miércoles, 3 de junio de 2020

Comercio Exterior y Competitividad:


Todos entendemos que el comercio internacional  es positivo  y debe ser incentivado. También es una fuente de transferencia de tecnología y brinda a un país, la oportunidad de especializarse en las áreas de producción en las que es mejor que otros. A través del la apertura del comercio  hacia el mundo, se eleva la renta per cápita  generando más productividad y crecimiento económico.

El comercio que atraviesa fronteras no se diferencia del comercio dentro de un país

El tomarse en serio las fronteras constituye la base de “proteccionismos” que en verdad desprotegen a los locales, haciendo creer que lo extranjero va a traer consecuencias no deseadas a nuestra economía. Nada más alejado de la realidad que esa afirmación.

Abrir las fronteras al comercio exterior de par en par se traduce en menores erogaciones por unidad de producto y acceso a una mejor calidad para satisfacer nuestras necesidades. Lo cual a su turno significa liberar recursos humanos y materiales para atender otras necesidades y aprovechar las ventajas, como indico más arriba, en lo que somos mejores que otros países. En ese sentido la liberación de aranceles produce el mismo efecto que el descubrimiento de una nueva tecnología que permite incrementar la productividad.

Es tragicómico que a esta altura de la historia, ya pasados los traumas mercantilistas, se insista en que el objetivo de un país es exportar mucho y mantener en brete las importaciones. Sostener este concepto es un grave error.

Si importamos es porque primero vendimos, no es malo tener que importar. Si un país es absolutamente inepto para exportar no debe preocuparse por las importaciones, puesto que igual que con nosotros el que no vende no puede comprar, es una regla básica de la economía.

Una política especialmente dañina es el establecimiento de aranceles en forma de serrucho, es decir, la imposición de gravámenes aduaneros en forma despareja, lo cual conduce a cuellos de botella insalvables entre los insumos y el producto final.

Para concluir este tema del comercio internacional, e ingresar en el otro tema les quiero ratificar una cuestión que es prioritaria y que se debe entender muy bien el comercio que atraviesa fronteras no se diferencia del comercio dentro de un país”. Todo lo que hagamos sin entender esto estamos privando a la sociedad de obtener bienes de mejor calidad y a mejor precio. Y por otro lado quitamos el incentivo de lograr la inversión necesaria para producir con mayor productividad y eficiencia. Me estoy refiriendo a los aranceles, regulaciones, controles de cambio sobre el comercio internacional.

No quiero dejar pasar sin comentar una disposición que se conoció esta semana. Prohibió la compra de divisas en el Mercado Único y Libre de Cambio (MULC) para importar bienes a empresas que tengan “activos líquidos” en moneda extranjera. Cabe destacar que la misma tendrá efectos sobre la inflación. Dado que los importadores tendrán que importar usando sus dólares ahorrados que valen más que los comprados en el MULC, es probable que sus productos/insumos  aumenten de precio. En síntesis, las cotizaciones paralelas tendrán un impacto más significativo en la inflación. 

Por otra parte, llevará a muchas empresas a desistir de algunas operaciones comerciales. En éste sentido,  muchos bienes que  son rentables a un precio de importación de 68 $/USD  no lo son a 110 $/USD.

En consecuencia, puedo afirmar que esta última medida actuará como una suerte de “devaluación encubierta”.

La competitividad es mucho más que el tipo de cambio:

Antes del  desarrollo conceptual, siempre viene bien definir en buenos términos, qué es la competitividad?  Es producir bienes mejores y más baratos.

En un marco de estancamiento económico con elevada inflación,  siempre se vuelve a colocar al tipo de cambio en el centro de la discusión económica. Escuchamos que la economía no podía producir, exportar, ni generar puestos de trabajo porque se había quedado sin competitividad debido al  “atraso” cambiario.

Los sucesivos gobiernos  siempre propusieron  la devaluación como la piedra fundacional del resurgimiento del nivel de actividad en Argentina. La devaluación aumentaría la competitividad precio del tipo de cambio, abaratando nuestras exportaciones y encareciendo las importaciones y por ende,  estimular la inversión,  las exportaciones impulsarían la demanda agregada y el nivel de actividad económica.

Por el contrario,  es un error pensar que la competitividad es solo tipo de cambio y que devaluar estimularía por sí solo el nivel de actividad.

La competitividad no depende únicamente del tipo de cambio, sino también:

Relación gastos público-PBI

Presión Tributaria

Costo de Capital (tasa de interés)

Condiciones monetarias relativas (emisión e inflación) entre países.

Relación salario-productividad del trabajo

Escalas Económicas

Expectativas (inflación y devaluación).

En este contextosolo devaluando pero sin mejorar las condiciones de todas las anteriores variables que influyen en la competitividad, el nivel de actividad de Argentina no va a resurgir. Veamos  un  hecho reciente para que se comprenda mejor.

Cuando asume Mauricio Macri la presidencia a fines del 2015, levantó el cepo, sinceró el tipo de cambio y quitó (redujo) las retenciones; devolvió la competitividad al sector agropecuario y a las economías regionales. Pero no alcanzó a compensar la elevada presión tributaria  y tasa de interés, el desacople entre salarios y productividad, el nivel de gasto público y las expectativas de inflación.  Eso se transformó en una mochila muy pesada. Llegamos al 2018, dos corridas cambiarias, duplicaron la cotización del dólar. En el marco de un segundo acuerdo con el FMI con metas fiscales más exigentes, en  setiembre se impusieron nuevamente las retenciones, volviendo al lugar donde partimos. Qué paso con la competitividad?

La mejora en la competitividad por el tipo de cambio y quita (rebaja) de retenciones quedó totalmente “anulada”.

El argumento de que estamos frente a un grave problema de atraso cambiario que deriva en una falta de competitividad es falso,  hay una serie de variables (enumeradas más arriba)  que se deben atender  de acuerdo al marco conceptual descripto.

Los movimientos del tipo de cambio son el reflejo de los desequilibrios a nivel interno

Solo mirar el problema de la competitividad  haciendo foco en el tipo de cambio. Tengamos en cuenta que en los peores momentos de la historia del país, la moneda ha estado muy depreciada. Ello no solo no se tradujo en crecimiento sino que peor aún, estuvo asociado a fuertes caídas del PBI.

Entonces de qué depende la competitividad?

La competitividad depende de dos familias de factores.

 Por un lado están los ligados al sector externo, tales como:

Los términos de intercambio y

Las condiciones financieras en el mundo

Elementos que para el país son claramente exógenos (que se originan en el exterior y no dependen de nosotros).

Por otra parte están los vinculados con la economía local tales  como:

La productividad del trabajo en comparación con el salario real,

La calidad de los bienes públicos respecto a la presión impositiva exigida para su prestación y

El costo de capital (tasa de interés), el cual surge de la tasa de interés de los Estados Unidos, el riesgo argentino y la devaluación esperada.

Naturalmente, cuando uno pone la competitividad en esta perspectiva, resulta claro que el tipo de cambio no es más que una válvula de escape para compensar los desequilibrios que vengan tanto del plano externo como doméstico.

Ahora repasemos cada uno de los puntos enunciados:

La Política Fiscal de Argentina, tiene una  Presión Fiscal  de las más alta del mundo y su contrapartida son bienes públicos de  muy mala calidad.

Al tiempo que las grandes crisis en la historia han tenido como epicentro el Desequilibrio Fiscal lo cual contamina al costo de capital por la vía del riesgo país, obviamente incrementándolo.

Resulta claro que de no cambiar esto, el tipo de cambio real deberá subir para que los salarios reales se ubiquen debajo del nivel de productividad del trabajo.

Por eso cuando escuchemos a un político que nos dice que tenemos que devaluar para lograr competitividad. Ahora  tenemos elementos más  que suficientes para saber que:

Estamos frente a una enorme cantidad de problemas analíticos que no se están atendiendo y lo que es peor aún no hay voluntad para resolverlo

Seguimos discutiendo cada cinco años, cómo salimos de una devaluación que se hizo porque no fuimos capaces de resolver los grandes  problemas de la competitividad y le pedimos al tipo de cambio que arregle lo que la política no fue capaz de arreglar. La clave es la sustentabilidad entonces, ahora lograr un plan sustentable con el nivel de riesgo país es absolutamente insustentable.

Muchas gracias y hasta la próxima.

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