Sin dudas, estamos viviendo una de las crisis más duras
de las que pudo atravesar la Argentina, tanto social como económica. Desde
lo económico, con un dólar que no para de subir o mejor dicho con un peso
que cada vez vale menos, si nos detenemos en el precio del dólar en el
orden de 198 200 pesos, uno puede decir que no es un valor de crisis, porque en
octubre de 2020 tocó esos mismos valores y si lo corregimos por la inflación
del período tendríamos que estar hablando de un dólar de 295 pesos.
¿Dónde está el problema?
El gobierno tiene un dólar oficial atrasado con una
enorme cantidad de regulaciones y cepo, a pesar de todo eso se queda sin
reservas, o podríamos decir ya no tiene reservas y es una cuestión muy grave. Querer
mantener un tipo de cambio en estos niveles actuando como ancla de precios es
un esquema que no se puede mantener. Entonces, vamos a un escenario base,
devalúa el tipo de cambio oficial.
¿Qué va a pasar con la brecha, se va a mantener?
Para que se comprenda, el piso es el tipo de cambio
oficial y el techo el dólar blue. Entonces sube el piso y el techo se
mantiene, logramos más competitividad, la brecha se achica, mejoran las
exportaciones y se frenan las importaciones, de esa forma el gobierno se hace
de reservas. Pero si el techo se mueve. ¿Cuánto? Esto genera expectativas
inflacionarias con lo cual podemos entrar en una espiral que no sabemos cuando
para.
Lo cierto y concreto es que la escasez de divisas va ir
fortaleciendo aún más los controles y cupos. Me arriesgo a decir que la
posibilidad de seguir comprando los 200 dólares mensuales no tiene muchas
posibilidades de subsistencia.
El control de precios (o “precios congelados” según la
definición oficial):
Medida que fracasó como tantas veces se aplicó, además se
habla de 1.432 productos, cuando el INDEC, para armar el índice toma 320.000
productos, de manera tal que es muy acotado y podemos afirmar que no tiene
ningún impacto. De todos modos, ya sabemos que tiene el fracaso asegurado.
La medida comenzó muy complicada para poder
implementarse, no obstante, las principales empresas terminaron accediendo al congelamiento,
pero sólo hasta las elecciones y no como pretende Feletti por 90 días.
Obviamente acceden para evitar sumar más problemas, actitud que me parece muy acertada
de las empresas, las bajas van desde un 3% a un 7% porque se retrotraen los
precios al 1º de octubre.
Estas medidas ya fueron aplicadas, ustedes recordarán los
controles de Moreno, pero claro, en aquel momento la inflación era de 25% con
picos de 40%, ahora la inflación del 50% con picos que nadie en su sano juicio
puede arriesgar un porcentaje. Como si esto fuera poco el Banco Central cuando
Moreno era funcionario contaba con por lo menos 25.000 millones de dólares de
reservas y la brecha con el blue era del 50%, hoy esas condiciones no existen,
reservas cero y brecha del 90%. Claramente las condiciones no son ni
parecidas, me ahorro las explicaciones de cómo Moreno contralaba los precios y
ni hablar de cómo medían la inflación.
Ahora intentar resolver un problema macroeconómico como
es la inflación con medidas de microeconomía, es ir por el rumbo
totalmente equivocado y, además, lo que es mucho peor aún, es negar la
naturaleza monetaria de la inflación. Controlar los precios es atacar las
consecuencias y no las causas, es como cuando un enfermo tiene fiebre y lo
que hacemos es romper el termómetro. El problema no radica en el actuar de los
empresarios, sino en la legislación que fomenta el desabastecimiento.
Lo correcto sería plantear un plan integral que incluya
lo monetario, fiscal y cambiario, pero dada la descoordinación que hay en el
área económica me parece algo inalcanzable. Internamente hay muchas diferencias en la coalición de
gobierno y son manifiestas. El ministro dice que trabaja para un acuerdo con el
Fondo Monetario y por otro lado una parte de la coalición gobernante canta que
no va a pagar la deuda. No hace falta ser un especialista para afirmar que
entre ellos ni se hablan, lo que lo tiñe de muy peligroso.
¿En qué consiste el acuerdo con el Fondo Monetario
Internacional?
El organismo siempre exige tres condiciones básicas,
reducir DÉFICIT FISCAL, menor EMISIÓN e incrementar el nivel de RESERVAS.
El acuerdo con el Fondo no está nada fácil, los últimos acuerdos que celebró el
organismo con otros países como ser Angola, Nigeria y Egipto, primero estos
países devaluaron sus monedas y después firmaron el acuerdo. En Argentina según
el ministro Guzmán no va a haber un salto devaluatorio y al mismo tiempo lanza
teorías conspirativas propias de una campaña electoral.
Dice no devaluar porque actúa como ancla de precios, de
nuevo, “niega la naturaleza monetaria de la inflación”. Al mismo
tiempo si no desancla este esquema no puede cumplir con lo que le pide el Fondo,
que es incrementar el nivel de RESERVAS, y ¿por qué no puede
cumplir? Porque las utiliza para controlar la brecha y día a día se está
quedando sin reservas, lo cual tiene una gravedad inmensa.
Por otro lado, el Fondo le pide un plan económico,
cuestión que como ya sabemos no hay acuerdo interno para trazarlo.
Inflación ¿Qué es lo que se nos viene?
Argentina se encamina hacia una inflación piso durante el
2022 de por lo menos un 60/65%. El Fondo pide un sendero de reducción de SUBSIDIOS
(transporte y energía), eso tiene impacto en el precio de los servicios y
esto en el índice de inflación. En algún momento Argentina se tiene que
desanclar para ajustar las tarifas, sin tocar subsidios se proyecta una
inflación del 60/65%, si inicia un camino de reducción de subsidios se puede
espiralizar todo y ahí sí que no sabemos donde paramos.
Sigo con los pedidos del organismo, DÉFICIT FISCAL,
Guzmán en el presupuesto 2022 consideró 3,3% de Déficit, el Fondo no está de
acuerdo. Este año el ministro recibió un reto, porque redujo el déficit del
4,5% que tenía previsto el presupuesto 2021 y va a terminar el año en el 3,5%,
la vicepresidenta y su entorno más cercano pusieron el grito en el cielo y lo
hacen responsable del resultado de las Primarias del oficialismo.
Ahora tampoco explica el ministro cómo va a hacer sin los
precios de la soja, sin el impuesto a los altos patrimonios, sin
financiamiento, lograr la meta del presupuesto del 3,3% de déficit y cumplir
con el Fondo respecto de la condición de la reducción de la EMISIÓN. Además
de estos requerimientos de Tesorería, también hay que tener en cuenta los
intereses de las Leliq y Pases, con lo cual la meta de Emisión que se comprometa
el Gobierno en el presupuesto y con el Fondo, es totalmente incumplible. ¿Qué
significa esto? Que para el 2022 y 2023 la inflación tiene un piso, sí digo
bien, un piso de 60/65%.
El ministro tuvo un problema interno porque redujo el
déficit del 2021, y en realidad lo que hizo fue LICUAR sueldos públicos,
jubilaciones y planes sociales. Licuación significa que los aumentos están por
debajo de la inflación. Esto viene repitiéndose por cuarto año consecutivo,
les quiero comunicar que el 2022 va a ser el quinto, es una tendencia que
va a ser cada vez más marcada que los sueldo nunca le van a ganar a la
inflación. La reducción de un 1% en déficit se explica por el aumento de los
ingresos, no porque haya reducido gastos en términos reales.
¿Cómo viene el escenario internacional?
Para la Argentina se pone cada vez más complejo, Brasil
devaluando su moneda desde junio a la fecha en un 15% y es sabido que cuando
Brasil devalúa a nosotros nos termina pegando mal. Distinto era como se venían
comportando los países emergentes, salvo Argentina, todos venían en un sendero
de apreciar sus monedas, ahora están devaluando. El contexto internacional es
muy incierto, Argentina se sigue desanclando de los precios internacionales, el
petróleo viene aumentando y esto tiene el mismo efecto que las tarifas de los
servicios, hay que desanclar para que tome un valor de mercado, no es posible
tener todo pisado todo el tiempo.
La Reserva Federal
estadounidense anunció que pronto moderaría el ritmo de inyección monetaria
mensual, acomodando su política a sus objetivos de inflación de largo plazo. Este
giro de la política monetaria revertiría, al menos parcialmente, las subas de
precios generadas, desinflando las cotizaciones de los activos y bienes que
había impulsado. Frente a estas previsiones, los precios de los commodities
ya comenzaron su sendero descendente: el poroto de soja cayó 14% entre mayo y
septiembre, el aceite de soja se redujo 11% en el mismo período y los pellets,
cuyo máximo valor había sido alcanzado en enero, ya se ubican 17% por debajo.
Peor aún, vemos que los participantes de este mercado esperan que los precios
del poroto, aceite y pellets de soja todavía caigan entre un 5% y un 15%
adicional en el próximo año.
Considerando que el complejo
sojero exportó en los primeros nueve meses del año 18.500 millones de dólares,
estas bajas representarían una pérdida muy sensible para el comercio exterior.
Este complejo representa una fracción muy relevante de las exportaciones, un 32%.
Respecto a las importaciones, se proyecta un módico crecimiento de la actividad económica y el
consumo privado doméstico moderen su suba, además podría verse administrada con
mayores controles. En este sentido, no habría perturbaciones con la
evolución de las reservas.
Sin embargo, una cuenta que sí insumirá un mayor monto de
divisas en lo que viene será el comercio de servicios. El principal
componente de esta partida es el turismo internacional.
En los próximos meses la economía doméstica difícilmente
reciba grandes influjos de capitales. Las restricciones al giro de divisas desalientan la inversión productiva,
a la vez que las regulaciones sobre los mercados financieros y el riesgo país
alejan las colocaciones financieras.
En este plano, la “normalización” del precio de los
commodities agrícolas y los flujos turísticos podrían traer malas noticias,
amenazando la generación de divisas.
En tanto no se resuelvan los desequilibrios que hoy
desalientan el ingreso de capitales, la única alternativa para hacerlo es
incrementar los volúmenes exportados, una tarea todavía pendiente.
¿Podemos ir hacia una crisis como el Rodrigazo o la Hiper
del 89?
El contexto económico anterior a esas crisis es muy
similar, congelamiento de precios, desdoblamiento y atraso cambiario, emisión
para financiar al tesoro, tarifas pisadas, deuda y precio de los commodities a
la baja. Teniendo en cuenta todo eso, podemos decir que estamos iguales, yo
diría que no, falta tener en cuenta los niveles de pobreza, en ese punto nos
diferenciamos de las anteriores crisis, hoy la pobreza es 10 veces más grande,
si la medimos bien (considerando servicios y planes sociales) estamos en orden
del 55% de pobreza, una situación muy pero muy compleja.
¿Por qué en el 89 tuvimos hiper?
La diferencia es que en la época previa al Rodrigazo,
como veníamos de períodos de inflación moderada, la gente no se había
acostumbrado todavía a demandar dólares como protección contra la inflación. La
compra de dólares comenzó justamente con el Rodrigazo y se acentuó con la alta
inflación que precedió al plan austral. Luego, hacia 1988 la economía era de
hecho BIMONETARIA, la gente sabía que el dólar los protegía contra la inflación
y cuando la situación se complicó, todo el mundo trató de convertir sus
australes en dólares. Este fenómeno
se llama “caída de la demanda de dinero” y eso provoca una hiperinflación.
Diferencias con el del 2001/2002:
Si analizamos las condiciones previas a la crisis teníamos capacidad
excedente de energía, las empresas públicas todas privatizadas, la matriz
productiva agropecuaria con tecnología a nivel mundial, un sistema financiero
que canalizaba ahorros, un horizonte casi resuelto en el tema previsional. Si
repasamos cada una de estas cuestiones podemos advertir que el momento actual es
mucho más grave que el 2001/2002.
Estamos con desequilibrios fiscales, monetarios y
cambiarios propio de las principales crisis que tuvo Argentina, la situación
actual comparativamente es mucho peor, en el momento que ocurra una caída
de la demanda de dinero, tenemos el camino directo a una hiperinflación con
consecuencias mucho más graves de las que hemos vivido.
Por lo pronto quien pueda ahorrar en dólares que lo haga,
si es una PyMe tratar de tomar todo el crédito en pesos que sea posible y
comprar todos los insumos que pueda. Por una cuestión de cobertura, pero también
porque el año que viene no va a haber insumos, van a escasear. Esas serían las
recomendaciones tanto para antes o como después de las elecciones.
Muchas gracias y hasta la próxima.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario