miércoles, 24 de junio de 2020

Una recuperación en forma de L no es una anomalía, es la norma:


En esta oportunidad mi análisis es referido a otras regiones como Estados Unidos, Zona Euro y China, respecto de:

Cómo se puede predecir la forma de recuperación  económica post-COVID-19?

La teoría económica utiliza una analogía visual entre curvas de crecimiento y letras del abecedario para clasificar las recesiones:

Cuando el crecimiento económico se hunde en muy poco tiempo, pero a su vez se recupera también muy rápidamente, se puede hablar de una recuperación en forma de “V”.

 

Cuando la  recuperación viene precedida de una gran caída aunque sea progresiva, un período de estancamiento económico y después una vuelta a los niveles de crecimiento anteriores a la crisis. En este caso el parecido de la curva con la letra “U”.

 

La recuperación en forma de “L”, implica una drástica caída inicial con un largo periodo de estancamiento, sin llegar a recuperarse los niveles de crecimiento previos a la crisis.

Para entender como puede ser la recuperación, tenemos que mirar a las recuperaciones pasadas y a la historia de las pandemias.

A partir de la pandemia sabemos algunas cosas. Primero, nunca ha habido una vacuna para ninguno de los 18 tipos anteriores de COVID. Segundo, nunca ha habido una pandemia sin una segunda ola antes de que existiera un tratamiento. Teniendo en cuenta ambas cosas, la idea  de que lo peor está descartado puede ser demasiado optimista.

Si observamos los tres últimos decenios de recuperación después de una crisis, podemos ver que las tres últimas recuperaciones han sido más débiles, con menos productividad, un aumento menor de los salarios reales y un menor crecimiento de las inversiones que las  anteriores.

La recuperación de la crisis del 2008 ya fue una prueba clara de un rebote en forma de “L”.

En el que algunas zonas económicas, como la zona del euro, no vieron algo parecido a una recuperación total hasta 2016.

Puedo mencionar lo que vivió Grecia tras la crisis de 2008 y la posterior ola de rescates. La tasa de crecimiento de Grecia anterior a la crisis no ha llegado a recuperarse del todo, clara recuperación en forma de “L”.

En el caso de los Estados Unidos, la débil tasa de participación de la fuerza de trabajo,  el desmejorado crecimiento de los salarios reales y el escaso crecimiento de la inversión fueron un problema constante hasta 2017.

Los signos de un retorno a la normalidad en forma de “L” después de COVID-19 están empezando a aparecer.

En China, la mayoría de los sectores están registrando niveles decepcionantes de retorno a la normalidad, y si excluimos los sectores —como el del cemento— que son impulsados por la construcción del gobierno y las empresas estatales que producen para construir inventarios, la recuperación está claramente muy lejos de la forma de “V”.

Es cierto que esta crisis es diferente de las anteriores. Se trata de un shock de suministro seguido del cierre forzoso de una economía por decreto gubernamental. Esto es precisamente lo que hace que la recuperación sea más difícil.

En crisis anteriores, incluso en la recesión, había sectores que iban bien y crecían a tasas de dos dígitos.

Esta crisis ha afectado a casi todos los sectores y ha generado un nivel de desempleo sin precedentes en la historia reciente.

Un aumento tan masivo del desempleo en tan poco tiempo hace que la recuperación sea más difícil, porque la conmoción para los consumidores ha sido enorme y la mayoría puede no decidir volver a los niveles anteriores de gasto, incluso si sus empleos regresan.

Las empresas se están derrumbando a un ritmo récord, e incluso las multinacionales más grandes y seguras verán cómo sus niveles de deuda se disparan sólo por la caída de los beneficios.

J.P. Morgan estima que el año 2021 seguirá mostrando un nivel de beneficios corporativos que probablemente será un 20 por ciento inferior al nivel de 2019. Esto desafía la recuperación en forma de “V”. Bancos de inversión que siempre proporcionan estimaciones razonablemente optimistas están retrasando la recuperación hasta 2022, considerando un escenario benigno.

La recuperación de los EEUU no comenzará hasta finales de 2021 y si hemos aprendido algo de la Reserva Federal es que sus estimaciones, como las de los bancos de inversión, tienden a ser diplomáticas y generalmente optimistas. Pero la historia les dice que lo contrario es cierto.

Estudios demuestran que en veintidós días una economía se cierra por completa  y  necesita entre cuatro y diez veces ese tiempo para ponerla en marcha

Hagamos algunos  cálculos y podemos imaginar un escenario de “L” y no de “V”. El sector servicio fue el más castigado, con pérdidas récord de puestos de trabajo, por mencionar viajes, aeronavegación,  educación y servicios profesionales. Su recuperación va ser muy lenta. Los consumidores van a tener una débil respuesta, van a tratar de ahorrar en desconfianza a un nuevo impacto.

El mayor problema de esta crisis es que los estímulos masivos están impulsados para incentivar una demanda que le cuesta volver.

Les hago un breve repaso por las principales  medidas que algunos Estados tomaron,  resultando una  coincidencia. Todos aplicaron “política monetaria expansiva”, dicho en otros términos para que se comprenda es la emisión monetaria de sus monedas.

La administración Donald Trump dispuso todas medidas de tipo transitorias. Con un mercado laboral muy flexible y  acceso a  un Seguro de Desempleo que se activa cuando se quedan sin trabajo y deja de funcionar automáticamente cuando el individuo consigue trabajo. Además les envió una asistencia adicional por medio de cheques y préstamos muy accesibles para hogares. La gente puede disponer libremente de esos fondos. En otro orden una decisión acertada fue la reducción de impuestos al Sector Empresas. Otras medidas que impulsó la Reserva Federal fue  reducir los requisitos y capital a los Bancos para absorber pérdidas.

En  Francia, las políticas para recuperar la demanda tienen la diferencia que el Estado determina en qué gastar (alquileres, préstamos, etc.), esto tiene la contra que  quedan como partidas de Gasto Público, lo cual a futuro es muy difícil de poder corregir.  Lo que requerirá  un incremento de los tributos para poder solventar,  que en términos de salarios reales, representará una reducción. Junto con el Reino Unido ambos países superan el porcentaje de PBI de su nivel de deuda, reportando la cifra más alta, en términos porcentuales de PBI,  desde la Segunda Guerra Mundial. Este incremento se debe en particular a “la caída de la actividad y medidas de apoyo para empresas y hogares”

España, admite la destrucción del tejido empresarial, para que nos hagamos una idea se han perdido unas 122 mil empresas en un mes. A esto se le añade que la administración pública no ha recortado ningún gasto recortable, como lo han hecho otros gobiernos  de la UE y se han incrementado gastos adicionales producto de la pandemia. Tendrán a futuro incrementos de impuestos sin ninguna duda.

Italia junto con España son los países más golpeados por el covid-19 de la zona euro. Se está discutiendo un “Fondo de Reconstrucción” que está generando distintas posiciones entre los 27 países. Exigen que las ayudas a Madrid y Roma “sean préstamos y no subvenciones”.

Austria, Holanda, Dinamarca y Suecia han defendido que las ayudas de la UE sólo se desembolsen a cambio de reformas económicas que hagan más competitivos a los países beneficiarios, al tiempo que consideran excesiva la dotación de un fondo de 750.000 millones de Euros.

 Merkel (Alemania) mientras tanto, está en una posición intermedia, ha sugerido que le gustaría reducir la dotación del fondo anticrisis a 500.000 millones, tal y como había pactado con París. Eso sí, apuesta por  el rescate para España e Italia sea en forma de subsidios con el fin de evitar otra crisis de deuda en la eurozona.

España e Italia solicitan cerrar un acuerdo lo antes posible, ya que cuanto más tiempo se pierda, más profunda será la recesión.

Se prevé en la UE una contracción económica sin precedentes en el orden de 8,7% para 2020. Además, lo peor del impacto de la crisis en el empleo "todavía está por venir" y golpeará con especial dureza a los jóvenes. Todo hace presumir que estamos "al principio y no al final de una crisis muy grave".

Una cuestión que quiero remarcar es el origen del problema. La recesión de COVID-19 es el resultado de políticas y prácticas que causaron una “interrupción masiva de la oferta”, no de la demanda, en todo caso su reducción es una consecuencia.

El estímulo monetario mediante la  impresión de dinero no crea bienes y servicios reales cuando se impide legalmente a los trabajadores ir a trabajar.

Asimismo, el endeudamiento a escala global es enorme. Los países más endeudados son Estados Unidos, le sigue en orden de importancia China, después la Zona Euro y por último el que registra el mayor nivel es  Japón con una relación deuda/PBI de 380%. Estos cuatro países concentran el 76% de la deuda mundial.

No hay muchas salidas en este escenario. El mundo, en los años próximos, debería trabajar para reducir el endeudamiento. Para ello deben trabajar en presupuesto superavitarios, ya sea subiendo impuestos o bajando gastos. Sin embargo daría la impresión que el mundo no está preparado para este tipo de esfuerzos a corto plazo de cara a las demandas sociales. La otra salida sería un crecimiento de la economía mundial, que por lo descripto no luce en el corto y mediano plazo.

El mundo, a diferencia de Argentina cuenta con instituciones fuertes, reglas claras de juego y gozan de plena confianza, lo que permitirá recomponer en menos tiempo las condiciones de vida de sus habitantes.

Por último,  sin perder de vista el tema central que “es la forma de recuperación”, puedo afirmar que la historia reciente nos dice que las recuperaciones en forma de “L” no son una anomalía, sino la norma. Ésta puede no ser diferente.

Muchas gracias y hasta la próxima.

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