lunes, 23 de noviembre de 2020

Populismo una forma de destrucción de riqueza:

 

De los países que conforman América del Sur, seis optan  por un modelo más afín al que sigue la mayoría del mundo: Chile, Brasil, Colombia, Perú, Uruguay y Paraguay. Otros cuatro, Venezuela, Ecuador, Bolivia y la Argentina están embarcados en otro modelo.

Podríamos definirlos como de corte populista

Sobre nuestro país muchos dudaban o "no lo podían entender". Pero hoy esa discusión está claramente terminada. Si bien son cuatro países sobre diez en la región, el PBI de los populistas excluida la Argentina es apenas 10% del total, lo que hace más lamentable todavía que nuestro país forme parte de este grupo.

El populismo siempre ha sido difícil de definir de manera precisa. No obstante se han identificado algunos rasgos característicos. Por ejemplo, la presencia de una propaganda política basada en movilizaciones, una retórica (o relato) y simbología diseñados para generar la atracción del electorado. Acuerdos y políticas destinadas a los sectores de bajos ingresos, con los cuales la clase política se identifica por más que provengan o se encuentren en clases medias o altas. También es factor característico el uso de chivos expiatorios y de teorías conspirativas.


Es por esto que el populismo a su vez encuentra puntos de coincidencia con la izquierda (socialismo) y con la derecha (fascismo)


Ahora bien, la pregunta es:

¿Es el kirchnerismo socialismo o fascismo? ¿O acaso tiene actitudes y políticas de ambos? 

De allí que proyectos populistas sean calificados por algunos como socialismo aplicado y por otros como un tipo de fascismo.

Sobre el particular existe un trabajo realizado por excelentes economistas, me estoy refiriendo a  Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards, que  dividen el populismo en cuatro etapas luego de observar la experiencia de varios países latinoamericanos.


Si bien los economistas  describen estas cuatro etapas en 1990, el paralelismo con el kirchnerismo es notable.

Las cuatro etapas identificadas por estos autores son las siguientes:

Etapa 1:

En los primero años, el diagnóstico de los políticos populistas es reivindicado. Las políticas macroeconómicas muestran exitosos resultados, aumento del PBI, baja del desempleo, incrementos del salario real, etc. La inflación se mantiene bajo control en base a regulaciones, capacidad ociosa, e importaciones financiadas con las reservas del Banco Central.

Etapa 2:

Comienzan a aparecer cuellos de botella. En parte debido a la política de incentivar el consumo (descuidando las inversiones), la escasez de dólares, y la eliminación de stocks y capacidad ociosa. Un reacomodamiento de precios relativos, como una devaluación o controles de capital y del tipo de cambio comienza a ser necesario. El gobierno intenta, pero falla, en controlar el aumento de los ingresos reales y del gasto público. La economía en negro o informal comienza a crecer y el déficit fiscal empeora notablemente debido a los subsidios otorgados a bienes de consumo y el mercado de divisas (tipo de cambio.)

Etapa 3:

Serios faltantes, aceleración de la inflación, y un evidente atraso cambiario llevan a una fuga de capitales y a una desmonetización de la moneda local de la economía. La caída en la recaudación por una menor actividad económica y el aumento en los subsidios empeoran aún más el cuadro de déficit fiscal. El gobierno intenta cortar subsidios y devaluar a un ritmo más acelerado la moneda. Los salarios reales caen y comienzan a aparecer signos de inestabilidad política. El fracaso del proyecto populista es claro.

Etapa 4:

Un nuevo gobierno lleva adelante ajustes “ortodoxos”, posiblemente bajo la tutela del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los salarios reales siguen cayendo llegando a un nivel inferior al que se encontraban al inicio del proyecto populista. Esta caída del salario real (que no comienza con la reforma ortodoxa) se debe a que las políticas económicas del proyecto populista llevan a una disminución en las inversiones, depreciación del capital invertido, y a la fuga de capitales. El capital (financiero) se mueve de un país a otro más fácil que el trabajo. El menor capital per cápita producto de las políticas populistas es la razón de la caída de los salarios reales.

Si bien la descripción de las etapas es lo suficientemente clara y el paralelismo con el kirchnerismo es evidente, hay algunas aclaraciones pertinentes por hacer.

En primer lugar,  la cuarta etapa pone de manifiesto la caída de los salarios reales. El llamado “sinceramiento de la economía.” El político populista, en cambio, utiliza la cuarta etapa como chivo expiatorio a quien culpar por los efectos de sus propias políticas para atraer votantes en las próximas elecciones sosteniendo que “con mi gobierno esto no pasaba.”

En segundo lugar, no es sorpresa que los populismos surjan luego de crisis económicas. No sólo porque brindan la oportunidad de seducir al electorado con teorías conspirativas, sino porque las crisis brindan las condiciones ideales para la primer etapa, donde se puede poner en marcha una “fiesta de consumo” aprovechando que la capacidad ociosa pone distancia a los cuellos de botella. De este modo se confunde recuperación económica con genuino crecimiento económico.

En tercer lugar, especialmente en los países con instituciones débiles y donde el populismo se encuentra presente en más de un partido político, el proyecto populista de turno culmina cuando se “choca con la realidad,” no cuando las instituciones ponen límites a la administración de turno. El gobierno de Menem, por ejemplo, que siguió al populismo de Ricardo Alfonsín, hizo reformas económicas más por necesidad que por convicción. No es casualidad que se identifique a la llegada del populismo peronista  como el inicio del retraso argentino respecto al mundo. La secuencia de caídas de ingresos reales de ciclo en ciclo mencionado en la cuarta etapa.

Por último, no es que el modelo económico bajo el populismo se agota, como si el mismo fuese consistente, pero llega un momento en que hay que cambiarlo. Por el contrario, el modelo económico nunca debió ser aplicado. Lo que se agota es el maquillaje del deterioro económico, no las supuestas virtudes del modelo.


Dicho de otra manera, el problema no es identificar el momento correcto en el cual cambiar de modelo, el problema es identificar el correcto modelo de entrada.


Aquel que hay que cuidar, pero no controlar abusivamente porque el modelo es consistente en sí mismo y por lo tanto evoluciona pero no se agota.


El objetivo del populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el asistencialismo. Utilizar las gigantescas partidas para ayudas sociales o programas de empleo para crear más comités y observatorios, haciendo de los ciudadanos clientes rehenes que dependen de la generalización del subsidio y terminan por votarles ante la falta de oportunidades por la destrucción del tejido empresarial y de las opciones de buscar otros empleos.

Como menciono anteriormente que las coincidencias con el kirchnerismo son evidentes. Pues bien, voy a describir etapa por etapa de manera muy resumida  para que podamos comprender esta afirmación.

La etapa 1: coincide con el gobierno de Néstor Kirchner (luego de la crisis 2000-2002), crecimiento al 8%, superávit gemelos, se aprovecha la capacidad ociosa que existía (gracias a las transformaciones de los noventa), tipo de cambio alto, condiciones internacionales muy favorables, pero cuidado, la inflación en el orden del 10% anual, para los niveles de Argentina podemos decir que es bajo y con la expansión del nivel de actividad, el tema de la inflación parece no ser un problema en esta etapa.

La etapa 2: es el primer gobierno de Cristina, la economía empieza a mostrar problemas, la inflación pasa del 10 al 20%, los salarios se mantienen, el nivel de actividad comienza a mostrar signos de estancamiento.

La etapa 3: es el segundo mandato de Cristina, la económica se termina por estancar y no crece, problemas de escasez, la inflación salta al 30%, fugas de capitales y aparecen los controles, “el Cepo al Dólar”.

La etapa 4: como muy bien indica el estudio realizado, viene la crisis, que coincide con el gobierno de Mauricio Macri, que no estalló de inmediato porque tuvo financiamiento, cuando este se agotó entramos en crisis, además de otras cuestiones propias del gobierno del Pro que no son objeto de la presente columna, ya que fueron tratadas en una anterior denominada “El camino hacia el cambio”.

En el presente artículo se intenta dejar en claro la colosal destrucción de riqueza de la que hemos sido víctimas, fruto de la instrumentación de un esquema de políticas populistas salvajes por parte del régimen kirchnerista que ocupó el poder durante doce años.

Si esto lo ponemos en orden de destrucción tenemos el mencionado periodo kirchnerista como el mayor destructor, seguido por la económica de la dictadura durante 1977-1982, continuando con la salida de la convertibilidad 2000-2002, el rodrigazo 1973-1975  y los años que van de 1945 a 1949 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.

El punto de partida para medir la destrucción del kirchnerismo es el inicio del segundo mandato de la señora Cristina Fernández de Kirchner, mencionado como Etapa 3, junto a la llegada al Ministerio de Economía del Dr. Axel Kicillof (tanto como viceministro, primero, como  ministro después), actual Gobernador de la provincia de Buenos Aires. Concretamente, pese a la adulteración de las estadísticas y la existencia de tipos de cambios múltiples, el PIB por habitante, cepo mediante, se estancó en torno a los diez mil dólares per cápita.

Durante el período 2011-2015 el país ha disfrutado del mejor contexto internacional de la historia (los términos de intercambio más favorables  de la historia junto a tasas de interés en el mundo cercanas al 0%), el PIB por habitante disminuyó, una cosa completamente inadmisible, por eso es la calificación que le damos.

 

Si bien el hecho de que la tasa de expansión de la economía tiene niveles positivos, en el ciclo populista,  nunca logró un crecimiento que te ubique por encima de donde partiste, sino que fue  una mera Recuperación Cíclica:

 

Veníamos  cayendo muy fuertemente (crisis 2000-2002 con caída del 11%)

Pasamos de un nivel del 8% anual promedio durante 2003-2007 después

Al 4% para 2007-2011 y

 Ubicándose en el 0% durante la segunda gestión de CFK

Al tiempo que la inflación se acelera, no existe creación de empleos genuinos y  los niveles de comercio exterior se contraen en más de un 20% respecto a los máximos históricos, deberían ser muestras más que suficientes de un modelo exterminado.

“ESTO SE LLAMA RECUPERACION CICLICA”

Si caímos el 11% y después recuperamos el 8%, después el 4% y 0% en el gobierno de CFK, no logramos el nivel inicial o punto de partida.

 

Un pésimo manejo de la economía que dan cuenta de la oportunidad que se ha perdido a la luz del mejor contexto internacional de la historia del país, tanto en términos de intercambio (fueron mejores que los que tenia Argentina cuando termina la segunda guerra mundial) con  tasas de interés cercanas al cero, en un mundo totalmente integrado. Con todo esto Argentina alcanza una marca increíble:

 

 “Cero Crecimiento”

 

Por lo tanto, si se encuentran con alguien y luego de explicarle estos números sigue sin creerle que el Kirchnerismo ha sido, por lejos, el peor Gobierno de la historia del país, resulta altamente probable que esté frente a un caso de fanatismo extremo.

Para terminar, estimados lectores, el populismo  elimina la meritocracia y la recompensa del esfuerzo, porque acaba con la competencia entre pares, porque liquida la disputa en buena ley  en pos de la prosperidad, cuya tarea se endosa al Estado, que es el menos capaz de proporcionarla.

Ya lo decía Bastiat: “Aquel que pretende vivir del Estado olvida que el Estado vive de todos los demás”

Muchas gracias y hasta la próxima.

 

 


1 comentario:

  1. Mario,
    Muy útil porque en este artículo vemos con claridad esas 4 etapas que tan didácticamente nos demuestras que aplican directamente al kirchnerismo.

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