En esta
oportunidad me voy a referir a un término económico que es esencial para el
buen funcionamiento de todo el sistema que permite el progreso humano y ese
concepto es el de “precio”. Es muy importante que la ciudadanía tenga un
alfabetismo económico, lo podríamos llamar así para evitar caer en engaños de
políticos demagogos o intelectuales activistas que promueven ideas y soluciones
que son muchas veces contraproducentes, generan mucho daño y terminan
apoyándose porque suenan bien, son emocionalmente atractivas, pero en última
instancia producen resultados que son desastrosos.
¿Qué es
un precio?:
Mucha
gente piensa que un precio es simplemente la cantidad de dinero que se le
ocurre al vendedor de un producto o en el caso de los salarios que también son
precios, lo que el empleador paga a su empleado. Pero los precios son algo
mucho más complejo o sofisticado y también más relevante que un mero acto de
voluntad de algún vendedor que negocia con algún comprador o de algún empleador
con su empleado.
Dejemos
por ahora el análisis circunscripto a lo que son los precios en el mercado de
bienes y servicios más tradicional. Un precio es, y esto es lo que hay que
tener presente, un mecanismo de transmisión de información. El sistema de
precios podemos compararlo con una red de neuronas que es extremadamente
compleja y es parte sustancial de nuestro cerebro y va conectándose,
interactuando en esta red que es muy compleja permitiendo que funcionemos, que
tengamos un sistema operativo como seres humanos, desde nuestras actividades
físicas hasta nuestras actividades mentales. Necesitamos de esta red que transmite
información de un lado a otro y que se adapta permanentemente a las
circunstancias ambientales en la que se desarrolla. Con los precios pasa
exactamente lo mismo. El sistema de precios es esta red que transmite
información complejísima que no entendemos bien, pero sí sabemos que esas
señales nos indican y nos guían cómo tenemos que comportarnos. Del mismo modo
no entendemos muy bien cómo funciona nuestro cerebro y todas nuestras neuronas,
pero sabemos que su rol es esencial, insisto para que podamos existir y
desarrollar nuestras actividades de manera normal.
Tenemos
que entender a los precios como un fenómeno espontáneo porque hay una
interacción entre demanda y oferta que emerge de manera dinámica producto de
los intercambios voluntarios que hacemos los seres humanos. El precio no es
el dinero, los precios se expresan en una cantidad de dinero en una economía
monetizada, pero los precios son las relaciones de valor que tienen las
cosas respecto de otras.
En una economía de trueque donde no hay dinero también hay precios, intercambiamos un kilo de tomate por medio kilo de pescado, por ejemplo. Eso quiere decir que el precio del tomate en relación al de pescado es de un kilo de tomate por medio kilo de pescado, es decir vale el doble el pescado de lo que vale el tomate en términos muy simples que estamos analizando. Eso es el precio, es una relación de cambio de unos bienes y servicios producidos por otros bienes y servicios. El dinero por supuesto resuelve una serie de problemas que plantea el trueque. De partida, cuando uno hace trueque tiene que encontrar justo una persona interesada en lo que uno ofrece, eso con el dinero desaparece. Podemos intercambiar de manera indirecta, si vendo algo recibo el dinero y después compro lo que necesito y no necesariamente tengo que encontrar justo a la persona que quiere lo que estoy ofreciendo para hacer el intercambio. También resuelve la divisibilidad de los bienes, si vendo ropa que es más valiosa que un kilo de tomates, no puedo dividir y tomar una parte de la ropa para comprar un kilo de tomates.
La economía del trueque es incompatible con
la vida moderna, los precios expresados en dinero resuelven todo esto, el
dinero es una tecnología que permite resolver esto y nos permite expresar los
precios que surgen del intercambio. Los precios en una economía resuelven estas
relaciones de cambio e intercambio indirecto entre todo lo que se produce en
una economía básicamente en bienes y servicios. Por eso cuando trabajamos
recibimos una cierta cantidad de dinero y podemos comprar lo que queramos con esa cantidad de dinero, porque
nos sirve para intercambiar indirectamente por cualquier otra cosa.
Si los
precios son información que nos señala cuánto se necesita de cada cosa, en qué
lugar y en qué momento, nos indica qué
es rentable de producir porque la sociedad lo demanda y qué no es rentable de
producir. Si fijamos los precios (precios máximos o precios cuidados) lo que
producimos como resultado es una escasez generalizada de productos,
esto se ha intentado miles de veces en la historia humana y siempre ha tenido
el mismo efecto final que es la ESCASEZ.
La
fijación de precios altera, impide, destruye la señal que indica al productor
que tiene que producir mucho más o en algunos casos menos de una cierta cosa. Si
fijamos el precio de la leche por debajo de lo que sería el precio de mercado,
es decir del precio libre de acuerdo a lo que oferentes y demandantes estiman, lo que hacemos es crearle menos utilidades a los productores
de leche y por lo tanto finalmente esos productores de leche van a optar por no
producir leche o producir mucho menos, con lo cual la leche va a ser más escasa
y la gente no va a tener acceso en la misma cantidad, va a haber personas que simplemente no van a
poder tener leche salvo comprando en el mercado marginal o negro que es donde
va a haber leche disponible a precios de mercado y más altos que los de mercado,
porque siempre el mercado negro que en realidad es el mercado informal que no
está vigilado ni reprimido por el Estado, se tiene que pagar un costo adicional
por los problemas de seguridad y de riesgo que implica trabajar al margen de la
ley.
Si
aceptamos que los precios, insisto en este punto, son señales que nos indican
cuánto producir de cada cosa y en qué momento y, que
cuando suben los precios se crean los incentivos para que precisamente más
personas se dediquen a producir eso que falta. Si fijamos los precios estamos
alterando toda esa estructura de señales y estamos destruyendo básicamente la
guía para lograr un mayor bienestar social.
Si es que
suben mucho los precios de la leche volvamos a ese ejemplo, más personas van a querer
producir leche porque es un mejor negocio, va a haber otros interesados en
importar leche, agricultores que se dedican a otra cosa que ahora sí van a
querer producir leche porque es un mejor negocio. Cuando aumenta la oferta
entonces el precio naturalmente va a tender a caer y más gente va a tener la
posibilidad de acceder al consumo de leche. Ahora, si nosotros impedimos que
suba el precio de la leche porque los acusamos de especuladores y mantenemos el
precio bajo, la producción de leche no va a subir nunca y la escasez de
leche va a ser generalizada y por lo tanto vamos a destruir bienestar social
que se podría haber resuelto habiendo permitido que los precios operaran
libremente.
Dicho de otro modo, la intención al establecer precios
máximos era la de proteger al consumidor y el resultado es un faltante en el
presente, reducción de la producción futura, todo lo cual perjudica al
consumidor (muy especialmente al de menor poder adquisitivo).
Ahora
bien, los precios no se incrementan a puro rigor de expectativa o especulación,
se elevan debido a la expansión monetaria o debido a una caída en la
productividad. Si un comerciante tiene la expectativa o especula que sus
costos de reposición se elevarán debido a la inflación, por ende, aumenta los
precios, se producirá uno de dos resultados: o el comerciante tenía
razón y la moneda convalida esa suba o se equivoca, en cuyo caso, debe reducir
sus precios si pretende mantener sus ventas, de lo contario verá que se
contraen.
Esta es
una lección de economía fundamental. En tiempos que corren hay muchas
iniciativas en países como Argentina de fijaciones de precios de medicamentos,
de insumos básicos o de primera necesidad, de costos de energía y muchas otras
cosas que tienen efectos muy negativos, devastadores sobre el bienestar social,
aunque suenen bien, a justicia social, emocionalmente agradables.
La
realidad económica no se deja doblegar por la voluntad política ni por el
voluntarismo ideológico, si no se respeta y no se la entiende tenemos que pagar
un costo extraordinariamente elevado. Sin ninguna duda los países que más han
intervenido su economía y sus precios, siendo Venezuela por supuesto un ejemplo
absolutamente claro en ese sentido pero también otros países en América Latina,
como nuestra querida Argentina y muchos otros pueden dar claros ejemplos de lo
que no hay que hacer si queremos lograr beneficiar a los más desposeídos sobre
todo un progreso social sostenible en el tiempo.
Es de
interés aprender de la historia y no tropezar con la misma piedra, dados los
repetidos antecedentes en materia de control de precios y absurdos acuerdos de
precios y salarios, como si un grupo de burócratas reunidos en un cuarto,
concentrando ignorancia, pudieran sustituir los millones de arreglos
contractuales en un contexto de conocimiento disperso y fraccionado.
Para
terminar estimados lectores, el control de precios y salarios no detiene la
inflación, sencillamente lo que hace es desplazar la presión a otra parte,
ello puede dañar fatalmente al sistema económico, político y social. Exigir la
intervención estatal puede destruir el sistema de libre empresa y junto con él
la libertad política.
Muchas
gracias y hasta la próxima.
Mario! nuevamente agradecer la claridad con la que expresa estas ideas para quienes somos neofitos en estas cuestiones. Saludos!
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