domingo, 29 de noviembre de 2020

La tiranía del status quo:

 

Este es el título de uno de los libros del premio Nobel en economía, Milton Friedman. En esa formidable  obra el autor subraya lo que bautizó como:

“EL TRIANGULO DE HIERRO”

Formado por:

*LOS POLÍTICOS QUE BUSCAN VOTOS OTORGANDO PRIVILEGIOS

*LOS BENEFICIARIOS DE ESAS DÁDIVAS Y

*POR LOS BURÓCRATAS QUE SE AFERRAN A SUS PUESTOS ALIMENTADO POR AQUELLAS DEMAGOGIAS.

En la presente columna quiero tomar ese magnífico y muy ilustrativo título para indagar en parte  nuestra situación argentina.

Es muy paradójico y realmente curioso que la gente se queje por lo que le sucede pero, al mismo tiempo, no le cabe en la cabeza que se adopten medidas de fondos para justamente revertir los problemas que la aquejan.

En otros términos, están envueltos de tal manera en telarañas mentales y se encuentran tan avasalladas por el “statu quo (se usa para aludir al conjunto de condiciones que prevalecen en un momento histórico) que no pueden concebir salidas distintas a las rutinas en las que están embretadas.

Pretenden corregir lo que les molesta pero al mismo tiempo mantener lo mismo. Una incoherencia superlativa.

Ofrezco algunos pocos ejemplos.

*Se pagan impuestos astronómicos, pero al mismo tiempo no se acepta la contracción del gasto público que es la razón por la que se producen estos pagos de tipo violento.

*Se quiere contar con luz, gas y agua, pero no se asume el costo de esos servicios.

*Se demandan buenas atenciones de las mal llamadas “empresas estatales”, pero no se considera que los incentivos empujen a la eficiencia si se traspasan al sector privado, donde hasta la forma de tomar café es radicalmente distinta a cuando el activo es “de todos”.

*Se insiste en que el Papa no debe inmiscuirse en nuestra política, pero se estima que debe continuar el Estado del Vaticano establecido en la época de Mussolini y se pretende eliminar las corrupciones en el Banco del Vaticano en lugar de liquidarlo y usar la banca existente. Alguien puede explicar qué sentido tiene que el Vaticano o el Papa tengan un Banco?

*Se exigen puestos de trabajo pero al mismo tiempo se acrecientan regulaciones absurdas que provocan desempleo. Son las únicas responsables del desempleo como lo explico en mi columna llamada Mercado Laboral, que recomiendo leer o releer.

*Se demanda la oferta de bienes de alta calidad y bajo precio pero al mismo tiempo se imponen barreras aduaneras para cubrir a empresarios ineptos. Este tema también lo comento en mis anteriores columnas aludiendo que el comercio no debe tener límites ni fronteras.

*Se pretende finiquitar el flagelo de la inflación mientras se continúa con las manipulaciones monetarias y cambiarias.

Es de especial relevancia estar alertas cuando los gobernantes dicen que:

“se ocuparán de los problemas de la gente”

Porque ahí es donde comienzan los desbarajustes, ya que no se percatan que las personas en libertad administran mejor sus vidas y el fruto de su trabajo respecto a lo que hacen los entrometidos megalómanos y arrogantes que todo lo estropean a su paso.

Lo que ocurre es que “el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente”

El triángulo de hierro ha quedado cada vez en mayor evidencia con los escándalos de corrupción que involucran a nuestros políticos y burócratas, los que como en todos lados y muy lejos de lo que la vida  democrática asume:

No representan los intereses del público sino los de ellos mismos y de los grupos de presión a los que sirven.

Es por supuesto legítimo hacer petición a la autoridad. Lo que no corresponde es que ésta quiebre el principio central del estado de derecho según el cual las reglas de juego deben ser siempre imparciales y abstractas, es decir, no pueden privilegiar a nadie en especial.

Para concluir, les menciono que en su libro "La tiranía del status quo", Milton y Rose Friedman definen al "triángulo de hierro" formado por:

Políticos,

Burócratas y

Grupos de interés o los beneficiarios

Hacen casi imposible el cambio por encontrarse en una posición que les permite controlar el poder del Estado para beneficiarse a expensas del resto.

Este triángulo todo lo puede, podemos tener buenas ideas, buenas intenciones, pero el sistema que Friedman  define como “Triangulo de Hierro” se lo come todo y no deja avanzar. Es muy importante tenerlo presente en todos los órdenes. Éste triangulo está siempre y es la máquina de impedir y se devora todo. A través de un  sistema que va  generando  los anticuerpos para sostenerse y triturar cuanta reforma tuviera lugar. Por lo tanto, debemos estar más guiados por la cautela y la fina observación que por el llanto de socialistas y parásitos de la corporación política.

Estimados lectores, tengamos presente siempre cómo se forma el triángulo de hierro:  (1) políticos cazadores de votos, (2) burocracia y (3) beneficiarios del accionar del sector público. Que actuarán fuertemente para poner frenos a los intentos de avanzar a favor del orden que todos necesitamos, que es un país con más LIBERTAD. Es lo que tenemos que aplicar para ir realmente hacia un nuevo camino de prosperidad, donde las Instituciones, la Justicia, la Inversión, la Educación y el Trabajo sean realmente las bases para que una nación avance y prospere.

Muchas gracias y hasta la próxima.


lunes, 23 de noviembre de 2020

Populismo una forma de destrucción de riqueza:

 

De los países que conforman América del Sur, seis optan  por un modelo más afín al que sigue la mayoría del mundo: Chile, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay y Paraguay. Otros cuatro, Venezuela, Ecuador, Bolivia y la Argentina están embarcados en otro modelo.

Podríamos definirlos como de corte populista

Sobre nuestro país muchos dudaban o "no lo podían entender". Pero hoy esa discusión está claramente terminada. Si bien son cuatro países sobre diez en la región, el PBI de los populistas excluida la Argentina es apenas 10% del total, lo que hace más lamentable todavía que nuestro país forme parte de este grupo.

El populismo siempre ha sido difícil de definir de manera precisa. No obstante se han identificado algunos rasgos característicos. Por ejemplo, la presencia de una propaganda política basada en movilizaciones, una retórica (o relato) y simbología diseñados para generar la atracción del electorado. Acuerdos y políticas destinadas a los sectores de bajos ingresos, con los cuales la clase política se identifica por más que provengan o se encuentren en clases medias o altas. También es factor característico el uso de chivos expiatorios y de teorías conspirativas.


Es por esto que el populismo a su vez encuentra puntos de coincidencia con la izquierda (socialismo) y con la derecha (fascismo)


Ahora bien, la pregunta es:

¿Es el kirchnerismo socialismo o fascismo? ¿O acaso tiene actitudes y políticas de ambos? 

De allí que proyectos populistas sean calificados por algunos como socialismo aplicado y por otros como un tipo de fascismo.

Sobre el particular existe un trabajo realizado por excelentes economistas, me estoy refiriendo a  Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, que  dividen el populismo en cuatro etapas luego de observar la experiencia de varios países latinoamericanos.


Si bien los economistas  describen estas cuatro etapas en 1990, el paralelismo con el kirchnerismo es notable.

Las cuatro etapas identificadas por estos autores son las siguientes:

Etapa 1:

En los primero años, el diagnóstico de los políticos populistas es reivindicado. Las políticas macroeconómicas muestran exitosos resultados, aumento del PBI, baja del desempleo, incrementos del salario real, etc. La inflación se mantiene bajo control en base a regulaciones, capacidad ociosa, e importaciones financiadas con las reservas del Banco Central.

Etapa 2:

Comienzan a aparecer cuellos de botella. En parte debido a la política de incentivar el consumo (descuidando las inversiones), la escasez de dólares, y la eliminación de stocks y capacidad ociosa. Un reacomodamiento de precios relativos, como una devaluación o controles de capital y del tipo de cambio comienza a ser necesario. El gobierno intenta, pero falla, en controlar el aumento de los ingresos reales y del gasto público. La economía en negro o informal comienza a crecer y el déficit fiscal empeora notablemente debido a los subsidios otorgados a bienes de consumo y el mercado de divisas (tipo de cambio.)

Etapa 3:

Serios faltantes, aceleración de la inflación, y un evidente atraso cambiario llevan a una fuga de capitales y a una desmonetización de la moneda local de la economía. La caída en la recaudación por una menor actividad económica y el aumento en los subsidios empeoran aún más el cuadro de déficit fiscal. El gobierno intenta cortar subsidios y devaluar a un ritmo más acelerado la moneda. Los salarios reales caen y comienzan a aparecer signos de inestabilidad política. El fracaso del proyecto populista es claro.

Etapa 4:

Un nuevo gobierno lleva adelante ajustes “ortodoxos”, posiblemente bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los salarios reales siguen cayendo llegando a un nivel inferior al que se encontraban al inicio del proyecto populista. Esta caída del salario real (que no comienza con la reforma ortodoxa) se debe a que las políticas económicas del proyecto populista llevan a una disminución en las inversiones, depreciación del capital invertido, y a la fuga de capitales. El capital (financiero) se mueve de un país a otro más fácil que el trabajo. El menor capital per cápita producto de las políticas populistas es la razón de la caída de los salarios reales.

Si bien la descripción de las etapas es lo suficientemente clara y el paralelismo con el kirchnerismo es evidente, hay algunas aclaraciones pertinentes por hacer.

En primer lugar,  la cuarta etapa pone de manifiesto la caída de los salarios reales. El llamado “sinceramiento de la economía.” El político populista, en cambio, utiliza la cuarta etapa como chivo expiatorio a quien culpar por los efectos de sus propias políticas para atraer votantes en las próximas elecciones sosteniendo que “con mi gobierno esto no pasaba.”

En segundo lugar, no es sorpresa que los populismos surjan luego de crisis económicas. No sólo porque brindan la oportunidad de seducir al electorado con teorías conspirativas, sino porque las crisis brindan las condiciones ideales para la primer etapa, donde se puede poner en marcha una “fiesta de consumo” aprovechando que la capacidad ociosa pone distancia a los cuellos de botella. De este modo se confunde recuperación económica con genuino crecimiento económico.

En tercer lugar, especialmente en los países con instituciones débiles y donde el populismo se encuentra presente en más de un partido político, el proyecto populista de turno culmina cuando se “choca con la realidad,” no cuando las instituciones ponen límites a la administración de turno. El gobierno de Menem, por ejemplo, que siguió al populismo de Ricardo Alfonsín, hizo reformas económicas más por necesidad que por convicción. No es casualidad que se identifique a la llegada del populismo peronista  como el inicio del retraso argentino respecto al mundo. La secuencia de caídas de ingresos reales de ciclo en ciclo mencionado en la cuarta etapa.

Por último, no es que el modelo económico bajo el populismo se agota, como si el mismo fuese consistente, pero llega un momento en que hay que cambiarlo. Por el contrario, el modelo económico nunca debió ser aplicado. Lo que se agota es el maquillaje del deterioro económico, no las supuestas virtudes del modelo.


Dicho de otra manera, el problema no es identificar el momento correcto en el cual cambiar de modelo, el problema es identificar el correcto modelo de entrada.


Aquel que hay que cuidar, pero no controlar abusivamente porque el modelo es consistente en sí mismo y por lo tanto evoluciona pero no se agota.


El objetivo del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo. Utilizar las gigantescas partidas para ayudas sociales o programas de empleo para crear más comités y observatorios, haciendo de los ciudadanos clientes rehenes que dependen de la generalización del subsidio y terminan por votarles ante la falta de oportunidades por la destrucción del tejido empresarial y de las opciones de buscar otros empleos.

Como menciono anteriormente que las coincidencias con el kirchnerismo son evidentes. Pues bien, voy a describir etapa por etapa de manera muy resumida  para que podamos comprender esta afirmación.

La etapa 1: coincide con el gobierno de Néstor Kirchner (luego de la crisis 2000-2002), crecimiento al 8%, superávit gemelos, se aprovecha la capacidad ociosa que existía (gracias a las transformaciones de los noventa), tipo de cambio alto, condiciones internacionales muy favorables, pero cuidado, la inflación en el orden del 10% anual, para los niveles de Argentina podemos decir que es bajo y con la expansión del nivel de actividad, el tema de la inflación parece no ser un problema en esta etapa.

La etapa 2: es el primer gobierno de Cristina, la economía empieza a mostrar problemas, la inflación pasa del 10 al 20%, los salarios se mantienen, el nivel de actividad comienza a mostrar signos de estancamiento.

La etapa 3: es el segundo mandato de Cristina, la económica se termina por estancar y no crece, problemas de escasez, la inflación salta al 30%, fugas de capitales y aparecen los controles, “el Cepo al Dólar”.

La etapa 4: como muy bien indica el estudio realizado, viene la crisis, que coincide con el gobierno de Mauricio Macri, que no estalló de inmediato porque tuvo financiamiento, cuando este se agotó entramos en crisis, además de otras cuestiones propias del gobierno del Pro que no son objeto de la presente columna, ya que fueron tratadas en una anterior denominada “El camino hacia el cambio”.

En el presente artículo se intenta dejar en claro la colosal destrucción de riqueza de la que hemos sido víctimas, fruto de la instrumentación de un esquema de políticas populistas salvajes por parte del régimen kirchnerista que ocupó el poder durante doce años.

Si esto lo ponemos en orden de destrucción tenemos el mencionado periodo kirchnerista como el mayor destructor, seguido por la económica de la dictadura durante 1977-1982, continuando con la salida de la convertibilidad 2000-2002, el rodrigazo 1973-1975  y los años que van de 1945 a 1949 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.

El punto de partida para medir la destrucción del kirchnerismo es el inicio del segundo mandato de la señora Cristina Fernández de Kirchner, mencionado como Etapa 3, junto a la llegada al Ministerio de Economía del Dr. Axel Kicillof (tanto como viceministro, primero, como  ministro después), actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires. Concretamente, pese a la adulteración de las estadísticas y la existencia de tipos de cambios múltiples, el PIB por habitante, cepo mediante, se estancó en torno a los diez mil dólares per cápita.

Durante el período 2011-2015 el país ha disfrutado del mejor contexto internacional de la historia (los términos de intercambio más favorables  de la historia junto a tasas de interés en el mundo cercanas al 0%), el PIB por habitante disminuyó, una cosa completamente inadmisible, por eso es la calificación que le damos.

 

Si bien el hecho de que la tasa de expansión de la economía tiene niveles positivos, en el ciclo populista,  nunca logró un crecimiento que te ubique por encima de donde partiste, sino que fue  una mera Recuperación Cíclica:

 

Veníamos  cayendo muy fuertemente (crisis 2000-2002 con caída del 11%)

Pasamos de un nivel del 8% anual promedio durante 2003-2007 después

Al 4% para 2007-2011 y

 Ubicándose en el 0% durante la segunda gestión de CFK

Al tiempo que la inflación se acelera, no existe creación de empleos genuinos y  los niveles de comercio exterior se contraen en más de un 20% respecto a los máximos históricos, deberían ser muestras más que suficientes de un modelo exterminado.

“ESTO SE LLAMA RECUPERACION CICLICA”

Si caímos el 11% y después recuperamos el 8%, después el 4% y 0% en el gobierno de CFK, no logramos el nivel inicial o punto de partida.

 

Un pésimo manejo de la economía que dan cuenta de la oportunidad que se ha perdido a la luz del mejor contexto internacional de la historia del país, tanto en términos de intercambio (fueron mejores que los que tenia Argentina cuando termina la segunda guerra mundial) con  tasas de interés cercanas al cero, en un mundo totalmente integrado. Con todo esto Argentina alcanza una marca increíble:

 

 “Cero Crecimiento”

 

Por lo tanto, si se encuentran con alguien y luego de explicarle estos números sigue sin creerle que el Kirchnerismo ha sido, por lejos, el peor Gobierno de la historia del país, resulta altamente probable que esté frente a un caso de fanatismo extremo.

Para terminar, estimados lectores, el populismo  elimina la meritocracia y la recompensa del esfuerzo, porque acaba con la competencia entre pares, porque liquida la disputa en buena ley  en pos de la prosperidad, cuya tarea se endosa al Estado, que es el menos capaz de proporcionarla.

Ya lo decía Bastiat: “Aquel que pretende vivir del Estado olvida que el Estado vive de todos los demás”

Muchas gracias y hasta la próxima.

 

 


martes, 17 de noviembre de 2020

Banco Central de la República Argentina:

 

Haciendo referencia a mi columna sobre inflación, que recomiendo leer o releer, el oferente de dinero en Argentina es esta institución llamada Banco Central de la República Argentina (BCRA), el mismo fue creado en el año 1935. Se le asignó la   función de: “preservar el valor de la moneda”,  después con el tiempo  lo cambiaron por:

“promover la estabilidad monetaria, financiera, el empleo y el desarrollo económico y social”.

De acuerdo al artículo 3 de la Carta Orgánica. Tengamos  en cuenta estos objetivos,  al final de este artículo  están las conclusiones de cada uno de ellos.

Resultan  sumamente interesantes repasar los debates parlamentarios, en el momento de su creación:

Tuvieron la aprobación unánime de los Conservadores y el rechazo en minoría del Partido Socialista y el Demócrata Progresista en forma unánime también.

A su vez, la creación del BCRA fue completada con el régimen de control al funcionamiento de la banca comercial y la reforma a los Estatutos del Banco Hipotecario y del Banco de la Nación Argentina.

Se constituyó por un período de 40 años con lo cual dicha institución debería haber sido liquidada en el año 1975.

Hasta ese momento se imprimían pesos contra oro únicamente a través de la Caja de Conversión. La reforma consistió en la supresión definitiva de la conversión automática a oro del peso moneda nacional, por lo que, la Caja de Conversión quedó definitivamente disuelta, con la nueva institución ya no era necesario contar con oro para poder imprimir dinero.

Es muy importante y conmovedor revisar los debates de ese momento en el recinto:

Federico Pinedo (abuelo del funcionario del mismo nombre  del gobierno de Mauricio Macri) Ministro de Hacienda de aquel momento,  desechó las objeciones de la minoría en el sentido de que los proyectos encerraban el peligro de inflación, Pinedo decía:

"Comprendo que se puede agitar mucho la opinión alrededor de dos o tres palabras: la inflación. Un banco de emisión puede hacer billetes, luego es un instrumento de inflación. El argumento es de una simplicidad como la regla de tres. Pero no todo es así: si hoy tenemos elementos inflacionistas en nuestras manos y no los usamos, ¿por qué se cree que cuando tengamos estos otros los vamos a usar?".

 

Enrique Dickmann (socialista) afirmaba:

 "En este momento, los socialistas desempeñamos aquí un papel conservador. Queremos conservar instituciones económicas y monetarias argentinas que tienen casi medio siglo de vida y han dado resultados excelentes; los revolucionarios, los malos revolucionarios son ustedes, que quieren echar abajo todo esto, que quieren reemplazar por cosas que no se sabe qué resultados darán. Es peligroso un salto en el vacío".

 De hecho, frente al panorama que se abría el Dr. Dickmann sentenció:

 "dejar que las cosas se desenvuelvan naturalmente sin la intervención perturbadora y anarquizante del gobierno y podrá pensarse en el porvenir, cuando el momento llegue en volver a la convertibilidad y por consiguiente a la estabilización".

Naturalmente, y como no podía ser de otro modo, el nacimiento de un órgano tan nefasto debía comenzar con una estafa. Las 358 toneladas de oro que estaban depositadas en la Caja de Conversión, sobre cuya base circulaban de acuerdo con la Ley N° 3.871, unos 561.006.035,34 de pesos moneda nacional pasaron a valer mediante el "justiprecio", $ 1.224.417.645,96. De movida se generó una pérdida del poder adquisitivo de la moneda.

Pero eso fue solo el comienzo.

En sus primeros diez años de operación la tasa de inflación se duplicó pasando del 3% anual al 6%.

 

Luego, con la nacionalización del BCRA impulsada por el General Juan Perón en 1946 hasta 1991 (Ley de Convertibilidad), la tasa de inflación anual promedio trepó al 225%.

La propia ley de creación establecia que la institución operaría por un lapso de 40 años, como les menciono y remarco más arriba.

Sin embargo, la crisis del Rodrigazo (1975) durante el gobierno de Isabel Perón, la explosión de la tablita cambiaria de Martinez de Hoz (1982), las hiperinflaciones de Raul Alfonsin (1989) y Carlos Menen (1990) y la salida de la convertibilidad (2002).

Constituyeron excusas perfectas para que la corporación politica (salvo Carlos Menem 1991) no se desprendiera de un instrumento de opresión fiscal como es la política monetaria de alta inflación, instrumentadas desde el Banco Central.

A la moneda se le quitaron 13 ceros, se destrozaron cinco signos monetarios  y hubo dos hiperinflaciones. Esperemos que no nos lleven a la tercera.

A su vez:

La inflación durante la Convertibilidad fue del 9% anual, aunque concentrada durante el primer año y medio.

Durante la vigencia de la Ley de Convertibilidad, no se emitió pesos sino era con el respaldo de dólares.

La inflación tuvo el comportamiento que les menciono y llegamos a tener la inflación más baja del mundo en el año 1993  y en 1997  deflación y Argentina  tuvo un crecimiento económico del 8% de su PBI.

Una Regla Monetaria que  funcionó a la perfección, defendió el poder adquisitivo de la moneda. Puede tener muchas críticas que serán analizadas en mis próximas columnas.

Luego, en los tres períodos K, la inflación anual promedio fue del 10%, 20% y 30% respectivamente,   durante la gestión de Mauricio Macri, pasamos a 40% y terminamos superando el 50% anual de inflación.

 

Por lo tanto, vale recordar la profecía de Lisandro de la Torre (Demócrata Progresista) en la sesión del Senado del 21 de marzo de 1935:

"Yo diría que este proyecto, tan caro al señor Ministro de Hacienda (Federico Pinedo), coloca al país encima de un barril de pólvora. Todo andará regularmente mientras no se encienda la mecha. Pero la mecha está ahí, a la vista y al alcance de cualquier gobierno inconsciente que quiera encenderla.

Y no podemos tranquilizarnos cuando vemos aparecer la inconsciencia en ese mismo proyecto en que, sin necesidad, se coloca al país encima del barril de pólvora. Los señores senadores van a votar con toda tranquilidad lo que conduce al país al borde del abismo".

Hoy, después de  85 años con BCRA hemos pasado de ser el quinto país más rico del mundo a ser el 70° y con posibilidades de descender más, depende en qué nivel quede el tipo de cambio podemos pasar a ocupar un lugar entre 100º y 120º.

Otra nota de color, es la relación entre tasa de inflación y el número de Presidentes  que tuvo el BCRA. En la década del 80 pasaron 12 Presidentes, dejaron una tasa de inflación promedio del 630%.

Hay un estudio muy reciente realizado por el propio Banco Central, cuando su presidente fue Federico Sturzenegger (2015-2018).  Hace una estimación empírica  y el impacto cuando la inflación supera el 20%, se pierde l,58% de crecimiento. Cuando eso uno lo corrige en la historia monetaria de Argentina, el PBI per cápita de Argentina  debería ser similar al de los Estados Unidos. Ahora por qué se emite  sin ningún control, porque es la forma de financiar una política fiscal alocada que busca como concepto general la justicia social,  violentando todas las restricciones físicas, es decir la restricción de producción, el sistema cómo arregla este desastre? generando una crisis.

Continuando con la historia del Banco Central. En el otro extremo tenemos la década del Plan de Convertibilidad, donde si bien hubo dos Presidentes, en los hechos es como si no hubiera habido cambio (ello se debe al paso de Roque Fernández al Ministerio de Economía, siendo sucedido por Pedro Pou, que se desempeñaba como Vice del BCRA).

Estados Unidos durante 1950-2010 tuvo 6 Presientes al mando de la Reserva Federal.

La evidencia para Argentina señala que con BCRA, la inflación fue más elevada, la gente huyó de la moneda local, el ahorro se fue al exterior, los agregados monetarios se estancaron y el crédito para el sector privado no financiero (agro e industria) se pulverizó. En este contexto de alta inflación, la economía se contrajo en términos per cápita, la distribución del ingreso se tornó más regresiva y los indicadores sociales se deterioraron.

Pasando Argentina de ser un país desarrollado a un país de frontera

En función de dichos resultados. No deberíamos ver como extraño que poco antes de morir, Federico Pinedo (uno de los creadores del BCRA) haya manifestado su dolor y arrepentimiento por haber creado un Banco Central que en lugar de velar por el bienestar de los argentinos terminó transformándose en una burda papelera, que destruyó el poder adquisitivo de nuestra moneda.

Si repasamos las funciones que están al comienzo, podemos decir que, nos quedamos sin moneda, sin estabilidad, sin empleo, sin desarrollo y sin equidad social.

Ahora bien, estimados lectores, como es costumbre de esta columna aportar definiciones simples para que todos comprendamos, en esta oportunidad quiero hacer mención  que la inflación es algo mucho más grave que el número que pongamos en un mes o un año, que si sube o si baja. La inflación  genera  impuesto inflacionario devaluatorio no legislado y donde los únicos que se  benefician son los gobernantes de turno, depreciando la moneda, trasladando riqueza desde el sector privado hacia la política y el sector público, esto provoca  la inflación.

Pero sigo con el tema central, la clave sería tener un Banco Central con reputación y credibilidad, ambos conceptos se relacionan entre sí pero no son  lo mismo, la reputación es mirando  para “atrás” y la credibilidad es mirando  para “adelante”. Se refieren a la evaluación que el público hace sobre el compromiso del Banco Central con bajar la inflación y su capacidad de lograrla. Nunca logro resultados positivos, por lo tanto su política nunca será creíble.

Así, a la luz de que para la Ley original el Banco Central ya debería haber sido cerrado y, en especial, por el desastre inflacionario que se tradujo en menor crecimiento y mayores niveles de pobreza e indigencia, resulta relevante preguntarse si el Banco Central debería dejar o no de existir. En una próxima columna me comprometo a analizar las alternativas que Argentina tiene frente a una eliminación del Banco Central y cómo se debería instrumentar.

Muchas gracias y hasta la próxima.


martes, 10 de noviembre de 2020

Crecimiento económico, justicia social, libertad individual y liberalismo:

 

El crecimiento económico de una nación,  no solo no ha sido una suma cero, sino que la mejora de condiciones de vida, riqueza y acceso a bienes y servicios, salud y educación, se han multiplicado para miles de millones de ciudadanos.

El desarrollo económico, la productividad y la eficiencia benefician a la inmensa mayoría.

Nos hablan del ánimo de lucro como algo indeseable, en vez de lo que es, la búsqueda de mejorar y conseguir nuestros objetivos y los de nuestra familia.

Milton Friedman afirma: “La responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”. Quienes deben ser responsables son las personas y no una corporación, en ese sentido afirma, los responsables son los empresarios, dueños o quienes representen a las empresas, es decir los ejecutivos.  Incrementando sus ganancias es la única forma de generar crecimiento, ya que si los proyectos generan pérdidas no hay posibilidad alguna de lograr crecimiento para nadie.

Curiosamente, pocos agentes económicos tienen mayor ánimo de lucro que el gobierno, que vive del esfuerzo y los logros de los demás.

“La inmoralidad es llamar justicia social al robo, y que un grupo de políticos y mal llamados intelectuales, que jamás han creado una empresa ni un empleo, se arroguen la facultad de determinar cuánto debe usted ganar y cuánto merece”

Estas personas deciden que hay que redistribuir el fruto del éxito de unos y dárselo a ellos, que no han tomado riesgo ni creado nada ni generado bienestar.

Para ello, los socialistas nos intentan convencer de que van a entregárselo a los pobres, como Robin Hood. Olvidan que Robin Hood le quitaba el dinero al estado –el príncipe Juan y el recaudador Sheriff de Nottingham- para devolvérselo a los contribuyentes.

Y además, se escudan en la mal llamada redistribución para crear enormes redes clientelares donde se pierden los fondos que confiscan. Eso no es justicia, es una enorme  inmoralidad.

Cuando hablan de “Justicia Social” hablan de la mayor inmoralidad posible: la confiscación de los frutos del progreso para beneficio del poder político. Penalizar el mérito y el éxito para premiar la mediocridad no es justicia social, es inmoralidad política.

La gran conquista del capitalismo es que no solo premia el genio y mérito de los que triunfan, sino que su éxito permite a su vez que millones de personas accedan a puestos de trabajo de mayor calidad y mejoren sus condiciones de vida.

 

El socialismo es inmoral porque no solo penaliza el mérito, sino que supedita a la población a ser dependientes del poder político y  siempre se aplica por la violencia. No vemos ciudadanos de Estados Unidos intentando ingresar en forma ilegal a Cuba, pero si vemos ciudadanos cubanos arriesgando su vida para huir de la isla.

 

La promesa de igualdad de un gobierno intervencionista es la receta para el estancamiento, ya que los gobiernos solamente pueden igualar a la baja. Solo pueden empobrecer a los ricos, nunca enriquecer a los pobres, de modo que perjudican a todo el mundo.

“Ninguna nación ha hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos”

Siempre que escuchemos hablar de justicia social, entendamos el concepto real, es sacar a uno lo que le pertenece para darle a otro lo que no le pertenece. Además es  una redundancia grotesca decir “justicia social”, tendría que haber una justicia animal, justicia mineral, justicia vegetal. Por eso afirmo que es una redundancia y grosera.

Les quiero dejar una reflexión sobre el término “social” a veces es criticado por ser una palabra que evoca algo difuso y con poca significación, y que sirve solamente a dificultar o entreverar las reflexiones.

Así, el economista austriaco Friedrich Hayek escribía en 1957 en sus Ensayos de filosofía, de ciencia política, y de economía, que  “el adjetivo social es una palabra que quita todo sentido claro a las expresiones en las que se la utiliza”.​ Este autor en particular critica la falta de responsabilidad involucrada en la utilización exagerada del término social, y manifiesta que: “unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo. Lo que nos indica que cuando hablamos de:

Justicia Social, significa “No Justicia”

Democracia Social, significa “No Democracia”

Constitucionalismo Social, significa “Inconstitucionalismo”

Para terminar con este tema del crecimiento económico y justicia social, “como siempre primero los datos”. El mundo tenía en el año 1800  una población de 1.000 millones de habitantes donde el 95% de la población vivía con menos de un dólar diario, es decir eran todos pobres. Apareció una revolución institucional que se llama Capitalismo y cuando el mundo  alcanzó los  7.800 millones de habitantes y la pobreza extrema  bajó al 5%. Cuál fue la receta? “el Crecimiento Económico”. La presencia del Estado destroza  el crecimiento económico, porque el Estado no produce nada, se financia con impuestos que los  toma  de lo que genera el sector privado.

Ahora bien, qué sucedió en la Argentina?, cuando éramos uno de los países más ricos del mundo, en los años que aplicamos el proyecto de Alberdi, el peso del Estado en el PBI era del 5%, todo el Poder Ejecutivo entraba en la Casa Rosada. Si tomamos los últimos años el Estado se multiplicó por 3 y la pobreza por 10, ya estamos casi en un 50% de la población. Qué podemos concluir? que el Estado no crea riqueza, todo lo contrario, la destroza. Por eso, tengamos cuidado,  todas estas ideas de la Justicia Social, de la Redistribución del Ingreso son  una maquina de generar pobres, los datos son contundentes.

La mejor política social es crear empleo, y la peor política pública es ignorar a las empresas y tratarlas como cajeros automáticos. Los aristócratas del gasto público olvidan que no existe sector público sin el sector privado, y que viven de él.

Libertad individual.

Defender la libertad individual no significa que ignoremos a la sociedad. La sociedad es el resultado de una elección personal y consciente por la cual unimos por iniciativa propia nuestras necesidades y objetivos individuales y decidimos invertir en una forma de mejorar nuestras vidas. En última instancia, esto proporciona mejores resultados a la inmensa mayoría de la gente.

El estado no es el gobierno y la sociedad no es lo que decidan los políticos

Sin embargo, “el estado”, que debe ser una comunidad de seres humanos libres que conforma una base de reglas de conducta y políticas encaminadas al bien común y a fortalecer la libertad y la capacidad de cada individuo de conseguir su desarrollo personal y familiar.

Lamentablemente, el Estado,  se ha convertido en una especie de religión que impone la voluntad de una minoría sobre los demás. Nos intentan convencer de que el estado es el gobierno y que el servicio público debe ser gestionado y controlado por el aparato político.

La sociedad no trata de hacer que las personas sean iguales, exigiendo que renunciemos a nuestros derechos individuales. La sociedad no ha sido creada para hacer que todos seamos iguales, sino para que todos seamos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos.

La sociedad y el libre albedrío no son enemigos. La sociedad y el poder absoluto sí lo son.

Es por ello que el liberalismo, que defiende una sociedad de personas libres y responsables, es la única alternativa moral y el socialismo una trampa inmoral.

Ahora, qué es el Liberalismo? no hay mejor definición que la expresada por el gran profesor Alberto Benegas Lynch (h) en una de sus formidables  obras:

“El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”

El liberalismo está anclado en la idea de “tolerancia” para que la vida en sociedad resulte posible, dado que todos somos muy distintos en muy diversos aspectos y si se pretendieran “imponer” determinados comportamientos más allá del respeto recíproco, la vida se tornaría insoportable.

Cuando se menciona “respeto irrestricto” no significa adherir, compartir o promover, es justamente un test de tolerancia, cuando uno discrepa.

Hoy se repite casi sin pensar en muy diversos medios que el objetivo supremo consiste en el igualitarismo.  Incluso se citan fuentes que en verdad contradicen lo dicho, como cuando, por ejemplo, se menciona la Declaración de Derechos en el origen de la revolución francesa que en realidad alude expresamente a la igualdad de derechos. 

De la igualdad de derechos deriva necesariamente la igualdad ante la ley que está indisolublemente atada a la noción de Justicia, ya que no se trata de iguales en atropellos sino anclado en aquello de “a cada uno lo suyo”, es decir en el respeto a la propiedad de cada cual (lo suyo, adquirido de modo legítimo).

Por otra parte, la redistribución de ingresos realizada por aparatos estatales desaprensivos se traduce inexorablemente en un esperpento de proporciones mayúsculas por el hecho que significa contradecir la distribución que hizo la gente, al reasignar los siempre escasos recursos en direcciones distintas guiado por las  preferencias de cada uno. Estas situaciones de redistribución de ingresos lo único que logra es  que, se consuma capital y, por ende, contrae las  tasas de capitalización y consiguientemente los salarios, tema que fue tratado en una columna anterior (Mercado Laboral) que les sugiero leer o reeler.

Entonces decir que “frente a toda necesidad nace un derecho” no solo es torpe y poco adecuado. Sino que constituye un imposible puesto que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos por lo que no hay de todo para todos todo el tiempo lo cual sería un escenario de prosperidad y abundancia, situación en la cual no habría precios ya que todo seria gratuito, pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis, todo tiene un costo.

Pero entonces, ¿cuál es el motivo de la manía por el igualitarismo de ingresos y patrimonios? Tal vez el motivo más profundo sea la envidia, esto es, no se tolera que otro sea mejor. Es un sentimiento sumamente destructivo, una cosa es la sana emulación por ser mejor y otra bien diferente  es el deseo de destruir o amputar el éxito del vecino.

Para comprender esto de una mejor forma, es como una carrera, donde todos partimos de la misma línea de largada y el que termina ganando porque se esforzó por llagar primero, en la próxima carrera va tener que nivelar nuevamente e igualarse, con lo cual el esfuerzo realizado resultó inútil. Por eso remarco que la idea del igualitarismo es autodestructiva.

Para terminar, estimados lectores, la redistribución coactiva realizada desde el estado resulta una vulneración de la igualdad ante la ley, porque para alcanzar ese objetivo necesariamente los gobernantes o el Estado deben tratar en forma desigual a la gente, esa es la vulneración a la que me refiero. En cambio la libertad no es un valor en si mismo, sino que es un instrumento que ha demostrado su eficacia para producir resultados satisfactorios para la humanidad.

Muchas gracias y hasta la próxima.