Finalmente, el Ministro
de Economía Martín Guzmán expuso ante muchos gobernadores oficialistas, otros
tantos funcionarios provinciales de segunda línea y la atenta mirada del presidente
Alberto Fernández lo que se había anunciado como el momento donde se
develaría el misterio de la negociación con el FMI, terminó siendo
simplemente un cúmulo de tibias buenas intenciones y un poco más de lo mismo.
Con un solo objetivo de
buscar consenso, apoyo, respaldo político y dejar muy en claro que el Fondo está
pidiendo un ajuste fiscal más fuerte de lo que plantea Guzmán, de hecho, en
la práctica el ministro plantea un no ajuste fiscal sobre todo para este
2022 y 2023 lo cual lo califica de muy insensato. Lo que yo veo es que
hay una distancia y un largo camino por recorrer para unir las puntas en lo que
respecta a la parte técnica de un acuerdo entre el Fondo Monetario y la
Argentina.
El Fondo y como todos
sabemos a esta altura va a demandar un ajuste fiscal, una reducción del
financiamiento monetario (emisión) mucho mas rápido de lo que plantea Guzmán,
en un contexto de tasas de interés mas altas. Obviamente, eso en los cálculos
del Fondo significa un menor crecimiento en el corto plazo para poder acumular
reservas más rápidamente, porque al crecer menos tenemos menor nivel de
importación y eso permite acumular reservas en lo inmediato, indubitablemente
eso es muy difícil de digerir para la política. Entonces, lo que veo que va ser
muy difícil tener un acuerdo en el cortísimo plazo que genere expectativas
positivas, me parece que vamos a entrar en un terreno de idas y vueltas donde
se puede estirar más de la cuenta el acuerdo o la negociación y eso implica
un riesgo macroeconómico muy importante dado el nivel crítico de reservas y de
brecha cambiaria.
Estamos complicados y
si uno hace un seguimiento más fino de lo que fue la reunión, puntualmente me
estoy refiriendo a la intervención del gobernador de la provincia de Buenos
Aires, manifestando que era necesario un cambio de estrategia en la negociación,
con este tipo de apoyo, a esta altura de los acontecimientos el ministro queda
muy mal parado. Esto no es más que graficar muy bien las restricciones en las
que se mueve Guzmán, seguramente el ministro quisiera acelerar la corrección
fiscal y reducir la emisión, pero obviamente tiene una restricción política muy
fuerte dentro del propio gobierno en que participa. Lo dejó en evidencia
sobre todo el año pasado cuando Guzmán apuntaba a cerrar un acuerdo con el
Fondo en mayo de 2021, subiendo tarifas, bajando subsidios para ajustar más
rápido el déficit fiscal y no lo pudo hacer ya que se encontró con una
restricción política y eso lo único que provoca es ingresar en zona de riesgo y
la macro argentina no tiene más tiempo. Tenemos un nivel de reservas muy
crítico, no tenemos financiamiento en los mercados internacionales de
capitales, el nivel de brecha cambiaria dado por la distancia entre el dólar
oficial y el financiero es muy amplia, el desequilibrio monetario y fiscal es
tan fuerte que eso genera riesgo que se dé una crisis cambiaria. Ese es el
riesgo que encuentra en el corto plazo la macro argentina, si no hay una
negociación rápida con el Fondo que genere expectativas positivas es ir a una
crisis cambiaria que nos lleve a un nivel más alto de inflación.
Después de escucharlo
a Guzmán: ¿Estamos más lejos o más cerca del acuerdo con el Fondo?:
Yo creo que estamos
un poco más lejos de lo que estaba pensando el mercado, de hecho, las
repercusiones de lo que pasó el miércoles fueron “muy malas”, se vio en la
caída de los bonos y ahí se termina el relato. A la larga, Argentina va a tener
un acuerdo con el Fondo, la pregunta es: ¿Cómo se llega a ese acuerdo, en
qué nivel de brecha y reservas? Lo que el ministro nos deja en claro son sus
restricciones políticas, si bien marcó en su exposición lo comprometido que
sería no ir a un acuerdo, es decir a un default con el Fondo. Es importante que
el propio Guzmán entienda y manifieste el riesgo de no tener un acuerdo con el
Fondo como elemento de negociación interno. En ese contexto el ministro
proyecta un equilibrio fiscal recién en el año 2027, ésta es la primer gran
diferencia técnica que vislumbro con los cuadros del Fondo Monetario que exigen
que el gobierno replantee su política fiscal.
Por ahora tiene la
ayuda de los dólares que le están ingresando del trigo, el incremento de la
demanda estacional de pesos de estos meses (diciembre y enero), pero eso es
transitorio, en febrero se da vuelta todo. La economía argentina es flujo
dependiente, como no hay reservas y no hay acceso al financiamiento, dependemos
básicamente que el campo siga inyectando dólares. Dicho esto, pensar en una
baja de retenciones luce muy poco probable porque claramente el gobierno lo que
trata es minimizar el esfuerzo fiscal por el lado del gasto, tampoco tiene
margen para incrementar la carga impositiva para generar más ingresos. Si no
hay ajuste del gasto, no se pueden aumentar los impuestos, la única vía es el
crecimiento por donde se pueden generar mejores condiciones, pero no hay
señales positivas para que esto ocurra.
De nuevo, entramos en
zona de riesgo, si no se hace el ajuste a través de un programa de
estabilización, termina llegando como siempre pasa en Argentina “por las malas”. Es decir, producto de una devaluación forzada por el
mercado, una aceleración de la inflación que termine licuando el gasto y los
pasivos del Banco Central, este es el verdadero riesgo en el que entra Argentina,
obviamente con cepo, con restricciones cambiarias y con controles de precios
los desequilibrios macroeconómicos pueden perdurar en el tiempo un poco más,
eso también hay que tenerlo en cuenta.
Inversiones en el
2022 y crecimiento: ¿Se puede pensar?
Lo cierto es que poco
importa a los fines prácticos el tan ansiado acuerdo. No porque no lograrlo no
sea perjudicial sino porque independientemente del acuerdo al que tal vez se
llegue, Argentina no tiene futuro si no encara puertas adentro los cambios
necesarios para lograr una realidad distinta. Hacer los ajustes en la
dirección correcta, aumento de tarifas, bajar el déficit, reducir la emisión,
subir la tasa de interés, mover más rápido el tipo de cambio oficial. El 2021
dejó un arrastre estadístico del orden del 2%, pero no sería un crecimiento
genuino. Argentina para generar un crecimiento genuino necesita tener
certidumbre a nivel macroeconómico para bajar la brecha cambiaria. El
principal problema para la inversión y para la generación de dólares es
que tenemos una brecha cambiaria muy fuerte que genera una señal muy negativa
para el sector externo y Argentina para crecer e incrementar el salario real
necesita generación de dólares genuinos. El año pasado tuvimos una
liquidación muy buena a pesar de la brecha cambiaria y eso tuvo que ver con que
los precios de la soja ayudaron muy fuertemente, probablemente este año no se
repita ese contexto internacional, la Reserva Federal de Estados Unidos va a subir
la tasa de interés, eso fortalece al dólar y puede llegar a complicar el precio
de las commodities, que son los precios internacionales de las materias primas.
En 2021, año
electoral, el gobierno le puso un freno de mano al tipo de cambio oficial que
fue muy por debajo de la tasa de inflación, a pesar de ello la liquidación se
produjo. Este año no hay margen para atrasar el tipo de cambio oficial de
esa manera, el gobierno va a tener que mover la tasa de interés, mover el dólar
más rápido y no va a contar con la ayuda de los commodities y ahí
podemos entrar en una zona donde la alta brecha comienza a complicar la
liquidación, más allá que están obligados a liquidar, pero pueden demorar en el
tiempo la decisión y eso es un riesgo macroeconómico.
Para terminar
estimados lectores, si no hay acuerdo con el Fondo ¿Cuál es el escenario?
Entramos en ese riesgo de inestabilidad que les vengo marcando, donde se
termina generando una corrección cambiaria por la fuerza, la brecha cambiaria
implosionando y eso nos lleva a un nivel de inflación más alto. Ese es el
riesgo que se juega la política en el 2022, si no hacen los ajustes en el corto
plazo vamos a un escenario macroeconómico de mayor inflación, de una corrección
cambiaria que no es hiper, no es corralito, pero atención, estamos partiendo
de un nivel de inflación del 50%, ir a uno mayor implica todo un
riesgo macroeconómico de magnitudes. La política tiene margen para evitar todo
esto, pero después de escucharlo a Guzmán esta semana ese riesgo desde mi
punto de vista aumentó.
Muchas gracias y
hasta la próxima.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario