domingo, 28 de noviembre de 2021

La inflación sigue siendo un fenómeno monetario:

 

Para explicar voy a comenzar haciendo un poco de historia. El peronismo un día volvió y fue el 10 de diciembre de 2019, Alberto Fernández asumió la presidencia de Argentina. El cargo de vicepresidente ahora lo ocupa nada menos que Cristina Fernández de Kirchner, quien se desempeñó como presidenta por dos períodos consecutivos entre 2007 y 2015. Fue bajo su mandato que Argentina entró en un período de estanflación (estancamiento con inflación), altas tasas de pobreza, incumplimiento de la deuda soberana, increíble presión fiscal y una de las economías menos libres del mundo. Para decirlo suavemente: el país era un desastre.

Después de cuatro años con Mauricio Macri al timón y una implementación fallida de la meta por inflación, la tasa de inflación de Argentina alcanzó nuevamente su nivel más alto desde la hiperinflación de fines de la década de 1980. 

¿Qué significa metas por inflación?

Es uno de los mecanismos que se utilizan para controlar y reducir la inflación, sin entrar en tanto tecnicismo, se trata de fijar una tasa de inflación y en la medida que no se logre la meta mediante correcciones de tasa de interés, el Banco Central intenta inducir la demanda de dinero para alcanzar el objetivo fijado. Para reducir la inflación y mantener estable el peso argentino la administración de Macri adoptó un régimen de metas de inflación. Pero solo a 26 meses el régimen de metas de inflación ya había fallado. De hecho, Argentina tenía una tasa de inflación superior a la de la administración anterior.

¿Por qué fallaron las metas de inflación en Argentina?

Una historia de alta inflación naturalmente hace que los argentinos sean escépticos ante las promesas de mantener baja la inflación, pero el Banco Central reafirmó ese escepticismo al revisar su meta de inflación. El 28 de diciembre de 2017 con la tasa de inflación anual por encima del 20 por ciento, el banco central aumentó su objetivo del 12 al 15 por ciento. Quizás lo más importante fue la forma en que el Banco Central hizo el anuncio a través de su Jefe de Gabinete Marcos Peña, lo que provocó que muchos dudaran de que el Banco Central fuese realmente independiente del poder ejecutivo. Ante el temor de que la política pudiera ajustarse aún más para adaptarse al presidente, los argentinos ajustaron al alza sus expectativas de inflación.

Por último, hay que reconocer que el régimen de metas de inflación de Argentina estuvo mal diseñado desde el principio. Reducir la inflación es una tarea difícil y desagradable, requiere una mente clara, una voluntad fuerte y un enfoque bien diseñado. Argentina falló en los tres márgenes. Se mostró demasiado optimista sobre los beneficios de las metas de inflación, no logró que su compromiso fuera creíble y adoptó un enfoque que finalmente socavó sus esfuerzos. Solo nos resta esperar que los responsables de la formulación de políticas aprendan de estos errores, de cara a las próximas elecciones presidenciales donde la oposición si se ordena, repito y subrayo, si se ordena, puede alcanzar nuevamente la presidencia de la Argentina.

Los políticos argentinos después de toda esta evidencia siguen desafiando a la ciencia económica que ya lo demostró a partir de la consagración de un Nobel en Economía.

Milton Friedman dijo:

«La inflación es siempre y en todas partes un fenómeno monetario»

Uno podría imaginar que en un país con un historial tan malo en materia de inflación el pronunciamiento de Friedman sería incuestionable, pero ese no es el caso de Argentina. Por el contrario, los responsables políticos argentinos se han convertido en expertos en el desarrollo de explicaciones alternativas, con supuestos heroicos, de por qué la inflación, al menos en Argentina, no es un problema monetario, sino un fenómeno multicausal. Claramente desafiando a la ciencia, si a los hechos nos remitimos el problema de la inflación está lejos de ser resuelto, con lo cual, la tesis de nuestros políticos del fenómeno multicausal no logra el objetivo de reducir los niveles de inflación.

Sostienen que un rápido aumento en la oferta monetaria no producirá inflación. Y la inflación, dicen, podría surgir a pesar de una oferta monetaria estable. Nada más alejado de la realidad que esa afirmación.

Estas son las dos formas creativas en que los formuladores de políticas, economistas y banqueros centrales argentinos niegan que la inflación sea un fenómeno monetario.

Primero, confunden el nivel de precios con un cambio en el nivel de precios. La inflación se define típicamente como un CAMBIO sostenido en el nivel de precios. Pero se afirma que la inflación se explica por el poder del mercado. Eso es raro. La presencia de empresas con poder de monopolio, puede explicar por qué ciertos precios son altos. No puede explicar por qué han subido tan rápido. Para tomar un ejemplo típico, las grandes cadenas de supermercados pueden haber cobrado un alto precio en los últimos años, pero su gran participación en el mercado no puede explicar cómo han aumentado sus precios en un 50 por ciento anual, si tomamos los últimos cuatro años.

Para que se comprenda mejor, si hay un monopolio para un determinado producto, es muy probable que su precio sea alto por la condición de monopolio, ahora bien, la inflación es el cambio en ese precio y esto es producto de la convalidación monetaria, no por la condición de monopolio. Es más, seguramente esa misma empresa también es un monopolio en algún país vecino, como ser Chile, Perú, Uruguay, el que más nos guste, o sorpresa, en esos países no hay inflación como en Argentina. Se entiende ahora la diferencia entre nivel de precio y cambio en el nivel de precios.

Segundo, ignoran los retrasos bien conocidos entre los cambios en la oferta monetaria y sus efectos en el nivel de precios. Puede llevar varios meses y en algunos casos más de un año para que una expansión monetaria afecte completamente el nivel de precios. Que una expansión monetaria en diciembre no afecte el nivel de precios ese mismo año de ninguna manera implica que la inflación no sea un fenómeno monetario. Observar los períodos lo suficientemente largos como para incluir los retrasos de la política monetaria y la relación entre los cambios en la oferta monetaria y la inflación es clara.

La historia de la inflación argentina debería servir como un medio para preservarnos contra los malos manejos monetarios. Pero el regreso del peronismo en su versión más populista a la Argentina, está trayendo explicaciones alternativas de la inflación al ámbito del discurso de política razonable. Es una pena.

Por último, la reducción de la inflación es una política de compromiso social. Esto es, dado que la inflación es un impuesto altamente regresivo hacia los sectores más postergados, debemos estar atentos en la defensa de las buenas ideas, para que no sean engañadas por aquellas que son populares y políticamente convenientes.

Muchas gracias y hasta la próxima.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario