domingo, 21 de marzo de 2021

La Argentina, el cambio y la reacción con el resto del mundo:


 

Los argentinos tenemos un problema con ciertas novedades. Les tememos. Hay una propensión a descubrir antes los costos que los beneficios. Desconfiamos del cambio, hasta que éste surge por mera reacción.

Puede que nuestra peculiar historia de sociedad en la que los nietos tenemos menos optimismo que el que tuvieron nuestros abuelos explique algo de esto

El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son.

Al revés, el mundo vive de novedades, movimientos, disrupciones. Por eso avanza en la vacuna contra el COVID-19, sustituye tradicionales automóviles por nuevos eléctricos y sin conductor humano, digitaliza la industria alimenticia, usa impresiones 3D en la medicina, crea indumentaria inteligente, creen que es posible conquistar Marte, curar el cáncer o, simplemente, hacer más fácil la vida a las personas. Eso es evolucionar.

Ante los cambios uno puede sorprenderse, protagonizar, involucrarse, resistir o padecer.

 Fue así que en los últimos meses la pandemia/cuarentena puso a muchos por la fuerza (es la forma en la que solemos relacionarnos con los cambios) ante la multiplicación del comercio electrónico, la educación a distancia, el teletrabajo y el e-banking.

Pero el mundo había empezado antes: las ventas por e-commerce equivalían ya en el año 2019 al 32% del PBI en el Reino Unido, 42% en EEUU, 66% en Japón; y en promedio en todo el mundo al 30% (1.500 millones de personas compran on-line en el planeta).

El número de productos nuevos que se intercambian en el comercio internacional ronda el 68% del total (en 1996 apenas superaba el 15%). Dos tercios de lo que hoy se comercia entre países no existía cuando asomaba el fin del siglo XX.

La modernidad es aliada de la globalidad, la innovación, la invención y la disrupción. Los países que logran los cambios son los que crean un consenso sobre la necesidad y la ventaja de esas mutaciones.

En la última edición del Índice Mundial de Innovación Argentina ocupa apenas el lugar 73 entre 129 países medidos; debajo de muchos de la región como Chile -el mejor rankeado-, México, Costa Rica, Uruguay, Brasil, Colombia y Perú

Los 5 mejores del mundo son Suiza, Suecia, EEUU, Países Bajos y Reino Unido.

En 50 años…

Argentina perdió la mitad de su participación en el comercio transfronterizo mundial.

 En esta etapa de la globalización  la novedad es un requisito y la creación de ambientes que favorezcan la inversión, el crecimiento de empresas “cognitivas” y supranacionales un presupuesto.

Porque innovar no es hacer lo mismo que otros pero mejor, sino hacer lo que otros aún no han hecho

Pero para ello se requiere un ambiente regido por instituciones (y no politizaciones), normas permanentes (y no saltos al vacío), orden económico y una profunda y consolidada prevalencia de la autonomía creativa de actores espontáneos (personas, familias, organizaciones, empresas). Los cambios ocurren mejor donde hay autonomías.

Las empresas que prevalecen son las que desarrollan la capacidad de anticipación

Pero para que ello ocurra se requiere una profunda mutación de la política, que de sobrerregular por temor a los acuerdos contractuales debe pasar a confiar en los vínculos relacionales creativos y espontáneos.

Al contrario, en Argentina hemos caído una y otra vez en el temor ante lo nuevo: restringir, obstruir, impedir.

El sistema basado en permisos pendientes debería dejar lugar al de emprendimientos responsables. Tenemos ejemplos de esta dificultad en la nueva ley de teletrabajo, que cae en tantas contradicciones como que pone horarios fijos para las prestaciones. Y en los permanentes impedimentos a importaciones que han hecho que las compras en el exterior de bienes de capital y sus piezas (máquinas que modernizan la producción) sean hoy 55% menores que en el 2010.

Además del mantenimiento de un sistema impositivo desincentivador que rompe la relación iniciativa-premio. En estos días se está discutiendo una modificación del Impuesto a las Ganancias para aliviar  asalariados formales, mediante la suba del Minino No Imponible, es muy justo en contexto de inflación, caso contrario la base de los contribuyentes aumenta solo por incrementos de salarios, con lo cual sería razonable atar los mínimos a los índices de inflación. Porque es un error poner montos nominales con inflación elevada. Es aún más grave subir la alícuota para las empresas, cuando el mundo tiende a bajarlas y encima nuestro costo financiero (riesgo país) está por las nubes. La modificación de las alícuotas de Ganancias para empresas procura dotar de cierta progresividad, algo inédito en el país.

La Argentina pasará a tener una alícuota máxima del impuesto a las Ganancias empresarias de las más altas del mundo, si es que ya no es la más alta: 40% versus el 28,1% promedio en Latinoamérica y el 23,7% promedio en los países de la OCDE

 La Argentina tenía (hasta esta nueva ley) la segunda carga tributaria sobre empresas más alta del mundo según el Banco Mundial. Solo era superado por el poco conocido Comoro (una isla en el Océano Índico). A partir de la sanción de la reforma pasaremos a ocupar el primer lugar.

Ni Venezuela se atrevió a tanta voracidad fiscal anti inversión y anti empleo

Mientras en el planeta, desde que se inició el siglo, avanza un movimiento que redujo la tasa corporativa en promedio un 20%.

Tenemos también el pesado régimen cambiario (cepo incluido) y los tributos a la exportación que ponen barreras para la participación en la producción trasfronteriza, las dudas en el acompañamiento al Mercosur en su búsqueda de tratados internacionales con otros mercados y la dificultad para desregular la legislación laboral y -dicho sea de paso- el tratamiento de la pandemia responde a la misma matriz.

No debe extrañarnos, luego, que en Argentina la tasa de inversión (la sabia de la modernización) sea solo  alrededor del 13% del PBI (poco más de la mitad del promedio mundial).

Sin lugar a dudas Argentina es un país muy cerrado y la explicación de eso es que es muy hostil a la inversión y al comercio.

Ahora bien, ¿Cómo recomponemos la relación con el mundo?

Sin lugar a dudas es a través de las Exportaciones y las Importaciones …

Si aumentaran las exportaciones habría más ingreso de divisas, y aunque se mantuviera la infame obligación de entregarlas al BCRA, conllevaría una sana emisión de dinero.

Es muy distinto emitir sin respaldo, que emitir para comprar dólares provenientes de las exportaciones

El activo y el pasivo del BCRA se mueven de la misma manera cuando hay compra de divisas, tema clave para evitar emisión espúrea.

Si aumentaran las exportaciones, habría ingreso de divisas con lo cual se pueden pagar importaciones o deudas.

“Algún día volveremos a poder ahorrar libremente en la moneda que se desee”

Pero hasta tanto se recomponga la situación sería muy tranquilizador saber que hay reservas para poder pagar importaciones y deudas. Si además más pronto que tarde se permite el libre acceso de privados, estaríamos también solucionando los movimientos de capitales.

Si a todo esto le agregamos una política monetaria autónoma

Sería una situación muy diferente a la actual, donde el BCRA financia el déficit fiscal. Reitero que una cosa es emitir por compra de divisas (hay un activo en dólares) y otra para financiar al Tesoro (que entrega un papelito que dice que no sabe si algún día pagará).

Dejemos entonces ese objetivo para más adelante cuando Argentina logre un contundente crecimiento y “pueda dejar flotar el tipo de cambio

Orientar el país a las exportaciones define prioridades en la infraestructura apropiada, por ejemplo con más escuelas, caminos rurales, infraestructura portuaria y más conectividad.  

En lugar de ver como se inaugura un estadio de fútbol en una provincia que tiene una lista interminable de necesidades.

La educación pasa a tener un rol absolutamente prioritario, se dirigirían recursos a lograr avances tecnológicos en lugar de mantener el statu quo en poblaciones vulnerables.

Por supuesto, las exportaciones tienen grandes ventajas sociales al dar trabajo en todo el país y no solamente en las oficinas burocráticas de los distintos gobiernos o generando cada vez mayores aglomeraciones urbanas.

Al exportar bienes y servicios también se importarán bienes de capital, insumos y tecnología que no se justifican fabricar aquí por costos o patentes. También se podrían importar servicios financieros con menor costo que los locales.

El sector externo debe crecer en Argentina, y mucho. Debemos trabajar para lograr un salto en la calidad de vida.

Exportar es la única forma que cierren las cuentas. Es la mejor forma de tener un motor de crecimiento.

Aunque tengamos que escuchar…

Los dichos de una diputada nacional oficialista, en los últimos días, relativos a que es una desgracia y hasta una maldición que Argentina sea un relevante exportador de alimentos no irrumpen descolocados. Provienen de una representante política de una fuerza (en el gobierno) que en pocos meses impulsó (sin éxito) la estatización de una importante empresa exportadora de granos, coqueteó antes con la idea de la vieja junta nacional de granos, elevó en su hora impuestos a las exportaciones de productos de origen agropecuario, mantiene una brecha cambiaria que reduce el precio percibido por productores exportadores, restringe el acceso a bienes importados para la agroproducción y prohibió temporariamente exportaciones de maíz.

Se debería entender que…

No hay divorcio entre abastecimiento doméstico e internacional, tal como lo muestra el hecho de que los países más exportadores son los que mejor abastecimiento interno logran (entre ellos Estados Unidos, Alemania. Países Bajos y Japón). E incluso es falaz el argumento de que ser exportador de alimentos afecta el consumo doméstico cuando se constata que la mitad de todos los alimentos que se comercian internacionalmente en el planeta son exportados por la Unión Europea y Estados Unidos.

En verdad, hay otra desgracia efectiva y no hipotética (entre otras) entre nosotros y ella es la escasez de dólares

Argentina  tiene  el sector exportador agroalimenticio que aporta más de 40.000 millones de dólares anuales por ventas externas y demanda por el contrario muy pocas importaciones (unos 8.000 millones anuales de dólares). Por ello es el único rubro que genera un holgado superávit externo intrasector obteniendo dólares netos que los demás rubros productivos no generan (son deficitarios -porque importan más que lo que exportan- las manufacturas industriales; los minerales, energía y combustibles; y los servicios).

Es curioso que un país que computa más fracasos que éxitos se apiade tanto de sus fracasos y lamente los efectos de sus virtudes. Que se tema tanto a los efectos riesgosos del éxito y se desatienda tanto a las consecuencias negativas del error. Quizá es esa manía la que impide el salto económico por tantos años esperado.

Es totalmente posible una Argentina mejor, desde que nos comprometamos todos  con ese objetivo, Argentina tiene todo para ser un país increíble.  Pero depende de nosotros, en las próximas elecciones no votemos al menos peor, votemos al que nos represente.

Muchas gracias y hasta la próxima.

https://mariobellino.blogspot.com/2021/02/sin-insercion-internacional-no-hay.html

https://mariobellino.blogspot.com/2020/06/comercio-exterior-y-competitividad.html

 

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