El crecimiento económico de una nación, no solo no ha sido una suma cero, sino que la
mejora de condiciones de vida, riqueza y acceso a bienes y servicios, salud y
educación, se han multiplicado para miles de millones de ciudadanos.
El desarrollo económico, la productividad y la eficiencia benefician a la
inmensa mayoría.
Nos hablan del ánimo de lucro como algo indeseable, en vez de lo que es, la búsqueda de mejorar y
conseguir nuestros objetivos y los de nuestra familia.
Milton Friedman afirma: “La
responsabilidad social de los empresarios es incrementar sus ganancias”.
Quienes deben ser responsables son las personas y no una corporación, en ese
sentido afirma, los responsables son los empresarios, dueños o quienes
representen a las empresas, es decir los ejecutivos. Incrementando sus ganancias es la única forma
de generar crecimiento, ya que si los proyectos generan pérdidas no hay
posibilidad alguna de lograr crecimiento para nadie.
Curiosamente, pocos agentes económicos
tienen mayor ánimo de lucro que el gobierno, que vive del esfuerzo y los logros
de los demás.
“La inmoralidad es
llamar justicia social al robo, y que un grupo de políticos y mal llamados
intelectuales, que jamás han creado una empresa ni un empleo, se arroguen la
facultad de determinar cuánto debe usted ganar y cuánto merece”
Estas personas deciden que hay que redistribuir el fruto del éxito de unos
y dárselo a ellos, que no han tomado riesgo ni creado nada ni generado
bienestar.
Para ello, los socialistas nos intentan convencer de que van a entregárselo
a los pobres, como Robin Hood. Olvidan que Robin Hood le quitaba el dinero al
estado –el príncipe Juan y el recaudador Sheriff de Nottingham- para
devolvérselo a los contribuyentes.
Y además, se escudan
en la mal llamada redistribución para crear enormes redes clientelares donde se
pierden los fondos que confiscan. Eso no es justicia, es una enorme inmoralidad.
Cuando hablan de “Justicia Social”
hablan de la mayor inmoralidad posible: la confiscación de los frutos del
progreso para beneficio del poder político. Penalizar el mérito y el éxito para
premiar la mediocridad no es justicia social, es inmoralidad política.
La gran conquista del capitalismo es que no solo premia el genio y mérito
de los que triunfan, sino que su éxito permite a su vez que millones de
personas accedan a puestos de trabajo de mayor calidad y mejoren sus
condiciones de vida.
El socialismo es inmoral porque no solo
penaliza el mérito, sino que supedita a
la población a ser dependientes del poder político y siempre se aplica por la violencia. No vemos
ciudadanos de Estados Unidos intentando ingresar en forma ilegal a Cuba, pero
si vemos ciudadanos cubanos arriesgando su vida para huir de la isla.
La promesa de igualdad de un gobierno intervencionista es la receta para el
estancamiento, ya que los gobiernos solamente pueden igualar a la baja. Solo
pueden empobrecer a los ricos, nunca enriquecer a los pobres, de modo que
perjudican a todo el mundo.
“Ninguna nación ha
hecho más ricos a los pobres haciendo pobres a los ricos”
Siempre que escuchemos
hablar de “justicia social”,
entendamos el concepto real, es sacar a
uno lo que le pertenece para darle a otro lo que no le pertenece. Además
es una redundancia grotesca decir
“justicia social”, tendría que haber una justicia animal, justicia mineral,
justicia vegetal. Por eso afirmo que es una redundancia y grosera.
Les quiero dejar una
reflexión sobre el término “social” a
veces es criticado por ser una palabra que evoca algo difuso y con poca
significación, y que sirve solamente a dificultar o entreverar las reflexiones.
Así, el economista
austriaco Friedrich Hayek escribía en 1957 en
sus Ensayos de filosofía, de ciencia política, y de economía, que “el adjetivo social es una
palabra que quita todo sentido claro a las expresiones en las que se la utiliza”.
Este autor en particular critica la falta de responsabilidad involucrada en la
utilización exagerada del término social, y manifiesta que: “unido a cualquier sustantivo lo convierte en su
antónimo”. Lo que nos indica que cuando hablamos de:
Justicia Social, significa “No Justicia”
Democracia Social, significa “No Democracia”
Constitucionalismo Social, significa “Inconstitucionalismo”
Para terminar con este
tema del crecimiento económico y justicia social, “como siempre primero los
datos”. El mundo tenía en el año 1800
una población de 1.000 millones de habitantes donde el 95% de la
población vivía con menos de un dólar diario, es decir eran todos pobres. Apareció
una revolución institucional que se llama Capitalismo y cuando el mundo alcanzó los 7.800 millones de habitantes y la pobreza extrema
bajó al 5%. Cuál fue la receta? “el
Crecimiento Económico”. La presencia del Estado destroza el crecimiento económico, porque el Estado no
produce nada, se financia con impuestos que los
toma de lo que genera el sector
privado.
Ahora bien, qué
sucedió en la Argentina?, cuando éramos uno de los países más ricos del mundo, en
los años que aplicamos el proyecto de Alberdi, el peso del Estado en el PBI era del 5%, todo el Poder Ejecutivo
entraba en la Casa Rosada. Si tomamos los últimos años el Estado se
multiplicó por 3 y la pobreza por 10, ya estamos casi en un 50% de la
población. Qué podemos concluir? que el Estado no crea riqueza, todo lo
contrario, la destroza. Por eso, tengamos cuidado, todas estas ideas de la Justicia Social, de la
Redistribución del Ingreso son una
maquina de generar pobres, los datos son contundentes.
La mejor política social es crear empleo, y la peor política pública es
ignorar a las empresas y tratarlas como cajeros automáticos. Los aristócratas
del gasto público olvidan que no existe sector público sin el sector privado,
y que viven de él.
Libertad individual.
Defender la libertad individual no significa que ignoremos a la sociedad.
La sociedad es el resultado de una elección personal y consciente por la cual
unimos por iniciativa propia nuestras necesidades y objetivos individuales y
decidimos invertir en una forma de mejorar nuestras vidas. En última instancia,
esto proporciona mejores resultados a la inmensa mayoría de la gente.
El estado no es el
gobierno y la sociedad no es lo que decidan los políticos
Sin embargo, “el estado”, que debe ser una comunidad de seres humanos
libres que conforma una base de reglas de conducta y políticas encaminadas al
bien común y a fortalecer la libertad y la capacidad de cada individuo de
conseguir su desarrollo personal y familiar.
Lamentablemente, el
Estado, se ha convertido en una especie
de religión que impone la voluntad de una minoría sobre los demás. Nos intentan
convencer de que el estado es el gobierno y que el servicio público debe ser
gestionado y controlado por el aparato político.
La sociedad no trata de hacer que las personas sean iguales, exigiendo que
renunciemos a nuestros derechos individuales. La sociedad no ha sido creada para hacer que todos seamos iguales, sino
para que todos seamos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos.
La sociedad y el libre albedrío no son enemigos. La sociedad y el poder
absoluto sí lo son.
Es por ello que el liberalismo, que defiende una sociedad de personas
libres y responsables, es la única alternativa moral y el socialismo una trampa
inmoral.
Ahora, qué es el Liberalismo? no hay mejor
definición que la expresada por el gran profesor Alberto Benegas Lynch (h) en
una de sus formidables obras:
“El liberalismo es el
respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros”
El liberalismo está anclado en la idea de “tolerancia” para que la vida en
sociedad resulte posible, dado que todos somos muy distintos en muy diversos
aspectos y si se pretendieran “imponer” determinados comportamientos más allá
del respeto recíproco, la vida se tornaría insoportable.
Cuando se menciona “respeto irrestricto” no significa adherir, compartir o
promover, es justamente un test de tolerancia, cuando uno discrepa.
Hoy se repite casi sin pensar en muy diversos medios que el objetivo
supremo consiste en el igualitarismo. Incluso se citan fuentes que en verdad
contradicen lo dicho, como cuando, por ejemplo, se menciona la Declaración
de Derechos en el origen de la revolución francesa que
en realidad alude expresamente a la igualdad de derechos.
De la igualdad de derechos
deriva necesariamente la igualdad ante la ley que está
indisolublemente atada a la noción de Justicia, ya que no se trata
de iguales en atropellos sino anclado en aquello de “a cada uno lo suyo”, es
decir en el respeto a la propiedad de cada cual (lo suyo, adquirido de modo
legítimo).
Por otra parte, la redistribución de ingresos realizada por aparatos
estatales desaprensivos se traduce inexorablemente en un esperpento de
proporciones mayúsculas por el hecho que significa contradecir la distribución
que hizo la gente, al reasignar los siempre escasos recursos en direcciones
distintas guiado por las preferencias de
cada uno. Estas situaciones de redistribución de ingresos lo único que logra es
que, se consuma capital y, por ende,
contrae las tasas de capitalización y
consiguientemente los salarios, tema que fue tratado en una columna anterior
(Mercado Laboral) que les sugiero leer o reeler.
Entonces decir que “frente a toda
necesidad nace un derecho” no solo es torpe y poco adecuado. Sino que constituye un imposible puesto que las
necesidades son ilimitadas y los recursos son escasos por lo que no hay de todo
para todos todo el tiempo lo cual sería un escenario de prosperidad y
abundancia, situación en la cual no habría precios ya que todo seria gratuito,
pero no se necesita ser un economista para saber que en la vida nada es gratis,
todo tiene un costo.
Pero entonces, ¿cuál es el motivo de la manía por el igualitarismo de
ingresos y patrimonios? Tal vez el motivo más profundo sea la envidia, esto es,
no se tolera que otro sea mejor. Es un sentimiento sumamente destructivo, una
cosa es la sana emulación por ser mejor y otra bien diferente es el deseo
de destruir o amputar el éxito del vecino.
Para comprender esto de una mejor forma, es como
una carrera, donde todos partimos de la misma línea de largada y el que termina
ganando porque se esforzó por llagar primero, en la próxima carrera va tener
que nivelar nuevamente e igualarse, con lo cual el esfuerzo realizado resultó
inútil. Por eso remarco que la idea del igualitarismo es autodestructiva.
Para terminar, estimados lectores, la redistribución coactiva realizada
desde el estado resulta una vulneración de la igualdad ante la ley, porque para
alcanzar ese objetivo necesariamente los gobernantes o el Estado deben tratar
en forma desigual a la gente, esa es la vulneración a la que me refiero. En cambio la libertad no es un valor
en si mismo, sino que es un instrumento que ha demostrado su eficacia
para producir resultados satisfactorios para la humanidad.
Muchas gracias y hasta la próxima.

Mario
ResponderBorrarMuy bien, claro, con mucha información y muy didáctico
Felicitaciones