martes, 10 de noviembre de 2020

Crecimiento económico, justicia social, libertad individual y liberalismo:

 

El crecimiento económico de una nación,  no solo no ha sido una suma cero, sino que la mejora de condiciones de vida, riqueza y acceso a bienes y servicios, salud y educación, se han multiplicado para miles de millones de ciudadanos.

El desarrollo económico, la productividad y la eficiencia benefician a la inmensa mayoría.

Nos hablan del ánimo de lucro como algo indeseable, en vez de lo que es, la búsqueda de mejorar y conseguir nuestros objetivos y los de nuestra familia.

Milton Friedman afirma: “La responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”. Quienes deben ser responsables son las personas y no una corporación, en ese sentido afirma, los responsables son los empresarios, dueños o quienes representen a las empresas, es decir los ejecutivos.  Incrementando sus ganancias es la única forma de generar crecimiento, ya que si los proyectos generan pérdidas no hay posibilidad alguna de lograr crecimiento para nadie.

Curiosamente, pocos agentes económicos tienen mayor ánimo de lucro que el gobierno, que vive del esfuerzo y los logros de los demás.

“La inmoralidad es llamar justicia social al robo, y que un grupo de políticos y mal llamados intelectuales, que jamás han creado una empresa ni un empleo, se arroguen la facultad de determinar cuánto debe usted ganar y cuánto merece”

Estas personas deciden que hay que redistribuir el fruto del éxito de unos y dárselo a ellos, que no han tomado riesgo ni creado nada ni generado bienestar.

Para ello, los socialistas nos intentan convencer de que van a entregárselo a los pobres, como Robin Hood. Olvidan que Robin Hood le quitaba el dinero al estado –el príncipe Juan y el recaudador Sheriff de Nottingham- para devolvérselo a los contribuyentes.

Y además, se escudan en la mal llamada redistribución para crear enormes redes clientelares donde se pierden los fondos que confiscan. Eso no es justicia, es una enorme  inmoralidad.

Cuando hablan de “Justicia Social” hablan de la mayor inmoralidad posible: la confiscación de los frutos del progreso para beneficio del poder político. Penalizar el mérito y el éxito para premiar la mediocridad no es justicia social, es inmoralidad política.

La gran conquista del capitalismo es que no solo premia el genio y mérito de los que triunfan, sino que su éxito permite a su vez que millones de personas accedan a puestos de trabajo de mayor calidad y mejoren sus condiciones de vida.

 

El socialismo es inmoral porque no solo penaliza el mérito, sino que supedita a la población a ser dependientes del poder político y  siempre se aplica por la violencia. No vemos ciudadanos de Estados Unidos intentando ingresar en forma ilegal a Cuba, pero si vemos ciudadanos cubanos arriesgando su vida para huir de la isla.

 

La promesa de igualdad de un gobierno intervencionista es la receta para el estancamiento, ya que los gobiernos solamente pueden igualar a la baja. Solo pueden empobrecer a los ricos, nunca enriquecer a los pobres, de modo que perjudican a todo el mundo.

“Ninguna nación ha hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos”

Siempre que escuchemos hablar de justicia social, entendamos el concepto real, es sacar a uno lo que le pertenece para darle a otro lo que no le pertenece. Además es  una redundancia grotesca decir “justicia social”, tendría que haber una justicia animal, justicia mineral, justicia vegetal. Por eso afirmo que es una redundancia y grosera.

Les quiero dejar una reflexión sobre el término “social” a veces es criticado por ser una palabra que evoca algo difuso y con poca significación, y que sirve solamente a dificultar o entreverar las reflexiones.

Así, el economista austriaco Friedrich Hayek escribía en 1957 en sus Ensayos de filosofía, de ciencia política, y de economía, que  “el adjetivo social es una palabra que quita todo sentido claro a las expresiones en las que se la utiliza”.​ Este autor en particular critica la falta de responsabilidad involucrada en la utilización exagerada del término social, y manifiesta que: “unido a cualquier sustantivo lo convierte en su antónimo. Lo que nos indica que cuando hablamos de:

Justicia Social, significa “No Justicia”

Democracia Social, significa “No Democracia”

Constitucionalismo Social, significa “Inconstitucionalismo”

Para terminar con este tema del crecimiento económico y justicia social, “como siempre primero los datos”. El mundo tenía en el año 1800  una población de 1.000 millones de habitantes donde el 95% de la población vivía con menos de un dólar diario, es decir eran todos pobres. Apareció una revolución institucional que se llama Capitalismo y cuando el mundo  alcanzó los  7.800 millones de habitantes y la pobreza extrema  bajó al 5%. Cuál fue la receta? “el Crecimiento Económico”. La presencia del Estado destroza  el crecimiento económico, porque el Estado no produce nada, se financia con impuestos que los  toma  de lo que genera el sector privado.

Ahora bien, qué sucedió en la Argentina?, cuando éramos uno de los países más ricos del mundo, en los años que aplicamos el proyecto de Alberdi, el peso del Estado en el PBI era del 5%, todo el Poder Ejecutivo entraba en la Casa Rosada. Si tomamos los últimos años el Estado se multiplicó por 3 y la pobreza por 10, ya estamos casi en un 50% de la población. Qué podemos concluir? que el Estado no crea riqueza, todo lo contrario, la destroza. Por eso, tengamos cuidado,  todas estas ideas de la Justicia Social, de la Redistribución del Ingreso son  una maquina de generar pobres, los datos son contundentes.

La mejor política social es crear empleo, y la peor política pública es ignorar a las empresas y tratarlas como cajeros automáticos. Los aristócratas del gasto público olvidan que no existe sector público sin el sector privado, y que viven de él.

Libertad individual.

Defender la libertad individual no significa que ignoremos a la sociedad. La sociedad es el resultado de una elección personal y consciente por la cual unimos por iniciativa propia nuestras necesidades y objetivos individuales y decidimos invertir en una forma de mejorar nuestras vidas. En última instancia, esto proporciona mejores resultados a la inmensa mayoría de la gente.

El estado no es el gobierno y la sociedad no es lo que decidan los políticos

Sin embargo, “el estado”, que debe ser una comunidad de seres humanos libres que conforma una base de reglas de conducta y políticas encaminadas al bien común y a fortalecer la libertad y la capacidad de cada individuo de conseguir su desarrollo personal y familiar.

Lamentablemente, el Estado,  se ha convertido en una especie de religión que impone la voluntad de una minoría sobre los demás. Nos intentan convencer de que el estado es el gobierno y que el servicio público debe ser gestionado y controlado por el aparato político.

La sociedad no trata de hacer que las personas sean iguales, exigiendo que renunciemos a nuestros derechos individuales. La sociedad no ha sido creada para hacer que todos seamos iguales, sino para que todos seamos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos.

La sociedad y el libre albedrío no son enemigos. La sociedad y el poder absoluto sí lo son.

Es por ello que el liberalismo, que defiende una sociedad de personas libres y responsables, es la única alternativa moral y el socialismo una trampa inmoral.

Ahora, qué es el Liberalismo? no hay mejor definición que la expresada por el gran profesor Alberto Benegas Lynch (h) en una de sus formidables  obras:

“El liberalismo es el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”

El liberalismo está anclado en la idea de “tolerancia” para que la vida en sociedad resulte posible, dado que todos somos muy distintos en muy diversos aspectos y si se pretendieran “imponer” determinados comportamientos más allá del respeto recíproco, la vida se tornaría insoportable.

Cuando se menciona “respeto irrestricto” no significa adherir, compartir o promover, es justamente un test de tolerancia, cuando uno discrepa.

Hoy se repite casi sin pensar en muy diversos medios que el objetivo supremo consiste en el igualitarismo.  Incluso se citan fuentes que en verdad contradicen lo dicho, como cuando, por ejemplo, se menciona la Declaración de Derechos en el origen de la revolución francesa que en realidad alude expresamente a la igualdad de derechos. 

De la igualdad de derechos deriva necesariamente la igualdad ante la ley que está indisolublemente atada a la noción de Justicia, ya que no se trata de iguales en atropellos sino anclado en aquello de “a cada uno lo suyo”, es decir en el respeto a la propiedad de cada cual (lo suyo, adquirido de modo legítimo).

Por otra parte, la redistribución de ingresos realizada por aparatos estatales desaprensivos se traduce inexorablemente en un esperpento de proporciones mayúsculas por el hecho que significa contradecir la distribución que hizo la gente, al reasignar los siempre escasos recursos en direcciones distintas guiado por las  preferencias de cada uno. Estas situaciones de redistribución de ingresos lo único que logra es  que, se consuma capital y, por ende, contrae las  tasas de capitalización y consiguientemente los salarios, tema que fue tratado en una columna anterior (Mercado Laboral) que les sugiero leer o reeler.

Entonces decir que “frente a toda necesidad nace un derecho” no solo es torpe y poco adecuado. Sino que constituye un imposible puesto que las necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos por lo que no hay de todo para todos todo el tiempo lo cual sería un escenario de prosperidad y abundancia, situación en la cual no habría precios ya que todo seria gratuito, pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis, todo tiene un costo.

Pero entonces, ¿cuál es el motivo de la manía por el igualitarismo de ingresos y patrimonios? Tal vez el motivo más profundo sea la envidia, esto es, no se tolera que otro sea mejor. Es un sentimiento sumamente destructivo, una cosa es la sana emulación por ser mejor y otra bien diferente  es el deseo de destruir o amputar el éxito del vecino.

Para comprender esto de una mejor forma, es como una carrera, donde todos partimos de la misma línea de largada y el que termina ganando porque se esforzó por llagar primero, en la próxima carrera va tener que nivelar nuevamente e igualarse, con lo cual el esfuerzo realizado resultó inútil. Por eso remarco que la idea del igualitarismo es autodestructiva.

Para terminar, estimados lectores, la redistribución coactiva realizada desde el estado resulta una vulneración de la igualdad ante la ley, porque para alcanzar ese objetivo necesariamente los gobernantes o el Estado deben tratar en forma desigual a la gente, esa es la vulneración a la que me refiero. En cambio la libertad no es un valor en si mismo, sino que es un instrumento que ha demostrado su eficacia para producir resultados satisfactorios para la humanidad.

Muchas gracias y hasta la próxima.


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