De los países que conforman
América del Sur, seis optan por un
modelo más afín al que sigue la mayoría del mundo: Chile, Brasil, Colombia,
Perú, Uruguay y Paraguay. Otros cuatro, Venezuela, Ecuador, Bolivia y la
Argentina están embarcados en otro modelo.
Podríamos
definirlos como de corte populista
Sobre nuestro país muchos
dudaban o "no lo podían entender". Pero hoy esa discusión está
claramente terminada. Si bien son cuatro países sobre diez en la región, el PBI
de los populistas excluida la Argentina es apenas 10% del total, lo que hace
más lamentable todavía que nuestro país forme parte de este grupo.
El populismo siempre ha
sido difícil de definir de manera precisa. No obstante se han identificado
algunos rasgos característicos. Por ejemplo, la presencia de una propaganda
política basada en movilizaciones, una retórica (o relato) y simbología
diseñados para generar la atracción del electorado. Acuerdos y políticas
destinadas a los sectores de bajos ingresos, con los cuales la clase política
se identifica por más que provengan o se encuentren en clases medias o
altas. También es factor característico el uso de chivos
expiatorios y de teorías conspirativas.
Es por esto
que el populismo a su vez encuentra puntos de coincidencia con la
izquierda (socialismo) y con la derecha (fascismo)
Ahora bien, la pregunta es:
¿Es el kirchnerismo socialismo
o fascismo? ¿O acaso tiene actitudes y políticas de ambos?
De allí que proyectos
populistas sean calificados por algunos como socialismo aplicado y por otros
como un tipo de fascismo.
Sobre el particular existe
un trabajo realizado por excelentes economistas, me estoy refiriendo a Rudiger Dornbusch y Sebastián Edwards,
que dividen el populismo en cuatro
etapas luego de observar la experiencia de varios países latinoamericanos.
Si bien los economistas describen estas cuatro etapas en 1990, el
paralelismo con el kirchnerismo es notable.
Las cuatro etapas
identificadas por estos autores son las siguientes:
Etapa 1:
En los
primero años, el diagnóstico de los políticos populistas es reivindicado. Las
políticas macroeconómicas muestran exitosos resultados, aumento del PBI, baja
del desempleo, incrementos del salario real, etc. La inflación se mantiene bajo
control en base a regulaciones, capacidad ociosa, e importaciones financiadas
con las reservas del Banco Central.
Etapa 2:
Comienzan
a aparecer cuellos de botella. En parte debido a la política de incentivar el
consumo (descuidando las inversiones), la escasez de dólares, y la eliminación
de stocks y capacidad ociosa. Un reacomodamiento de precios relativos,
como una devaluación o controles de capital y del tipo de cambio comienza
a ser necesario. El gobierno intenta, pero falla, en controlar el aumento de
los ingresos reales y del gasto público. La economía en negro o informal
comienza a crecer y el déficit fiscal empeora notablemente debido a los
subsidios otorgados a bienes de consumo y el mercado de divisas (tipo de
cambio.)
Etapa 3:
Serios
faltantes, aceleración de la inflación, y un evidente atraso cambiario llevan a
una fuga de capitales y a una desmonetización de la moneda local de la
economía. La caída en la recaudación por una menor actividad económica y el
aumento en los subsidios empeoran aún más el cuadro de déficit fiscal. El
gobierno intenta cortar subsidios y devaluar a un ritmo más acelerado la
moneda. Los salarios reales caen y comienzan a aparecer signos de inestabilidad
política. El fracaso del proyecto populista es claro.
Etapa 4:
Un
nuevo gobierno lleva adelante ajustes “ortodoxos”, posiblemente bajo la tutela
del Fondo Monetario Internacional (FMI). Los salarios reales siguen cayendo
llegando a un nivel inferior al que se encontraban al inicio del proyecto
populista. Esta caída del salario real (que no comienza con la reforma
ortodoxa) se debe a que las políticas económicas del proyecto populista
llevan a una disminución en las inversiones, depreciación del capital
invertido, y a la fuga de capitales. El capital (financiero) se mueve de un
país a otro más fácil que el trabajo. El menor capital per cápita producto de
las políticas populistas es la razón de la caída de los salarios reales.
Si bien la descripción de
las etapas es lo suficientemente clara y el paralelismo con el kirchnerismo es evidente,
hay algunas aclaraciones pertinentes por hacer.
En primer lugar, la cuarta etapa pone de manifiesto la caída de
los salarios reales. El llamado “sinceramiento de la economía.” El político populista, en cambio, utiliza la cuarta etapa como
chivo expiatorio a quien culpar por los efectos de sus propias políticas para
atraer votantes en las próximas elecciones sosteniendo que “con mi gobierno
esto no pasaba.”
En segundo lugar, no es sorpresa que los populismos surjan
luego de crisis económicas. No sólo porque brindan la oportunidad de
seducir al electorado con teorías conspirativas, sino porque las crisis brindan
las condiciones ideales para la primer etapa, donde se puede poner en marcha
una “fiesta de consumo” aprovechando que la capacidad ociosa pone distancia a
los cuellos de botella. De este modo se
confunde recuperación económica con genuino crecimiento económico.
En tercer lugar,
especialmente en los países con instituciones débiles y donde el populismo se
encuentra presente en más de un partido político, el proyecto populista de turno culmina cuando se “choca con la
realidad,” no cuando las instituciones ponen límites a la administración de
turno. El gobierno de Menem, por ejemplo, que siguió al populismo de Ricardo
Alfonsín, hizo reformas económicas más por necesidad que por convicción. No es
casualidad que se identifique a la llegada del populismo peronista como el inicio del retraso argentino respecto
al mundo. La secuencia de caídas de ingresos reales de ciclo en ciclo
mencionado en la cuarta etapa.
Por último, no es que el modelo económico bajo el populismo se agota, como si
el mismo fuese consistente, pero llega un momento en que hay que cambiarlo. Por
el contrario, el modelo económico
nunca debió ser aplicado. Lo que se agota es el maquillaje del
deterioro económico, no las supuestas virtudes del modelo.
Dicho de otra
manera, el problema no es identificar el momento correcto en el cual
cambiar de modelo, el problema es identificar el correcto modelo de entrada.
Aquel que hay que cuidar,
pero no controlar abusivamente porque el modelo es consistente en sí mismo y
por lo tanto evoluciona pero no se agota.
El objetivo del
populismo no es reducir la pobreza, sino beneficiarse de gestionar el
asistencialismo. Utilizar las gigantescas partidas para ayudas sociales o
programas de empleo para crear más comités y observatorios, haciendo de los
ciudadanos clientes rehenes que dependen de la generalización del subsidio y
terminan por votarles ante la falta de oportunidades por la destrucción del
tejido empresarial y de las opciones de buscar otros empleos.
Como menciono anteriormente que las
coincidencias con el kirchnerismo son evidentes. Pues bien, voy a describir
etapa por etapa de manera muy resumida para que podamos comprender esta afirmación.
La etapa 1: coincide con el gobierno de Néstor Kirchner (luego de la crisis 2000-2002),
crecimiento al 8%, superávit gemelos, se aprovecha la capacidad ociosa que
existía (gracias a las transformaciones de los noventa), tipo de cambio alto,
condiciones internacionales muy favorables, pero cuidado, la inflación en el
orden del 10% anual, para los niveles de Argentina podemos decir que es bajo y
con la expansión del nivel de actividad, el tema de la inflación parece no ser
un problema en esta etapa.
La etapa 2: es el primer gobierno de Cristina, la economía empieza a mostrar
problemas, la inflación pasa del 10 al 20%, los salarios se mantienen, el nivel
de actividad comienza a mostrar signos de estancamiento.
La etapa 3: es el segundo mandato de Cristina, la económica se termina por estancar y
no crece, problemas de escasez, la inflación salta al 30%, fugas de capitales y
aparecen los controles, “el Cepo al Dólar”.
La etapa 4: como muy bien indica el estudio realizado, viene la crisis, que coincide
con el gobierno de Mauricio Macri, que no estalló de inmediato porque tuvo financiamiento,
cuando este se agotó entramos en crisis, además de otras cuestiones propias del
gobierno del Pro que no son objeto de la presente columna, ya que fueron
tratadas en una anterior denominada “El camino hacia el cambio”.
En el presente
artículo se intenta dejar en claro la colosal destrucción de riqueza de la que
hemos sido víctimas, fruto de la
instrumentación de un esquema de políticas populistas salvajes por parte del
régimen kirchnerista que ocupó el poder durante doce años.
Si esto lo ponemos en orden de destrucción tenemos el mencionado periodo
kirchnerista como el mayor destructor, seguido por la económica de la dictadura
durante 1977-1982, continuando con la salida de la convertibilidad 2000-2002,
el rodrigazo 1973-1975 y los años que
van de 1945 a 1949 durante el primer gobierno de Juan Domingo Perón.
El punto de partida
para medir la destrucción del kirchnerismo es el inicio del segundo mandato de la señora Cristina Fernández de
Kirchner, mencionado como Etapa 3, junto
a la llegada al Ministerio de Economía del
Dr. Axel Kicillof (tanto como viceministro, primero, como ministro después), actual Gobernador de la
provincia de Buenos Aires. Concretamente, pese a la adulteración de las
estadísticas y la existencia de tipos de cambios múltiples, el PIB por
habitante, cepo mediante, se estancó en torno a los diez mil dólares per
cápita.
Durante el período 2011-2015 el país ha disfrutado del mejor contexto
internacional de la historia (los términos de intercambio más favorables de la historia junto a tasas de interés en el
mundo cercanas al 0%), el PIB por habitante disminuyó, una cosa
completamente inadmisible, por eso es la calificación que le damos.
Si bien el hecho de
que la tasa de expansión de la economía
tiene niveles positivos, en el ciclo populista, nunca logró un crecimiento que te ubique por
encima de donde partiste, sino que fue
una mera Recuperación Cíclica:
Veníamos cayendo muy fuertemente
(crisis 2000-2002 con caída del 11%)
Pasamos de un nivel del 8% anual promedio durante 2003-2007 después
Al 4% para 2007-2011 y
Ubicándose en el 0% durante la
segunda gestión de CFK
Al tiempo que la inflación se acelera, no existe creación de empleos genuinos
y los niveles de comercio exterior se
contraen en más de un 20% respecto a los máximos históricos, deberían ser
muestras más que suficientes de un modelo exterminado.
“ESTO SE LLAMA RECUPERACION CICLICA”
Si caímos el 11% y después recuperamos el 8%, después el 4% y 0% en el
gobierno de CFK, no logramos el nivel inicial o punto de partida.
Un pésimo manejo de la economía que dan cuenta de la oportunidad que se ha
perdido a la luz del mejor contexto
internacional de la historia del país, tanto en términos de intercambio
(fueron mejores que los que tenia Argentina cuando termina la segunda guerra
mundial) con tasas de interés cercanas
al cero, en un mundo totalmente integrado. Con
todo esto Argentina alcanza una marca increíble:
“Cero Crecimiento”
Por lo tanto, si
se encuentran con alguien y luego de explicarle estos números sigue sin creerle
que el Kirchnerismo ha sido, por lejos,
el peor Gobierno de la historia del país, resulta altamente probable que
esté frente a un caso de fanatismo extremo.
Para terminar,
estimados lectores, el populismo elimina
la meritocracia y la recompensa del esfuerzo, porque acaba con la competencia
entre pares, porque liquida la disputa en buena ley en pos de la prosperidad, cuya tarea se
endosa al Estado, que es el menos capaz de proporcionarla.
Ya lo decía Bastiat:
“Aquel que pretende vivir del Estado olvida que el Estado vive de todos los
demás”
Muchas gracias y hasta la próxima.

Mario,
ResponderBorrarMuy útil porque en este artículo vemos con claridad esas 4 etapas que tan didácticamente nos demuestras que aplican directamente al kirchnerismo.