Para explicar voy a comenzar haciendo un
poco de historia. El peronismo un día volvió y fue el 10 de diciembre de 2019,
Alberto Fernández asumió la presidencia de Argentina. El cargo de vicepresidente
ahora lo ocupa nada menos que Cristina Fernández de Kirchner, quien se
desempeñó como presidenta por dos períodos consecutivos entre 2007 y 2015. Fue
bajo su mandato que Argentina entró en un período de estanflación
(estancamiento con inflación), altas
tasas de pobreza, incumplimiento de la deuda soberana, increíble presión fiscal
y una de las economías menos libres del mundo. Para decirlo suavemente: el
país era un desastre.
Después de cuatro años con Mauricio
Macri al timón y una implementación fallida de la meta por inflación, la tasa
de inflación de Argentina alcanzó nuevamente su nivel más alto desde la
hiperinflación de fines de la década de 1980.
¿Qué significa metas por inflación?
Es uno de los mecanismos que se utilizan para controlar y
reducir la inflación, sin entrar en tanto tecnicismo, se trata de fijar una
tasa de inflación y en la medida que no se logre la meta mediante correcciones
de tasa de interés, el Banco Central intenta inducir la demanda de dinero para
alcanzar el objetivo fijado. Para reducir la inflación y mantener estable el peso argentino
la administración de Macri adoptó un régimen de metas de inflación. Pero solo a
26 meses el régimen de metas de inflación ya había fallado. De hecho, Argentina
tenía una tasa de inflación superior a la de la administración anterior.
¿Por qué
fallaron las metas de inflación en Argentina?
Una historia de alta inflación naturalmente hace que los
argentinos sean escépticos ante las promesas de mantener baja la inflación, pero
el Banco Central reafirmó ese escepticismo al revisar su meta de inflación. El
28 de diciembre de 2017 con la tasa de inflación anual por encima del 20 por
ciento, el banco central aumentó su objetivo del 12 al 15 por ciento. Quizás
lo más importante fue la forma en que el Banco Central hizo el anuncio a través
de su Jefe de Gabinete Marcos Peña, lo que provocó que muchos dudaran de que el
Banco Central fuese realmente independiente del poder ejecutivo. Ante
el temor de que la política pudiera ajustarse aún más para adaptarse al
presidente, los argentinos ajustaron al alza sus expectativas de inflación.
Por último, hay que reconocer que el régimen de metas de
inflación de Argentina estuvo mal diseñado desde el principio. Reducir la
inflación es una tarea difícil y desagradable, requiere una mente clara, una
voluntad fuerte y un enfoque bien diseñado. Argentina falló en los tres
márgenes. Se mostró demasiado optimista sobre los beneficios de las metas de inflación,
no logró que su compromiso fuera creíble y adoptó un enfoque que finalmente
socavó sus esfuerzos. Solo nos resta esperar que los responsables de la
formulación de políticas aprendan de estos errores, de cara a las próximas
elecciones presidenciales donde la oposición si se ordena, repito y subrayo, si
se ordena, puede alcanzar nuevamente la presidencia de la Argentina.
Los políticos argentinos después de toda esta evidencia
siguen desafiando a la ciencia económica que ya lo demostró a partir de la
consagración de un Nobel en Economía.
Milton Friedman dijo:
«La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno
monetario»
Uno podría imaginar que en un país con un historial tan
malo en materia de inflación el pronunciamiento de Friedman sería
incuestionable, pero ese no es el caso de Argentina. Por el
contrario, los responsables políticos argentinos se han convertido en expertos
en el desarrollo de explicaciones alternativas, con supuestos heroicos, de por
qué la inflación, al menos en Argentina, no es un problema monetario, sino un
fenómeno multicausal. Claramente desafiando a la ciencia, si a los hechos
nos remitimos el problema de la inflación está lejos de ser resuelto, con lo
cual, la tesis de nuestros políticos del fenómeno multicausal no logra el
objetivo de reducir los niveles de inflación.
Sostienen que un rápido aumento en la oferta monetaria no
producirá inflación. Y la inflación, dicen, podría surgir a pesar de una
oferta monetaria estable. Nada más alejado de la realidad que esa
afirmación.
Estas son las dos formas creativas en que los
formuladores de políticas, economistas y banqueros centrales argentinos niegan
que la inflación sea un fenómeno monetario.
Primero, confunden
el nivel de precios con un cambio en el nivel de precios. La inflación
se define típicamente como un CAMBIO sostenido en
el nivel de precios. Pero se afirma que la inflación se explica por el
poder del mercado. Eso es raro. La presencia de empresas con poder de
monopolio, puede explicar por qué ciertos precios son altos. No puede
explicar por qué han subido tan rápido. Para tomar un ejemplo típico, las
grandes cadenas de supermercados pueden haber cobrado un alto precio en los
últimos años, pero su gran participación en el mercado no puede explicar
cómo han aumentado sus precios en un 50 por ciento anual, si tomamos los
últimos cuatro años.
Para que se comprenda mejor, si hay un monopolio para un
determinado producto, es muy probable que su precio sea alto por la condición
de monopolio, ahora bien, la inflación es el cambio en ese precio
y esto es producto de la convalidación monetaria, no por la condición de
monopolio. Es más, seguramente esa misma empresa también es un monopolio en
algún país vecino, como ser Chile, Perú, Uruguay, el que más nos guste, o
sorpresa, en esos países no hay inflación como en Argentina. Se entiende ahora
la diferencia entre nivel de precio y cambio en el nivel de precios.
Segundo, ignoran
los retrasos bien conocidos entre los cambios en la oferta monetaria y sus
efectos en el nivel de precios. Puede llevar varios meses y en algunos
casos más de un año para que una expansión monetaria afecte completamente el
nivel de precios. Que una expansión monetaria en diciembre no afecte el
nivel de precios ese mismo año de ninguna manera implica que la inflación no
sea un fenómeno monetario. Observar los períodos lo suficientemente largos
como para incluir los retrasos de la política monetaria y la relación entre los
cambios en la oferta monetaria y la inflación es clara.
La historia de la inflación argentina debería servir como
un medio para preservarnos contra los malos manejos monetarios. Pero el
regreso del peronismo en su versión más populista a la Argentina, está trayendo
explicaciones alternativas de la inflación al ámbito del discurso de política
razonable. Es una pena.
Por último, la reducción de la inflación es una política
de compromiso social. Esto es, dado que la inflación es un impuesto altamente
regresivo hacia los sectores más postergados, debemos estar atentos en la
defensa de las buenas ideas, para que no sean engañadas por aquellas que son
populares y políticamente convenientes.
Muchas gracias y hasta la próxima.
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