Seguramente habremos transitado uno de
esos años que no podremos olvidar nunca. Pandemia,
cuarentena, hisopado, confinamiento, coronavirus, contacto estrecho,
distanciamiento social, barbijo y tantas otras palabras que quedaran grabadas a
fuego en algún lugar de nuestras mentes, por siempre. Para muchos, no será
más que el resumen de un año donde la salud estuvo por un momento, suspendida y
a prueba, casi en un jaque sin definición. Aunque para buena parte de los
argentinos, este será un año donde nada pudo ser, donde los sueños, las
esperanzas en el futuro, las pequeñas empresas familiares compartidas durante
toda una vida, los emprendimientos cargados de ganas y cada uno de esos
proyectos únicos, quedaron reducidos a la nada misma, de repente, sin mediar
aviso.
Por aquel entonces nos decían una y otra vez
que estábamos obligados a elegir.
Esa
decisión que definiría si queríamos cuidar la salud o salvaguardar la economía
Es llamativo que si solo nos remitiésemos a los
resultados, con más de un millón y medio de infectados, más de cuarenta y dos
mil muertos y miles y miles de personas aún intentando recuperarse.
Por
un instante parecería que la elección en aquel tiempo fue definitivamente proteger el andar de la economía
Pero no, entre tanta falsa dicotomía hemos
optado por la salud y con ello, olvidarnos de todo lo demás. Hasta hemos osado
advertir que diez por ciento más de pobres no importaban demasiado. Sin
embargo,
La economía fue sin duda, el gran enfermo de
toda esta pandemia
Argentina ostenta la cuarentena más larga del mundo y con
ella, una de las caídas económicas más estrepitosas que la historia le pueda
hacer recordar a los más memoriosos. En un país atestado durante décadas de
políticos tomando malas decisiones, por alguna extraña razón hace algún tiempo
atrás preferimos frenar prácticamente toda la actividad económica, sin ningún
tipo de reparo en las consecuencias que traería aparejada aquella decisión
presidencial.
La actividad
económica culminará este año con una caída cercana al 12%, lo que se traduce en
haber logrado un país con 20 millones de pobres, 20% de desempleo real, 4
millones y medio de personas que no comen todos los días y 65 de cada 100
chicos menores de edad que viven en la pobreza, sin acceso a la educación, la
salud o a malograr el acceso a alguna de las tantas necesidades básicas. Si bien esta es la foto del final de esta trágica
fiesta, en el mientras tanto pasaron cosas que ameritan ser destacadas.
Argentina es un
país que lleva 10 años sin poder crecer.
Los niveles de educación se derrumban a pedazos, la inseguridad se vuelve
incontrolable, la inflación que no podemos controlar desde hace 18 años y un
nivel de inversión que apenas llega a cubrir las cuestiones más elementales
para que la actividad económica pueda seguir suspirando en su agonía.
A pesar de esto, este año hemos pasado por circunstancias
que en detrimento de nuestra sociedad, hacen
dudar que el problema realmente haya sido la pandemia: se han liberado
miles de presos (en su mayoría violadores y asesinos), hemos vivido intentos de
expropiación (como fue el caso de Vicentín) y tomas de tierras en varias partes
del país apañadas por un sistema que no respeta (y no le interesa demasiado
hacerlo) la propiedad privada.
Además hemos priorizado la reapertura de casinos y bares
antes que la vuelta a las clases presenciales, en una sociedad con necesidades educativas infinitas. Como si no
alcanzase nada, hemos tratado de
miserables a los empresarios (a quienes también hemos responsabilizado por la
suba de precios), hemos permitido cortes de ruta por doquier y como un acto de
gran estupidez, hasta hemos destacado a Hugo Moyano como un gran sindicalista
(sindicalista éste que se encargó en pleno confinamiento de bloquear las plantas
de la firma insignia de la Argentina, esa Mercadolibre que resultó fundamental
para que muchas pymes hayan evitado el peor desenlace en estos tiempos).
Como pensamos en grande, sabíamos que esto podría traer
algún que otro problema en el mercado de trabajo. Por eso es que se nos ocurrió
una idea fantástica: prohibir los despidos y aplicar castigos adicionales a los
empleadores que pretendan desvincular personal. Increíble que en un país donde uno de cada tres trabajadores están
trabajando en el mercado informal y donde las pymes (ya previo a la pandemia)
estaban a punto de fundirse y cerrar sus puertas para siempre, hayamos pensado
por un instante que a través de un decreto podíamos prometer la felicidad al
trabajador.
Incluso nos burlábamos de los datos de empleo de Estados
Unidos, jactándonos de ser únicos en la protección del trabajo. Claro, aquellos
inmorales del norte ya han recuperado todo el empleo perdido, cuando aquí aún
estamos buscando la explicación del por qué de que todo ha salido mal.
De lo más extraño que ha ocurrido en estos meses creo que
fue (como contraposición a los desastres en el sector privado) el festejo (incluso con propaganda oficial) de
la cantidad de planes sociales otorgados, planes
éstos que fueron pagos con la máquina de hacer billetes, acción que repercutirá
en la inflación futura y que más tarde o más temprano, nos hará un poco más
pobres a todos, pero por sobre todo a aquellos que menos tienen.
Tampoco nos hemos dedicado a cumplir promesas de la
campaña electoral: congelamos la movilidad jubilatoria dando a los jubilados y
pensionados aumentos por decreto, que lejos estuvieron de dignificar
absolutamente a nadie. Aquella fantástica idea de implementar “el mismo día de
asunción” un aumento del 20% a los jubilados, haciendo posible esto gracias a
los intereses que se les pagaba a los vende patria que operaban la “timba
financiera”, parece que no pudo ser factible, de hecho las Leliqs, los Pases y
demás instrumentos del desorden monetario macrista, se han incrementado exponencialmente.
Solo hubo dos promesas de campaña que se
intentaron cumplir: la ley de interrupción voluntaria del embarazo y la reforma
judicial.
Entonces...
“El fracaso fue rotundo y la frustración económica, la
gran constante”
El 2021 nos va a dar la bienvenida junto a grandes
desafíos, muchos de ellos importantes y muchos otros, extremadamente urgentes. Debemos decidir si este año que comienza
nos terminará de hundir en un populismo absurdo pregonado por el ánimo
electoralista o si será el comienzo de un país distinto al que habitamos. Y
dentro de las cuestiones que tienen que atenderse de inmediato se encuentra sin
lugar a dudas la urgente necesidad de creación de empleo. Este desafío debe
indefectiblemente traer aparejadas las reformas que la Argentina espera desde
hace medio siglo: la reforma laboral,
una reforma impositiva que deje de oprimir a los que producen y se sacrifican
cada día, la revalorización de las instituciones y una gran reforma monetaria y
fiscal que terminen con prácticamente dos décadas de inflación ininterrumpida.
Y lo más importante: dejar de pensar que el Estado es el que nos salvará de las
desgracias cuando siempre ha sido éste que nos ha puesto en ellas.
Muchas
gracias y hasta la próxima.

Es tan cierto todo el diagnóstico. Ahora necesitamos un estadista con fuerza de consenso popular para hacer las reformas necesaria antes qué el pueblo estalle.habrá alguien o hay que esperar que nazca uno ??.
ResponderBorrarMario;
ResponderBorrarEXCELENTE análisis del estado en que nos encontramos y los motivos.
Te felicito.