la devaluación, eso generaría
que el exportador tenga más incentivo para exportar y el importador no se vería
perjudicado con una devaluación. La recaudación por esta vía de reducción de retenciones
se vería afectada, pero se contrarrestaría con el incremento del nivel de
actividad interna. Pero pensar en una reducción de impuestos es algo que a las
actuales autoridades no se les pasa por la cabeza. Exactamente todo lo
contrario, estamos ante un escenario de fuerte suba de los precios
internacionales de los productos que exportamos, pero hay que recordar que
el gobierno pretende desanclarlos de los precios internacionales, esto lo hace
aplicando retenciones, con lo cual toda mejora de los precios internacionales
quedaría para el Estado.
Una devaluación tiene efectos conocidos por todos. Reduce los salarios y
jubilaciones en términos reales con impacto en el incremento de los niveles de
pobreza y más aun con la situación social de Argentina, creo que más que justificado
está pensar en medidas que tengan en cuenta estos aspectos.
Pero el dólar no es el único problema:
El otro gran desafío que reviste urgencia es el de resolver lo que ellos
llaman el “Plan Plurianual”, un presupuesto que se ajuste a las necesidades que
imperan en virtud del posible acuerdo con el fondo: achicar el agujero fiscal.
Entender que no se puede gastar más de lo que ingresa implica entender que para
pagar las deudas nos debe sobrar dinero. En la práctica lo que el Ministro de
Economía Martín Guzmán pretende es exponer números más acordes con un déficit
que ronde el 3%. Lo interesante es que esto se logrará en parte ajustando las
tarifas de los servicios públicos, tarifas que están atrasadas más del 100% y
deberán aquí pagar el costo del impacto inflacionario que generarán estos
ajustes en los subsidios a las tarifas.
¿Qué dicen los funcionarios de turno?
La situación parece no importarles: dicen que este año se crecerá un 10%,
ya no tienen en cuenta la brutal destrucción económica que se propició durante
el año 2020, que la inflación se encuentra atravesando un proceso de
desaceleración a pesar de estar en torno al 50% anual, y que el año que viene
el país crecerá un 4% sin absolutamente ningún argumento. Por tomar un
dato, si piso las importaciones, eso me garantiza que ese 4% es más parecido a
un 2% o menos. Lo que sí te garantizan los funcionarios de turno es que el
Estado está, seguirá presente y si a los hechos nos remitimos peor no nos puede
ir.
Sin demasiado sustento hay que tener expectativas y ser optimistas en
que el nivel de delirio que impera hoy en quienes gobiernan la Argentina no
esté por encima de la imperiosa necesidad de enfrentar de una buena vez los
problemas reales, estructurales, serios y urgentes y evitar así lo que pueda
ser una nueva crisis de proporciones incalculables en la República Argentina.
Para terminar estimados lectores, la economía es la ciencia de las
elecciones, se está permanentemente eligiendo, si hago una cosa no puedo hacer
la otra, pero el gobierno no quiere elegir ni tomar decisiones y así estamos
con una economía sin tiempo.
Muchas gracias y hasta la próxima.
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